En el sur la gente tiene miedo

OPINIÓN Por Mónica Gutiérrez*
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El conflicto mapuche quedó atrapado en la interna oficial. Nada que no se viera venir. Nada que sorprenda. Más de lo mismo.

El espectacular operativo desplegado para desalojar las propiedades usurpadas en Villa Mascardi funcionó como una bomba de fragmentación dejando a la intemperie las irreconciliables diferencias que en relación a este tema tan sensible conviven en el interior del Frente de Todos. También las razones que nos trajeron hasta aquí. Otra vez la fractura expuesta.

La ministra de la Mujeres, Género y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, renunció de forma “indeclinable” a su cargo en desacuerdo con el desalojo de los mapuches de Villa Mascardi, tras denunciar “graves violaciones a los derechos humanos de las mujeres detenidas”.

En su carta la Ministra dice: “Las detenciones de mujeres y niños, con participación de fuerzas federales, me resultan incompatibles con los valores que defiendo como proyecto político”.

Del texto de la denuncia se desprende que la Ministra no sólo objeta la decisión de la Justicia de proceder al desalojo sino también del empleo de la fuerza pública que ordenó el Gobierno Nacional.

La carta de tres páginas reivindica su gestión y acusa a “la derecha que grita, patalea y argumenta contra nuestra agenda como aquellos que representan proyectos elitistas, autoritarios y antidemocráticos”. También incluye demandas al Presidente en relación a las “pocas” compañeras que hay en el Gabinete. Un reclamo más relacionado con la equidad de género que con la cuestión mapuche.

El Gobierno intentó conjurar sin éxito la crisis desatada por la dimisión con el argumento de que los cuestionamientos de Gómez Alcorta estaban dirigidos a la Justicia y no al Ministerio de Seguridad.

La contundente carta de la funcionaria desbarató esa estrategia y blanqueó una situación ya conocida y reiteradamente denunciada: el acompañamiento ideológico, legal y logístico que funcionarios del FDT presta a las tomas y usurpaciones que reivindica la Lof Laken Winkul Mapu, una violenta seguidilla de ataques, asaltos y atentados que hicieron posible con la ocupación efectiva de predios públicos y privados y sumergieron a Villa Mascardi en el terror.

Gómez Alcorta, ex socia del estudio de Juan Martín Mena, antes de ingresar a la función pública ejerció la defensa letrada del lonko Facundo Jones Huala y de la líder de la Tupac Amaru Milagro Sala.

No fue la única representante de la coalición gobernante en expresarse en contra del desalojo.

La ex Ministro de Seguridad Sabrina Frederic dijo que no hay relación de causalidad entre la toma de la comunidad de Mascardi y los hechos de vandalismo, y que esta hipótesis “es manipulada por personas que son realmente racistas y que tienen detrás de sí intereses rentistas, inmobiliarios”.

Frederik vinculó el atentado a Cristina Kirchner con el conflicto mapuche en Bariloche.

“Esto tiene alguna conexión con lo que le pasó a la vicepresidenta, no es extraño que la oposición, la derecha, haya radicalizado ese conflicto después del ataque contra la vicepresidenta”.

Estas reacciones y declaraciones alimentan la sospecha de que los ocupantes de las propiedades usurpadas fueron advertidos del inminente desalojo. Eso permitió que los varones abandonaran el lugar. Las fuerzas federales sólo encontraron a mujeres y niños.

Dos aviones, un Fokker y un Hércules, llegan en la madrugada. Más de doscientos efectivos de las distintas fuerzas federales, despliegue de drones y helicópteros, para sacar del lugar siete mujeres y doce niños. Mal puede hablarse de “desalojo” cuando quienes quedaban en el lugar esperaban a los gendarmes con los bolsos preparados.

Al operativo desplegado por el Comando Unificado de Fuerzas Federales, que no logró detener a ninguno de los líderes de la toma que sostiene la comunidad Lof Lafken Winkul Mapu también se le objetó la planificación que no previó un ingreso simultáneo desde la zona montañosa, permitiendo que los cabecillas de la toma pudieran salir del lugar utilizando las picadas abiertas en el bosque.

