CFK: luche y vuelve

OPINIÓN 27 de agosto de 2022 Por Mónica Gutiérrez*
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Los devotos militantes K pueden dormir tranquilos. No hay chance alguna de que CFK sea proscripta. Hay Cristina para rato. Podrán votarla en las próximas elecciones. A Presidente, a Senadora, a Gobernadora, a lo que ella decida presentarse. No dan los tiempos judiciales para proscripción alguna.

También puede ocurrir que Alberto Fernández la indulte y allí tendremos Cristina Eterna, para la posteridad, la estampita y la liturgia peronista. Una suerte de Evita del nuevo milenio.

La reacción de CFK, tras conocer el pedido de la Fiscalía de una pena de 12 años e inhabilitación perpetua para el ejercicio de cargos públicos, inauguró un nuevo tiempo. Ahora vamos en camino a una nueva canonización: Santa Cristina.

Una hacedora de 12 años de bendiciones y milagros perseguida por los feroces verdugos del pelotón de fusilamiento mediático-judicial.

Cristina lo hizo. Tras su incendiaria diatriba del pasado martes logró reunificar el peronismo en todas y sus más diversas expresiones. Intendentes, gobernadores, sindicalistas y embajadores animados por un comprensible instinto de supervivencia.

Cristina fue rápidamente rodeada, arropada, protegida por el “amor” de los suyos. Un argumento emocional que endulza declaraciones, comunicados y posteos para la “popu” pero que no suele sostenerse en la entretela de los off de record.

No son pocos los dirigentes que por lo bajo reconocen haber sido arrastrados por el vertiginoso curso de los acontecimientos a un apoyo que solo tiene como objetivo para los firmantes el saludable ejercicio de la autopreservación. La quieren tener contenida, sosegada. No quieren de la vereda de enfrente.

Puede que la misma inquietud haya animado al Presidente a visitar los estudios de TN.

Una movida con la que, lejos de congraciarse con la lideresa en tránsito a la santidad, sólo logró seguir embarrando la cancha.

Más por torpeza moral y precariedad discursiva que por alguna otra intención, terminó plantando la siniestra figura de un final para Luciani similar al de Nisman. Una pieza mediática más digna de un capo mafia que de un presidente constitucional.

En la malhadada noche del miércoles, Alberto Fernández, quien no puede reprimir su incontinencia verbal, volvió a hablarse encima. Lo hizo en el peor de los momentos. Esta vez su irrefrenable capacidad de decir cosas inconvenientes lo hará entrar a la historia como un energúmeno. Una pena.

Alberto Fernández no solo puso bajo amenaza a los fiscales, a la Justicia, y a todo un país, sino que irritó a su jefa política.

En orden a liberarla de sus responsabilidades frente a la Justicia dijo que muchas de las conductas que se le atribuyen a CFK y a su extinto esposo, pueden considerarse deslices éticos, en ningún caso delitos tipificados por el Código Penal.

No es la primera vez que Alberto recurre a este atajo para justificar que Néstor y Cristina Kirchner hayan hecho negocios a reiteración con contratistas del Estado y alquilados sus hoteles y propiedades a quienes beneficiaba con suculentos contratos de obra pública. Una modalidad que les permitió enriquecerse exponencialmente mientras ocupaban la Presidencia de la Nación.

Alberto Fernández ya debería saber que CFK no solo no quiere terminar condenada sino que lo que pretende en no ser ni siquiera investigada. Muchísimo menos que se ponga bajo sospecha su conducta ética. No cree que ninguno de sus actos ni decisiones públicas como privadas puedan ser puestas en consideración.

El jueves por la mañana el Presidente redobló la apuesta en una entrevista radial en la que se jactó de “haber puesto en crisis el relato que sostiene que lo de Nisman fue un homicidio”. Insiste en violar el artículo 109 de la Constitución Nacional que dice que “en ningún caso el presidente de la Nación puede ejercer funciones judiciales, arrogarse el conocimiento de causas pendientes o restablecer la fenecidas”.

Ya sobre el fin de semana el jefe de Estado sale a contestarle al Procurador General Interino Eduardo Casal a quien le reprocha no haber puesto el mismo celo que pone en la defensa del Fiscal Luciani en el impulso de investigaciones acerca de las visitas del miembros del Poder Judicial al ex presidente Mauricio Macri en la Quinta de Olivos y la Casa Rosada. La guerra continúa.

La apabullante presentación de pruebas que hizo la Fiscalía, la detallada descripción de hechos y decisiones que permiten sostener al Ministerio Público Fiscal que existió una “estructura estatal defraudatoria… la matriz de corrupción más extraordinaria que existió” no pudo hasta ahora ser refutada. Ni dentro ni fuera de la audiencia pública y oral en la que se tramita la causa Vialidad.

La exposición de la Vicepresidente, que trató de emular una ampliación de indagatoria a cielo abierto, lejos de aportar elementos exculpatorios, solo sumó desdorosas auto incriminaciones.

CFK no respondió a ninguna de las acusaciones en su contra. En orden arrastrar en el barro a empresarios allegados a la gestión macrista ( el caso de Nicolás “Nicky” Caputo y Eduardo Gutiérrez) terminó admitiendo que su gestión estuvo atravesada por la corrupción sin que ella lo advirtiera. A confesión de parte, relevo de prueba.

