El kirchnerismo afirma su poder interno y cree que domina la agenda pública

POLÍTICA 10 de septiembre de 2022 Por Eduardo AULICINO
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El kirchnerismo y buena parte de los otros espacios oficialistas se muestran hoy en Luján. Pasó poco más de una semana desde el ataque a Cristina Fernández de Kirchner. Y sólo la cerrazón y el manejo político frente a la conmoción inicial pudieron perfilar una postal sin participación opositora destacada, sin vuelo institucional con presencia de los tres poderes del Estado. Hay en algunos rechazos a la invitación un razonable componente de principios laicos, aunque está claro que la reacción extendida en las franjas opositoras resume la hora de renovado quiebre.

Esa es la consecuencia política. No es un elemento aislado, porque de algún modo alimenta y se nutre del efecto social, con sombras que afectan la credibilidad. En el oficialismo -y de algún modo, en algunos escritorios de la oposición- son señalados como datos incontrastables la afirmación de CFK en el centro del poder y la recuperación de la iniciativa. Es llamativa la persistente confusión entre agenda política y temario público. No siempre coinciden.

Todos las encuestas -incluso algunas que se están terminando de procesar- repiten un ranking de preocupaciones sociales encabezado por cuestiones económicas -la inflación, en lugar destacado- y seguido por rubros como la inseguridad y la corrupción. Los trabajos cualitativos también exponen en diverso grado un malestar sostenido frente a la política, como un todo. Es un dato inquietante y, como sea, expresión de la distancia entre los temas de angustia social y la llamada agenda política.

Un ejemplo: en las últimas horas, mientras siguen los mensajes cruzados sobre la posibilidad de una convocatoria a un acuerdo político, sin precisiones, los pronósticos de inflación suman cifras alarmantes. El último relevamiento realizado por el Banco Central coloca la estimación para este año muy por encima del 90% y lleva la proyección para el 2023 más allá del 80%. El miércoles próximo, el INDEC difundirá el IPC de agosto. Según consultores privados, oscilaría en el 6,5%.

Hay, por supuesto, elementos políticos claros sobre la afirmación de CFK como eje central del oficialismo. En espejo, Alberto Fernández queda relegado, en un tablero que exhibe también el juego de Sergio Massa. La línea de tiempo registra como momento decisivo la renuncia de Martín Guzmán, aunque resultaron cruciales dos hechos posteriores: el previsible pedido de condena en la causa Vialidad y el dramático episodio del ataque a la ex presidente.

El final del alegato de los fiscales en el caso por el manejo de la obra pública -con Lázaro Báez como imagen potente- fue seguido por una decidida movilización del kirchnerismo, que marcó sí la agenda política. Actos, afiches, pintadas, y un interrogante que el oficialismo buscaba resolver sobre la marcha: como sostener la ofensiva en los tiempos judiciales, que anotan el alegato de CFK para octubre y el pronunciamiento del Tribunal Oral Federal hacia finales de noviembre o en diciembre.

La respuesta al ataque contra CFK profundizó el mensaje apuntado contra opositores, jueces y medios. Lo marcó de inmediato Alberto Fernández con texto leído en cadena, luego de una primera conversación con la ex presidente. Fuera de cualquier otra consideración, el kirchnerismo hace en estos días una consideración política de base: según deja trascender, siente que recuperó la “épica” y que coronó definitivamente a su líder por encima de todos en el oficialismo. La idea de la candidatura 2023 es, en todo caso, el elemento más impreciso de esa evaluación.

Como consecuencia mecánica, es afirmado el supuesto de la recuperación de la iniciativa política. Asoma, por lo dicho, al menos parcial. Y va de la mano con señales llamativas sobre movimientos más amplios. Por ejemplo, el renovado impulso a Eduardo “Wado” de Pedro como posible pieza para la disputa electoral del año que viene. Desde hace rato, esa construcción incluye contactos y reuniones más allá de los límites de la política. Y está orientada a expresar un perfil “moderado” y propio.

En otras palabras, y por ahora como ensayo, el kirchnerismo desearía contar con un exponente propio sin tener que recurrir, necesariamente, a un socio para ofrecer una propuesta precisamente “moderada”, como la que trabajó CFK al tejer la creación del Frente de Todos.

El ministro del Interior, un duro en varios capítulos de esta gestión -fue decisivo al precipitar la primera gran crisis de gabinete- debió desandar rápidamente el camino de dureza inicial, luego del ataque a la ex presidente, para colocarse en el centro de las idas y vueltas por una convocatoria al diálogo político. Había cargado asperamente sobre la oposición. Después comenzó a tantear la interna de Juntos por el Cambio y difundió la posibilidad de un llamamiento oficial.

Por supuesto, las tensiones en JxC afloraron frente a la movida del funcionario, expresión también de las internas propias. El ministro habría generado cierta sorpresa en Olivos. En la oposición, el contacto con el jujeño Gerardo Morales encendió las prevenciones. El mínimo punto de acuerdo fue entonces que, si se formalizara el llamado, habría que tratar de consensuar posiciones en la mesa nacional de la coalición.

Las diferencias son varias. Y más de una vez la unificación de criterios es empujada por las propias maniobras del oficialismo. El nivel de confrontación expuesto después del ataque en Recoleta generó desde prevenciones hasta rechazo profundo, según cada espacio -es decir, el PRO, la UCR y la CC, en primer lugar- y aún dentro de ellos.

La elección de interlocutores desde la planta baja de la Casa Rosada no parece ser el mejor camino para facilitar las posiciones del ala de JxC considerada “blanda” o “paloma”. En este caso, además, todo ocurre en paralelo con un discurso frontal y acusatorio desde el oficialismo. El resultado quedó a la vista en el Senado, al tratar un nuevo repudio al ataque: JxC no participó de la sesión, que tuvo quórum muy ajustado.

Ese es el clima en que el Frente de Todos motorizó la “Misa por la paz y la fraternidad”. El kirchnerismo de la Ciudad y de la provincia de Buenos Aires moverán sus estructuras. Asistirán Alberto Fernández, Axel Kicillof, dirigentes de La Cámpora, representantes de los movimientos sociales alineados con el Gobierno, intendentes, algunos jefes sindicales.

Parece en línea con la movilización de hace una semana en Plaza de Mayo. La mala jugada con la oposición en general, no sólo con JxC, vuelve a ser un dato. Por supuesto, alguna presencia en Luján agregaría tensiones en la otra vereda. Y, en todo caso, sumaría un renglón a la agenda política, no necesariamente al temario social.

Fuente: Infobae

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