Massa acelera el "crawling peg" para pasar el verano, pero el mercado ve presiones para una devaluación

ECONOMÍA 12 de noviembre de 2022 Por Fernando Gutiérrez*
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"Vos deslizá", era la recordada recomendación que, en plena cuarentena, le hacía el economista Carlos Melconian al presidente del Banco Central, Miguel Pesce. El consejo implicaba que ese era el momento para pisar el acelerador de la devaluación, dado que al haber caído la velocidad de circulación del dinero, un dólar más alto no necesariamente contagiaría la inflación.

Finalmente Pesce siguió la recomendación, pero dos años y medio más tarde. Y se nota que el cambio de política lleva la impronta de Sergio Massa, quien está recurriendo al "crawling peg" para corregir el retraso cambiario. Es una política que, junto con los múltiples tipos de cambio sectoriales -se acaba de agregar uno nuevo para apoyar a la exportación de las economías regionales-, está permitiendo que Massa pueda hacer algo políticamente innombrable: devaluar, pero "por goteo".

Es así que, en los pocos días que lleva transcurrido el mes de noviembre, la tasa devaluatoria ya fue de 1,5% y apunta a superar la marca de octubre, que terminó con un 6,5%. Lo cual refleja una clara tendencia: octubre, a su vez, había superado el 6,2% de septiembre, que había estado por encima del 5,7% de agosto.

Y la expectativa del mercado es que esta sea la tónica que domine el peligroso verano que se avecina, con un bajón en la entrada de divisas -por los estragos de la sequía, ya se corrigió a la baja en más de un 30% la previsión de cosecha de trigo-. La estación estival suele ser el clásico momento de las devaluaciones por la combinación explosiva de escasez de dólares, sobrante de pesos y turistas que salen del país.

Algunos economistas le han puesto números a la turbulencia veraniega. Como Macros Buscaglia, ex director del banco Merrill Lynch, quien estima en u$s8.000 millones el costo de la emergencia.

Por si semejante perspectiva no fuera suficiente motivo para pisar el acelerador del "crawling peg", Massa y Pesce tienen un recordatorio diario: la cantidad de dólares que debe vender el Banco Central para satisfacer la demanda del mercado, aun después de haber tomado medidas para cambiar la financiación de las importaciones. Sólo en las jornadas de lunes y martes, el BCRA tuvo que desprenderse de u$s290 millones, un nivel comparable al de agosto, antes de que se anestesiara al mercado con el "dólar soja".

La mini devaluación ya no tiene críticos internos

Sin muchas otras herramientas a mano -la gran mayoría de los economistas cree que una devaluación brusca está descartada por motivos políticos-, el Gobierno no tiene alternativa a seguir deslizando el tipo de cambio a una velocidad crucero mayor a 6% mensual.

Al menos eso es lo que están previendo las consultoras y bancos que participan en la encuesta REM del Banco Central, donde se pronostica que en diciembre el dólar oficial subirá un 6,2%, que en enero crecerá un 6%, en febrero un 5,6% y en marzo otro 5,6% hasta llegar al esperado momento en que vuelvan los "sojadólares".

En otras palabras, se prevé que el ritmo devaluatorio, como mínimo, copiará a la inflación. Lo cual implica cierta recuperación de competitividad en términos reales, dado el efecto de la inflación internacional. Es decir, en los próximos meses los precios de la economía argentina empezarán a subir, medidos en dólares, menos que los de la economía estadounidense.

Esto implica un punto de inflexión respecto de la política cambiaria que se había llevado hasta este momento. De hecho, la "inflación en dólares" ya acumula 17% en el año, y en 2021 ya había sido de 26%.

Hasta el cambio impuesto por Massa, se había recurrido al clásico recurso del "ancla cambiaria", al punto que por cada tres puntos que avanzaban los precios, el tipo de cambio lo hacía sólo uno. La dupla Guzmán-Pesce justificaba esa negativa a acelerar la devaluación con el argumento de que la economía argentina no acusaba una pérdida de competitividad. En realidad, hubo un breve período, en los meses finales de 2020 y el arranque de 2021, en el que el tipo de cambio le ganó a la inflación. Pero cuando los precios aceleraron, se aplicó el freno al "crawling peg".

Sobre a fines del año pasado se anunció que habría una moderación en esa acumulación de atraso cambiario, en parte porque así lo exigía el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, ese objetivo sólo fue cumplido parcialmente: se pasó a una relación de dos puntos a uno entre inflación y devaluación. Recién tras la turbulencia cambiaria de mediados de año se produjo el alineamiento entre las tres variables clave: IPC, tasa devaluatoria y tasa de interés.

Y, lo más llamativo, no se produjo resistencia política. Algo raro, dado que en el kirchnerismo, uno de los motivos principales de rechazo al acuerdo "stand by" con el FMI era, precisamente, la exigencia de devaluar a la velocidad de la inflación y abandonar el ancla cambiaria.

