El Partido Socialdemócrata gana las elecciones en Suecia pero se fortalece la derecha

INTERNACIONALES 12 de septiembre de 2022 Por Carlos TORRALBA
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La jornada electoral en Suecia mantiene al país en vilo un día después de la votación. El Partido Socialdemócrata ha ganado holgadamente los comicios parlamentarios con más del 30% de los votos. La formación de Magdalena Andersson, la primera ministra, logrará casi un tercio de los 349 escaños en juego, aunque el bloque que forma junto a izquierdistas, ecologistas y centristas no alcanza la mayoría en el Riksdag (Parlamento), con el 95% del voto escrutado. La extrema derecha queda en segunda posición con algo más del 20% de los votos, y la suma de sus escaños con los de conservadores, liberales y cristianodemócratas llega de momento a 175 diputados, solo uno más que los 174 del bloque de Andersson. Los resultados definitivos no se anunciarán antes del miércoles.

En varias zonas de distintas ciudades del país, las colas para ejercer el voto fueron de más de dos horas, por lo que algunos votantes acudieron a un colegio electoral distinto al que tenían asignado. Esos votos, junto a los depositados en el extranjero, no se escrutarán hasta el miércoles. Una parte del voto anticipado tampoco se ha contabilizado todavía. El ajustadísimo resultado deja en el aire el futuro del país escandinavo. En los comicios de hace cuatro años, hubo una alteración de tres escaños entre los resultados anunciados al fin de la jornada electoral y los definitivos. Dos sondeos a pie de urna otorgaban al bloque de izquierda una ligera mayoría, de entre uno y tres diputados.

Demócratas de Suecia (DS), una formación con raíces neonazis que entró por primera vez en el Parlamento en 2010, ha sido la segunda opción más votada y suma la quinta parte de los sufragios. El partido de extrema derecha, que lleva años basando su discurso en el rechazo frontal a la inmigración, y en vincular a la población de origen extranjero con la criminalidad, supera los votos cosechados hace cuatro años (17,5%). La formación liderada desde 2005 por Jimmie Akesson, de 43 años, ha mejorado sus resultados en cada elección parlamentaria desde que se presentó por primera vez en 1988.

A diferencia de todas las elecciones anteriores, el Partido Moderado (conservadores), los cristianodemócratas y los liberales concurrían a los comicios en disposición de llegar al poder con el apoyo directo o indirecto de la ultraderecha. Los moderados, que durante muchos meses fueron la primera fuerza de derecha en los sondeos, han quedado por detrás de DS, con en torno al 19% de los sufragios. El sorpasso de la extrema derecha a los moderados, deja a Ulf Kristersson, el líder conservador, como el claro perdedor de la noche electoral. Los conservadores habían quedado segundos, siempre tras los socialdemócratas, en todas las elecciones parlamentarias desde 1976.

Los líderes de las principales formaciones políticas comparecieron pasada la medianoche. “No habrá un resultado claro esta noche”, declaró Andersson en un centro de conferencias de Estocolmo. “Si hay un cambio en el poder, nosotros tendremos un papel central en el futuro Gobierno”, avisó el líder de la extrema derecha. Por su parte, Kristersson pidió “paciencia” hasta que lleguen los resultados definitivos y no descartó la posibilidad de llegar a acuerdos con los socialdemócratas. “Tenemos opiniones distintas en muchos asuntos, pero también sabemos encontrar puntos en común cuando es necesario”, manifestó. Aun así, el líder conservador señaló que aspira a formar un Gobierno que incluya a cristianodemócratas y liberales, con el apoyo parlamentario de la ultraderecha.

La victoria del bloque de la derecha con los radicales en cabeza dibujaría un panorama político difícil de descifrar. Las tres formaciones dispuestas a pactar con los extremistas llevaban meses convenciendo a su electorado de que el apoyo directo o indirecto de DS era necesario para expulsar del Gobierno a los socialdemócratas. Ofrecer a la extrema derecha alguna cartera ministerial también parecía una opción factible. Sin embargo, lo habitual en Suecia es convertir en primer ministro al líder de la formación más votada en el bloque ganador, y la posibilidad de que el ultra Akesson sea el próximo jefe de Gobierno no parece algo a lo que estén dispuestos las otras tres formaciones de la derecha. Algunos analistas políticos ya estudian la posibilidad de una gran coalición al estilo alemán entre socialdemócratas y conservadores. Otros, la opción de que los liberales den finalmente la espalda a la extrema derecha.

