La escalada de los grupos extremistas mapuches en el sur de Chile y Argentina

POLÍTICA Por David E. SPENCER
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Hay una clara escalada del conflicto de los grupos extremistas mapuches en el sur de Chile y Argentina consistiendo de un salto cualitativo desde 2020 simbolizado por la emboscada y muerte del carabinero Nain Caniumil en octubre de ese año. Esta fase se caracteriza por ataques directos a las autoridades de seguridad (carabineros y gendarmería) el uso de armas de fuego castrenses, elementos portando uniformes militares o semi-militares y tácticas de guerra. Cada vez son mas audaces y violentos en su accionar y cada vez son un desafío al estado. El último ejemplo del ataque a un puesto móvil de la Gendarmería en el sur de Argentina, es otro ejemplo de esta escalada.

Hay que enfatizar que los grupos extremistas no representan la mayoría de la población Mapuche que viven pacíficamente y participan en la democracia tanto de Chile como Argentina. Hay una minoría en ambos países que no descartan el conflicto como solución a los problemas entre el estado y las comunidades mapuches, y aun muchos menos que apoyan la violencia de los grupos extremistas. Sin embargo, esta pequeña minoría tiene en jaque la región mapuche de ambos países.

 
Este conflicto existe en Chile, por lo menos, desde 1990 (32 años) y ha pasado por varias fases hasta el presente. Comenzando con la protesta social, en cada fase los extremistas han escalado el uso de la violencia como elemento importante de sus tácticas. Sin embargo, entre 2008 hasta 2020 (12 años) esta violencia se estabilizó de alguna manera, limitada a sabotajes, ocupaciones, ataques incendiarios a maquinaria/vehículos, viviendas privadas e iglesias. En general se limitaban a atacar propiedad de civiles y empresas privadas. Causaban mucho daño material, pero en general no atacaban directamente al estado, y en general evitaban asesinar, aunque hubo excepciones en ambos sentidos. Por mucho tiempo hubo discurso de escalada, en sus documentos, en sus discursos y comunicaciones, pero llegaban al borde del precipicio, pero no saltaban al vacío.

Ese evitar pasar al ataque al estado y causar victimas humanas los hacía existir en una especie de estado gris en la cual se hacía difícil su caracterización: ¿eran grupos de protesta social o eran grupos terroristas? Eso dificultaba el accionar del Estado. Había feroces debates internos sobre cuales era las mejores políticas para acabar este problema. De una manera significativa el nuevo modo de accionar de estos grupos los ha sacado de esta zona gris y los ha puesto cada vez más concretamente en la categoría de grupo terrorista.

¿Porque este salto cualitativo y porque ahora? Para mí hay tres razones fundamentales que son: 1) Debilidad Gubernamental, 2) Aumento de influencia extranjera, 3) Aumento de recursos financieros y materiales. Puede haber otras, pero estos son los más importantes.

Primero, debilidad gubernamental. La incapacidad del gobierno de Piñera de neutralizar las protestas sociales masivas del 2019 mostró que el gobierno chileno era débil tanto moralmente como materialmente. En particular, el estado se ha vuelto muy garantista, enfatizando los derechos de los ciudadanos, sin exigir un correspondiente aumento de responsabilidad. La Democracia no puede funcionar eficientemente sin un balance de los dos elementos. Este énfasis en las garantías sin responsabilidad solo ha aumentado con el gobierno de Boric. Entonces, no sorprende que, a pesar de su mayor afinidad ideológica, la arremetida de los extremistas Mapuches ha aumentado. Este es el factor principal del auge extremista.

Segundo, el aumento de la influencia y presencia de elementos extremistas extranjeros. Hay una relación desde antes del 2008 con las FARC que proveyeron entrenamiento y asesoramiento a los grupos extremistas mapuches e indicaciones de una relación similar con el ETA de España. Después del acuerdo de paz entre las FARC y el gobierno colombiano a finales de 2016, se ha reportado aumento de presencia de elementos de las FARC en la macrozona sur de Chile.

Tercero, los grupos extremistas han aumentado sus fuentes financieras y también sus arsenales de armas de guerra. La logística robusta es el motor de todo conflicto armado. Sin esta logística no se puede sostener. El Che Guevara sentenció a la muerte una generación de sus seguidores al decirles que su fuente principal de armas y logística era el flujo precario de lo que pudieran capturar al gobierno. Las FARC, que no eran de la línea guevarista, pudieron sostener la guerra de guerrillas mas prolongadas en el hemisferio (52 años) porque a pesar de su impopularidad, gozaron de una logística robusta fruto del narcotráfico. Los grupos mapuches extremistas reciben desde algún tiempo ingresos por la extorsión de las empresas madereras, pero últimamente no es ninguna sorpresa que los centros más importantes del narcotráfico en Chile se han desarrollado en la macrozona sur. Puede ser que no sean directamente narcotraficantes, como tampoco lo eran las FARC, pero igual que las FARC, reciben rentas del negocio.

Hasta no resolver o neutralizar estos tres temas, este conflicto va a seguir en aumento sin solución.

El autor es especialista en el estudio de la violencia política, en Washington, DC

Fuente: Infobae

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