La interna de Juntos por el Cambio se agita a modo electoral

OPINIÓN 12 de septiembre de 2022 Por Claudio Jacquelin*
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Todavía falta demasiado tiempo, pero el reloj electoral ya empezó su cuenta regresiva. Las señales emergen nítidas a medida que se va disipando el humo y atenuando el estruendo político-social que simbólicamente dejó la pistola de Fernando Sabag Montiel en su demencial intento de magnicidio contra la vicepresidenta Cristina Kirchner. 

Las apresuradas expresiones (de deseos y de temores) que se instalaron sobre una eventual o probable candidatura presidencial en 2023 de la propia víctima, cuando aún no se había superado la conmoción, aparecieron en sincronía con lo que está sucediendo aceleradamente dentro de la principal coalición opositora. En paralelo discurren las angustias ciudadanas que la crisis económica irresuelta provoca y la crisis de representatividad política ahonda.

El telón de fondo de un intento de diálogo político entre el oficialismo y la oposición choca tanto con las desconfianzas y rencores acumulados como con los proyectos electorales de todos los involucrados.

El presente encuentra tantas dificultades en el pasado como en el futuro y tantas diferencias entre las fuerzas políticas en pugna como disputas dentro de cada una de ellas para avanzar en algún esbozo de coincidencias efectivas.

Los sondeos que partieron del oficialismo profundizan así conflictos internos y precipitan definiciones de los dirigentes para no quedar descalzados. También, despiertan las sospechas sobre el verdadero objetivo de esos acercamientos, que incluyeron mensajes enviados al propio Mauricio Macri. De demonio a interlocutor, en un solo paso (o maniobra).

La posibilidad de estar frente a un operativo de fragmentación de la oposición adquiere entidad no solo por los antecedentes del kirchnerismo en la materia, sino por la fragilidad de los lazos, las muchas suspicacias y las ambiciones en pugna que anidan dentro del mundo cambiemita.

El caso más elocuente de efervescencia y aceleración se observa en el segmento amarillo de Juntos por el Cambio.

La concentración en ese espacio de tres de los cuatro dirigentes de la oposición con mejor posicionamiento en las encuestas de imagen y de intención de voto explica el intenso movimiento que se registra en su seno. Otro tanto aporta el proceso de reconfiguración latente y aún sin resolución del espacio macrista tras la fallida experiencia de gobierno nacional que los devolvió al llano a los cuatro años. Ahora empezó el nuevo tiempo de definiciones sin posibilidades de detenerlo.

Retando a Mauricio

“Aunque Mauricio se presente, yo voy a ser candidato igual, y si tengo que enfrentarlo en unas PASO, lo voy a hacer”. Con esa frase, sin vueltas y directo al plexo solar de sus interlocutores, Horacio Rodríguez Larreta decidió romper con el tiempismo que venía aplicando a su postulación presidencial para empezar a darle la nitidez que le faltaba y la decisión de la que muchos dudaban. Aunque no parezca responder al perfil que hasta ahora ha mostrado, el aspirante a heredero quiere emerger como conquistador.

En los próximos días y semanas se esperan otras apariciones disruptivas del alcalde. Desde el vestuario no se definen los partidos, admiten en su entorno.

Con este cambio Larreta se propone al menos tres objetivos. En primer lugar, busca forzar o dejar de depender de la indefinición con la que el padre fundador de ese espacio tiene a los propios a su merced con la amenaza de su candidatura. Una postulación siempre acechante que Macri prefiere no resignar ni lanzar en busca de tiempo y de recuperar voluntades que en su gestión fue perdiendo y en el llano no recuperó.

A quienes lo visitan en sus oficinas de Olivos les dice que todavía no se le encendió “la llamita necesaria para encender una candidatura”. Él todavía opera como un seguro para revisar esa posición. “Hoy no lo siento, pero por ahí en marzo me golpeó la cabeza y me aparecen las ganas”, dice jugando al enigma.

La polarización que repuso ferozmente el atentado contra la vicepresidenta y los mensajes que el oficialismo le dedicó a Macri repudiando las amenazas virtuales que había recibido, más algunos contactos informales, le devolvieron una centralidad al expresidente que incomoda al entorno de Larreta o, al menos, lo obliga a avanzar en las definiciones.

Alguna mejora en las últimas encuestas y la recuperación de cierta centralidad (de la que el kirchnerismo no es ajeno) ilusionan al expresidente, a pesar de que su imagen negativa sigue superando por mucho a la positiva.

La decisión de Macri de suspender algunas recorridas, que tenía agendas en el territorio bonaerense para el fin de semana, alentaron suspicacias en el larretismo. La atribución de la postergación al clima de crispación y el temor a posibles malos momentos que le podrían hacer pasar algunos oficialistas radicalizados al fundador de Pro no satisficieron a todos.

Algunas de las visitas eran por territorios controlados donde tendría asegurados aplausos y casi podían descartarse los insultos. El misterio es un buen insumo para la construcción de narrativas y Macri parece haber empezado a disfrutar de su ejercicio. Sus interlocutores lo ven cada día más Macri y menos Mauricio.

Miedo a la albertización

En segundo lugar, el alcalde porteño procura evitar, llegado el caso, la sombra o la sospecha de su albertización. Cualquier paralelismo de su destino con la entronización de Alberto Fernández por parte de Cristina Kirchner atentaría contra la construcción de un liderazgo propio, dependiente de un poder delegado y nunca propio. Prefiere anticiparse a una eventual movida de Macri, en la que, ante la imposibilidad de intentar el regreso, se muestre como el gran elector, en posición de condicionarlo.