El argumento era que acelerar el crawling peg era, en sí mismo, un factor inflacionario, dado que las expectativas del mercado se fijan de acuerdo con el tipo de cambio y, por consiguiente, eso llevaría a una carrera nominal entre precios y dólar. Varios economistas fundamentaron en ese sentido, principalmente la ex diputada Fernanda Vallejos, una de las personas que influyen en las posturas económicas de Cristina Kirchner.

Curiosamente, ese argumento era compartido por la visión ortodoxa del mercado: como la demanda de dinero estaba en caída, ya nadie veía las mismas condiciones favorables que había cuando Melconian aconsejaba "vos deslizá".

Sin embargo, ahora el kirchnerismo está avalando las medidas de Massa, en una admisión explícita de que había que priorizar la estabilidad cambiaria por encima de cualquier otro objetivo. Y eso implica, al menos, una postura resignada sobre la necesidad de observar la aceleración del tipo de cambio.

Es elocuente al respecto un informe del equipo de economistas bonaerenses del Frente de Todos, que dirige Roberto Feletti, ex secretario de Comercio. Tras alertar por el aporte decreciente de la balanza comercial, elogia las medidas de Massa por reforzar las reservas y reducir la volatilidad del mercado paralelo del dólar.

Y señala que una política favorable para ello es que la tasa de interés, la inflación y el tipo de cambio tengan "un sendero en el que las tres evolucionen con tasas de variación que se aproximen entre sí".

Dólar: una oferta para los sojeros en abril

Lo cierto es que, de concretarse el ritmo devaluatorio que espera el mercado, el dólar oficial llegaría a $215 al inicio de abril, cuando comenzará el ansiado período de liquidación de las exportaciones agrícolas.

Es decir, será un nivel muy superior al excepcional tipo de cambio sectorial de $200 que Massa les había dado a los productores sojeros en septiembre. Claro, en el medio estará la inflación, que según los economistas del REM acumulará un 43% en el semestre octubre-marzo.

Es por eso que se plantea el debate sobre si, aun pisando el acelerador devaluatorio a un ritmo de 6% mensual, el Gobierno logrará que el campo liquide sus dólares sin necesidad de volver a recurrir a una medida excepcional.

El "dólar soja" se reveló efectivo como herramienta para reforzar la caja del Banco Central, pero trajo un costoso "lado B": una expansión monetaria de unos $400.000 millones, como consecuencia de haber comprado dólares caros y venderlos baratos. Por ese motivo, parece haber resistencia política para evitar una reedición de la medida.

En realidad, es una incógnita lo que harán los sojeros. Porque quedó demostrado que, más que el precio del dólar, el factor fundamental que opera como incentivo o desestímulo es la brecha con el dólar paralelo.

A mediados de año, cuando se produjo la turbulencia cambiaria y esa brecha se agrandó, los sojeros tenían una ausencia total de incentivos para exportar, porque los dólares que quedaban en sus bolsillos eran apenas un 30% del precio internacional de la soja. Esta cuenta es el resultado de restar las retenciones, convertir los dólares al tipo de cambio oficial y luego volver a cambiar los pesos a dólares, pero al precio del MEP.

Con el "dólar soja" de Massa, esa relación mejoró dramáticamente, pasando de 30% a 49% del precio del mercado internacional.

¿Con el crawling peg no alcanza?

Ahí es donde los economistas más escépticos ven el talón de Aquiles de la estrategia de Massa: consideran que por más que acelere el "crawling peg" no se reducirán las chances de una turbulencia cambiaria.

Una de las explicaciones es la baja expectativa que generan las medidas para atenuar la salida de dólares mediante el uso de las divisas que dispongan los propios importadores. Un informe de la administradora de fondos Mega QM señala que, con ese desdoblamiento cambiario, en el mejor de los casos sólo se podrían generar una oferta de dólares financieros de u$s200 millones.

Ante esta situación, los economistas creen que el Gobierno tenderá a extremar la restricción importadora, con lo que la economía puede ingresar en terreno recesivo. "Los argentinos estaremos pagando los costos de un ajuste, sin tener ninguno de sus beneficios. Hay recesión, pero no hay incentivos para demandar pesos", advierte Marcos Buscaglia.

Por su parte, el influyente consultor Salvador Di Stefano advirtió sobre la inexorable suba del dólar blue, por la combinación de reservas del BCRA que caen mientras los pasivos monetarios crecen a una velocidad de $500.000 millones por mes. Y hace un pronóstico inquietante: de aquí a un año, el dólar en el mercado paralelo estará por encima de $700.

Es en este marco de pesimismo que el debate en el mercado es cuánto aguanta la economía antes de una corrección cambiaria. El "carry trade" lleva cuatro meses con retornos de 30%, una situación a la que los expertos de la city financiera no ven como sostenible en el mediano plazo.

En definitiva, una lista larga de problemas que plantean el desafío para la apuesta de Massa y Pesce, jugados a los efectos benéficos del nuevo "crawling peg" a velocidad crucero.

 

 

* Para www.iprofesional.com

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