Dedicó buena parte de los 90 minutos que duró su descargo a despanzurrar los chat de José López, el inefable revoleador de bolsos en el convento de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, mientras mantenía contactos concupiscentes, de dudosa transparencia con empresarios.

Quiso esconder un elefante detrás de una manada y terminó admitiendo que le pasó un paquidermo entre las piernas sin siquiera registrarlo.

En su atropellada arremetida contra la Justicia, CFK reconoció esta semana haber estado al frente de un gobierno corrupto.

José López, a quién la dos veces Presidente de los argentinos tiró bajo el camión, ocupó la Secretaría de Obras Pública de la Nación entre 2003 y 2015. Durante los tres mandatos K tuvo a su cargo las licitaciones a lo largo y ancho del país.

En busca del algún tipo de indemnidad, tal vez sea más piadoso para consigo misma presentarse como una viuda dolida, heredera de una matriz de corrupción tan aceitada como imposible de desarmar, que exponerse como una Jefa de Estado incapaz de detectar el agujero negro por el que se escurrían los fajos termosellados y otros tantos valores cash.

En la derrapada, Cristina empezó a explorar cómo le puede sentar este “physique du role”. La referencia al “acuerdo” que Néstor Kirchner hizo con Héctor Magnetto por la fusión de Cablevisión y Multicanal en 2007, va en ese sentido. Nadie se atreve a vaticinar qué tan lejos llegará si se siente acorralada. La referencia a Néstor encendió luces de alarma.

Tal como viene el curso de los acontecimientos, es más probable que la Justicia sea benévola o la absuelva. La historia seguramente la juzgará sin contemplaciones.

El “Corrupción o Justicia” con el que el Fiscal Luciani cerró su presentación sonó a “Nunca más”. Como en el “Juicio a las Juntas”, y salvando la distancia por los delitos cometidos, en la causa vialidad quedó descripto un método, un plan, una matriz “sistémica y endémica”, en este caso, pensada para sustraer y desviar dineros públicos.

También como en el juicio en el que se condenó a los altos jefes militares, un equipo de jóvenes empleados judiciales, en su mayoría sub-30, acompañados por especialistas trabajó para acopiar y cotejar la información sobre las que se sustentan las pruebas presentadas por los fiscales Mola y Luciani. La presentación fue el producto de un riguroso trabajo desplegado durante los últimos tres años.

Como en el Juicio en el que condenó a los militares de la dictadura puede que en este caso sobrevenga un indulto, pero nada ni nadie podrá decir que se desconoce la verdad.

La condena social ya no es producto de una mera percepción, de una alucinación, o de una narrativa. La sanción moral está respaldada por un plexo probatorio riguroso que permanece irrefutable en tanto y en cuando nadie demuestre lo contrario.

Es curioso, que pese a todo esto, haya pura ganancia política para CFK. Con su discurso caótico y deshilvanado como nunca, copó la agenda y logró recuperar centralidad política, alineó al peronismo y emergió reencarnando una épica, una mística que la tiene como quien parte y reparte el poder.

No parece quitar el sueño a ningún peronista la escalada de violencia simbólica que trajo el revival. Tampoco la aceleración de las aristas más filosas de la grieta que corta en tajos a la sociedad.

A la inflación, la inseguridad, los cepos y la incertidumbre económica hay que sumar ahora el peso feroz del enfrentamiento político. Al traer otra vez a escena a Mauricio Macri como el eje del mal, Cristina revive la forma más extrema de la polarización.

El vibrante cotillón político que sumó la arremetida cristinista ofreció al Ejecutivo un beneficio adicional. Le dio aire al Ministro de Economía en ejercicio de la Presidencia y a su flamante viceministro, para aplicar los inevitables ajustes que demanda la macro para evitar, al menos, una espiralización de las variables económicas.

La inflación de agosto ya se calcula por encima del 6% y con serias dificultades para aumentar las reservas del Banco Central, Sergio Massa tiene como principal objetivo en lo inmediato evitar una devaluación con su consecuente secuela de penurias sociales.

Massa resiste la implementación de un shock devaluatorio. Pero las medidas que está tomando son tóxicas para el sensible aparato digestivo de los K. Máximo Kirchner y Axel Kicillof expresan la resistencia solo hacia adentro. La gestión del Ministro tranquiliza a CFK.

De cara al precipicio optó por el pragmatismo. Ella también está degustando caramelos ácidos.

El desapacible entretenimiento con el que la irrupción de CFK ocupa las pantallas televisivas y las redes sociales, distrae de las penosas decisiones que se están tomando en la economía. Un alivio de corto vuelo. Nada ni nadie puede aplacar la conmoción que genera el aumento descontrolado de los precios.

Los que piensan que estos días marcan el comienzo del fin de la era K no deberían irse a dormir con ese convencimiento. Mientras el peronismo no logre presentar un proyecto de país en el que entremos todos, un futuro con todos adentro, mientras no logren identificar un nuevo liderazgo y contraponer un relato menos tóxico al que corre en estos días, la leyenda K seguirá vigorosamente en pie.

Nadie sabe que pasará mañana. Nadie se anima a predecir cómo será el más inmediato de los futuros.

 

 

* Para www.infobae.com

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