El perfil moderado de Larreta, su constante promoción de una concertación que exceda las fronteras cambiemitas, la ausencia de aristas punzantes en su modo de gestionar y la forma de sumar apoyos políticos de amplio espectro refuerzan la necesidad de construir una identidad más propia y más definida. Para adentro y para afuera.

Sus estrategas electorales admiten que lo que hasta acá le sirvió para construir su carrera política puede complicar la construcción no solo de su candidatura, sino de su liderazgo, que es tanto o más importante, para ganar una elección nacional como para gobernar.

En ese escenario es donde aparece con claridad la tercera explicación para la definición electoral de Larreta: necesita fidelizar la adhesión de sus soportes territoriales y despeja las dudas sobre su dependencia de Macri, más allá de las candidaturas presidenciales.

El apoyo del expresidente al vidalista Cristian Ritondo en la disputa para la gobernación bonaerense y su rechazo casi visceral al candidato larretista Diego Santilli es otro elemento de disputa y de incógnita que necesita despejar. Parece no alcanzar que el exviceje de gobierno porteño supere ampliamente en intención de voto al titular del bloque de diputados macristas, al que Lilita Carrió casi deja fuera de la cancha con sus graves imputaciones.

Por último, en las cercanías del alcalde porteño computan también como disparador de su búsqueda de definiciones y desmarcación de Macri el malestar generado por la ausencia de una desautorización a su contrincante y presidenta de Pro, Patricia Bullrich, cuando lo atacó duramente por la decisión de poner y levantar el vallado en torno del recoleto domicilio de Cristina Kirchner.

Ni siquiera los dramáticos hechos posteriores que dejaron a Rodríguez Larreta fuera de cualquier cuestionamiento por la seguridad de la vicepresidenta despejaron el resquemor con Macri y con Bullrich. Todo queda registrado.

Bullrich, en primera y a fondo

La titular de Pro también ha salido a profundizar su determinación electoral. Y, al igual que su adversario interno, avisa que está dispuesta a competir con Macri. Retroceder nunca, rendirse jamás es su película preferida.

Los silencios del expresidente sobre sus pretensiones electorales no son para ella positivos, aun cuando en ocasiones jueguen en su favor.

Por eso, Bullrich camina con decisión e incansablemente el territorio bonaerense buscando ampliar su base de sustentación. Por eso al apoyo a la precandidatura a gobernador del extitular de Vialidad y actual intendente de Capitán Sarmiento, Javier Iguacel, ahora sumó el sponsoreo al exintendente de San Miguel Joaquín de la Torre, que goza de un particular aprecio por parte de Macri. La dualidad busca compensar la debilidad que aún tiene en ese territorio y, al mismo, tiempo reafirma su identidad: está convencida de que ser la derecha de Pro y de JxC le sienta bien. Al menos en la interna. Sus dos precandidatos muestran perfiles que no la desdibujan, sino que la confirman en ese cuadrante.

Efecto barrabrava

Así, las dinámicas se retroalimentan. Más aún con la reposición de la polarización, tanto entre los dirigentes más radicales de cada espacio como en los militantes y adherentes más ultras que fuerzan esos posicionamientos.

El efecto barrabrava opera sobre el escenario político extremando posiciones. Los más radicalizados no son mayoría ni siquiera llegan a la mitad de los electores, pero sí son los más intensos y se llevan puestos a los moderados, ejerciendo una especie de extorsión de arriba abajo y de abajo arriba. Nadie sale indemne.

“Horacio entendió que el primer paso es la interna y debe ganarla. Por eso, se lo va a ver más punzante, construyendo su identidad de cara a los militantes y adherentes de Pro, dando la batalla por las PASO. Eso puede afectar, al menos temporalmente, algunas sociedades. Les va a hablar más a los votantes amarillos que a los de [Martín] Lousteau”, explican en su entorno. El alcalde nunca será un ave rapaz, pero cabe esperarse que se halconice un poco más. Efecto barrabrava II.

No es menor el desafío para el alcalde porteño. Como señalan algunos consultores políticos, corre el riesgo de que algunos votantes prefieran el original (que es Macri) y no lo que se pueda ver como una copia. Un camino estrecho por recorrer.

En este escenario de posicionamientos cada vez más firmes, emerge un temor compartido entre todos los cambiemitas: la posibilidad de que el oficialismo intente eliminar o suspender las PASO. Nadie le creyó a la vocera presidencial cuando afirmó que el Gobierno no lo promoverá.

Las discusiones y las dudas en JxC son acerca de si el Frente de Todos podría contar con los votos extras que le permitan hacer ese cambio, para el cual necesita de una mayoría especial. Las sospechas incluyen a legisladores propios que podrían privilegiar el cambio antes que estar juntos.

La instauración de una virtual ley de lemas en San Juan opera como una alarma que suena insistente en el seno de la coalición opositora.

Otro tanto ocurre con los escarceos que sigue realizando el neorradical Facundo Manes para ampliar el espacio cambiemita y eventualmente romperlo si lo siente suficientemente inelástico para ampliar sus chances electorales, que actualmente están lejos de las adhesiones que reúnen los dos candidatos de Pro en carrera.

Preventivamente, Horacio Rodríguez Larreta inició conversaciones en busca de un acercamiento con el neurólogo, que algunos de los consejeros del alcalde sueñan coronarlo con una fórmula conjunta. Más sueños que desvelan a la interna opositora.

 

 

* Para La Nación

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