Un detalle no menor es que otra decena de chicos de la comunidad permanecieron escondidos quién sabe dónde burlando el operativo. Los organismos de derechos humanos reclamaron por su búsqueda y rescate ya avanzada la tarde del día del desalojo.

Muchos temen que la movida desplegada por el Ministerio de Seguridad del Gobierno Nacional, en cumplimiento de la manda judicial, lejos de resolver el problema solo haya servido para agravar la situación.

“Queda mucho trabajo por hacer”, dijo el Ministro de Seguridad Aníbal Fernández a horas de haber recuperado las propiedades usurpadas y vandalizadas. Hay que ver ahora si puede, si lo dejan.

En el no tan lejano Sur, la gente tiene miedo. El clima está muy enrarecido. Se sospecha que el operativo fue una puesta en escena. Estuvo todo dado para que los cabecillas de los ataques y usurpaciones se fueran a tiempo. No se puede hablar un “pase a la clandestinidad” porque muchos de ellos, lejos de estar atrincherados en el bosque, dónde se los busca con drones y helicópteros, estarían haciendo base en el barrio Virgen Misionera y trámites en el centro de Bariloche. Este sería el caso del mismísimo Matías Santana, quién se habría presentado a la CENAF para retirar a los dos pequeños hijos que tiene con su esposa, la machi, Betiana Colhuan, ahora detenida.

La tardía constatación de que no tienen cárcel de mujeres en Río Negro impone un traslado que solo complica el estado de cosas. Kerosene sobre el fuego. Tendrían que haberlo previsto antes. Dos de las mujeres detenidas en la toma tienen bebés de meses en período de lactancia y una tercera fue internada porque está a punto de ser madre.

Más allá de las sospecha de que el operativo haya sido una “puesta en escena” la gente de Mascardi agradece la llegada de las fuerzas federales y ahora piden encarecidamente que permanezcan en el lugar. No solo los “huincas” (winka- voz mapuche despectiva para designar a todo el que no es mapuche) se suman a esta plegaria.

Miembros de la comunidad Wiritray, reconocida en 1999 y asentada en el lugar, están aterrados y piden ser protegidos. Dicen estar siendo agredidos y hostigados por los Winkul Mapu que los consideran “yanaconas” (traidores) a la causa indígena. Patricia Montenegro, vocera de Wiritray despega a los de su etnia de manera absoluta de los ataques.

El lonko Alejandro Huenchupan, referente de la comunidad Tequel Mapu de El Bolsón dice que los usurpadores de Mascardi son foráneos y malvivientes y que él vive amenazado por este grupo.

Mucho más asustados y vulnerables se encuentran algunos vecinos del Barrio Virgen Misionera. Gente de muy humilde condición que aseguran sufrir permanente hostigamiento y amenaza por parte de miembros de las familias de la Wilkun Mapu que ocuparon una plaza pública en ese barrio y con los que conviven como linderos.

La llamada “Zona Cero” permanece ahora militarizada. Es una franja de propiedades públicas y privadas emplazadas sobre el Lago Mascardi con la ruta 40 de por medio.

Las fuerzas federales, apostadas con camiones hidrantes, móviles de comunicaciones y camionetas todo terreno hacen tránsito asistido en la 40, en previsión que los que se escaparon a los cerros arremetan con una intifada patagónica en la Comarca Andina a modo de resistencia.

El corte de la ruta 40 por un grupo de encapuchados en la tarde del martes, el piquete que cortó el paso de “La trochita”, el emblemático tren turístico, y la vandalización de la Capilla de Villa La Angostura no permiten decir que la paz haya vuelto a estos bellos lugares.

Se sabe cuándo llegaron las fuerzas federales, imposible saber cuánto tiempo deberán permanecer allí.

La turbulenta tarde del jueves, cuando la crisis hizo implosión en su gabinete, encontró al Presidente visitando la Feria de la Flor y otra vez camino al cine a ver “Argentina 1985″.

Se espera del Jefe de Estado una clara definición sobre este tema. Imprescindible saber de qué lado está.

 

 

* Para www.infobae.com

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