Massa enfrenta dos grandes desafíos post Mundial: la escasez de dólares y fuertes vencimientos de deuda en pesos

ECONOMÍA 31 de octubre de 2022 Por Pablo Wende*
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El nuevo sistema que regula las importaciones arrancó como se esperaba: con un nivel mínimo de aprobaciones. Incluso son rechazados los pedidos de empresas que manifiestan voluntad para comprar con sus propias divisas. Por lo tanto hoy no hay dólares a $ 155 (es decir al tipo de cambio oficial), pero ni siquiera a $ 300, que es la cotización del dólar libre.

Según estimaciones privadas, apenas el 12% del total de pedidos de importación consiguió el visto bueno del Central y la AFIP. A eso se hay que agregarle que las cautelares presentadas por las empresas para que la Justicia habilite a comprar productos en el exterior quedaron sin efecto. Esto le permite al Gobierno ganar unos meses, tirar la pelota para delante.

El objetivo reconocido por el propio Sergio Massa es blindar las reservas. La Argentina, razona, no puede darse el lujo de volver a perder las reservas que tanto costó conseguir con el dólar soja. Pero no será un desafío sencillo: ya en octubre la liquidación de divisas se derrumbó (porque casi todo lo que restaba vender en el campo se hizo en septiembre) y el Central tuvo que cerrar la compuerta a las importaciones para no perder divisas. En una reunión que mantuvieron el último jueves con el ministro de Economía, los principales dirigentes de la Cámara Argentina de Comercio justamente le manifestaron la preocupación de las empresas, particularmente de las PYMES, por la falta de acceso al mercado cambiario.

La consultora Invecq aportó un dato revelador. En octubre la liquidación de divisas de la agroindustria cayó a USD 70 millones, es decir 82% menos que en septiembre y 56% por debajo del promedio del año, excluyendo septiembre.

Massa sabe que no puede bajar la guardia. Su principal preocupación sigue siendo mantener la estabilidad cambiaria. En sus tres meses de gestión lo logró ya que el dólar libre cotiza prácticamente al mismo nivel de mediados de julio, cuando se puso al frente del ministerio de Economía. Y para eso la principal condición es como mínimo cuidar a capa y espada los USD 5.000 millones que acumuló el Central el mes pasado.

Hacia adelante, el panorama es como mínimo desafiante en materia cambiaria. Ya de por sí el último bimestre presenta una disminución en el ingreso de divisas por motivos estacionales. Pero en esta oportunidad será aún más notorio, porque el campo adelantó las exportaciones en septiembre para aprovechar el tipo de cambio especial que ofreció el Gobierno.

El impacto de la sequía

Además, la sequía ya impactó negativamente en la próxima cosecha de trigo, lo que habrá que seguir en dos dimensiones: la menor cantidad de dólares que ingresarán por la disminución de importaciones es la más inmediata. La otra cuestión es la menor oferta en el mercado interno, lo que podría repercutir en el precio de la harina y todos sus derivados en algunos meses.

Un informe de la Fundación Mediterránea alerto sobre esta situación: los cultivos de invierno (principalmente trigo y cebada) son los principales proveedores de dólares al país entre los meses de diciembre a marzo. Por la caída esperada de la producción, el puente de divisas de la campana 22-23 será más angosto y más corto en relación a lo de la campaña previa.

Si se exportaran 8 millones de toneladas de trigo (que es incluso un cálculo optimista), ingresaría un 34% menos de dólares que en el mismo período del año anterior.

Alivio Mundial

El mes del Mundial de Qatar (arranca el 20 de noviembre) podría llevarle cierto alivio al Gobierno, porque al menos el foco podría desviarse por algunas semanas de los graves problemas económicos que enfrenta la sociedad, especialmente si la selección logra un buen desempeño a lo largo que avance el torneo. Sin embargo, luego reaparecerán las urgencias.

A la falta de dólares, que podría agravarse hacia fin de año, se agrega otro problema serio para el Gobierno: la fuerte acumulación de deuda en pesos en la primera parte del 2023. Ya se da por descontado que Massa buscará un nuevo canje, tal como el que llevó adelante en agosto, a las pocas semanas de asumir en su cargo.

Claro que las dificultades son crecientes porque el volumen de vencimientos es mucho mayor y a eso se agrega la tensión propia del período preelectoral. Se volvería cada vez más pesado refinanciar lo que vence, agregar deuda nueva y además estirar los plazos de los bonos en moneda local más allá de las elecciones.

Cuestión de pesos

No resultó tan llamativo que la calificadora Fitch decidiera esta semana rebajar la nota de la deuda de la Argentina a CCC-, el último escalón antes del default. Lo que sí llamó un más la atención es que incluyera a la deuda en pesos.

Aquel canje de deuda que realizó Massa despejó los vencimientos de corto plazo, pero las cifras se vuelven mucho más abultadas desde ahora. La especulación en el mercado es que se viene otro canje para la deuda en pesos de noviembre y diciembre, cuando se concentran pagos por algo mas de 1,5 billones de pesos. Claro que todo se complica para adelante: solo en el primer trimestre del 2023 vencen otros 3 billones de pesos.

Las opciones que tiene Massa por delante son conocidas y al mismo tiempo limitadas: tratar de refinanciar todo lo posible en licitaciones quincenales, efectuar nuevos canjes para despejar gradualmente el horizonte de vencimientos son las más amigables. Pero también aumentará la presión para que los bancos incorporen más deuda del Tesoro. No habría que descartar que el propio BCRA vuelva a emitir pesos para sostener a la deuda, tal como sucedió en junio, pero solo como recurso de última instancia.

La principal preocupación

La lucha contra la inflación aparece recién en un tercer plano, aunque es el tema que más preocupa en el oficialismo. En octubre el índice continuaría en niveles cercanos al 6% y el peligro es que se vuelva a recalentar en diciembre y en enero, debido a factores estacionales como las fiestas de fin de año, el pago del medio aguinaldo y las vacaciones.

Mientras tanto, Massa busca enviar señales tranquilizadoras. El acuerdo con el Club de París permitió estirar el pago de vencimientos por unos USD 2.000 millones y evitar un nuevo incumplimiento. Sin embargo, el impacto en los mercados fue prácticamente nulo. Hoy casi no hay noticias que entusiasmen a los inversores, que por ahora esperan el proceso electoral con indiferencia. Es posible que esto empiece a cambiar a medida que pasen los meses y quede más claro quiénes serán los candidatos.

La relación entre Massa y Cristina Kirchner también se sigue de cerca. Pero por ahora las supuestas advertencias de la Presidenta o la intención de “marcarle la cancha” al ministro apenas se reflejaron en dos tweets. Uno fue hace un mes, cuando advirtió sobre el aumento de la indigencia y la necesidad de hacer algo con los precios de los alimentos. El otro fue esta semana, al advertir sobre los “aumentos excesivos” en la medicina prepaga. Por ahora Massa se mantiene en su postura que no será candidato a Presidente y lo reitera en cada encuentro con empresarios: “Soy joven y tengo tiempo. Solo quiero dejar la economía ordenada para lo que venga”.

 

 

* Para www.infobae.com

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