A finales del año pasado, DS llegó a un acuerdo con los conservadores y los cristianodemócratas para aprobar unos presupuestos alternativos a los presentados por los socialdemócratas, poniendo fin a un cordón sanitario que había convertido a DS en un partido paria en el Parlamento durante más de una década. Poco después, los liberales también comenzaron a mostrarse a favor de sumar sus escaños a los de las tres fuerzas de la derecha para desbancar del poder a Andersson. Desde 1932, la derecha solo ha gobernado en Suecia (10,3 millones de habitantes) en tres periodos: de 1976 a 1982, entre 1991 y 1994, y de 2006 a 2014.

Tras las elecciones parlamentarias de 2018, el país nórdico vivió una parálisis política sin precedentes que se prolongó más de cuatro meses. Finalmente, se alumbró un Gobierno socialdemócrata en coalición con los verdes. El bloque de izquierdas en su conjunto (socialdemócratas, verdes y excomunistas) era minoritario respecto al de derechas, formado por La Alianza (moderados, centristas, liberales y democristianos) y los xenófobos DS, que, juntos, alcanzaban 205 puestos en el Parlamento unicameral. Sin embargo, el cordón sanitario a la ultraderecha permitió al socialdemócrata Stefan Löfven convertirse en primer ministro.

Para ser investido primer ministro no es necesario tener una mayoría absoluta de votos a favor, pero sí que no se sumen 175 votos en contra. El Partido del Centro, la única formación a la derecha de los socialdemócratas que mantiene su firme veto a los xenófobos de DS —”No al racismo”, ha sido uno de sus eslóganes—, resulta clave para las opciones del bloque de izquierda. Tras 15 años alineados con los moderados, los cristianodemócratas y los liberales, los centristas han defendido durante toda la campaña que había que evitar a toda costa que la ultraderecha pudiera ejercer influencia en el futuro Gobierno.

Aun en el caso de que el bloque de izquierdas revirtiera finalmente el resultado a su favor, existen profundas discrepancias internas entre las cuatro formaciones que lo componen. Los programas políticos de La Izquierda (excomunistas), los verdes, los socialdemócratas y los centristas difieren en innumerables asuntos. Los roces entre el partido más a la izquierda del arco parlamentario sueco y los socialdemócratas han sido frecuentes durante la campaña. Los excomunistas mantienen su oposición a la futura adhesión del país escandinavo a la OTAN y han criticado con fuerza las concesiones a Turquía para que el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan levantara el veto al ingreso de Suecia en la Alianza Atlántica. El firme rechazo a la extrema derecha es el claro aglutinante de este bloque, por lo que las negociaciones para la formación de gobierno podrían prolongarse durante semanas. El Partido del Centro (6,7%) y La Izquierda (6,6%) se disputan la cuarta posición.

La campaña electoral estuvo dominada por temas que eran en principio favorables a la oposición de derecha, como la criminalidad, los problemas de integración de parte de la población inmigrante y la espiral inflacionaria, principalmente en los precios de la energía. El Partido Socialdemócrata apostó claramente muchas de sus opciones a la figura de Andersson, la política mejor valorada, según todas las encuestas. Desde que fue investida el pasado noviembre, la formación —vencedora de todas las elecciones en el país nórdico desde 1914— comenzó a remontar en unas encuestas que hace un año auguraban un panorama muy negro. Los socialdemócratas han obtenido finalmente un resultado mejor que el de hace cuatro años (28,3%). Durante la campaña, Andersson, de 55 años, ha endurecido su discurso en materia de inmigración, criticando la falta de integración de parte de la población de origen extranjero y la existencia de “sociedades paralelas” dentro del país.

Fuente: El País

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