La magia de Messi tapa todo, menos la amenaza del dólar

OPINIÓN Por Fernando GONZÁLEZ
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“Siempre quedará Messi”. La frase ocupa todo el ancho de la home page del diario As, uno de los deportivos más importantes de España. El mismo concepto atraviesa a los sitios de noticias de todo el planeta. El deportista más reconocido de la aldea global acaba de convertirle un gol de esos maravillosos a México y rescata, por un rato al menos, al país bipolar que transita todo el tiempo entre la euforia y la depresión. Siempre quedará Messi.

Sobre todo porque la inflación camina sin obstáculos para romper el triste récord del 100% anual. O porque la pobreza ya superó al 40% de los argentinos, estadística que se va a confirmar antes de fin de año. Y porque el Gobierno acaba de anunciar un nuevo dólar soja, con el único objetivo de recuperar como sea U$S 3.000 millones más para recomponer las reservas exhaustas del Banco Central. Porque se aproxima un nuevo pozo de recesión para el año próximo. Porque la inseguridad acumula terror en todo el país. Pero, por suerte, siempre quedará Messi.

Todos esperan que la magia del crack nacido en Rosario, y criado en Barcelona, logre tapar las miserias argentinas. En los últimos días, los principales funcionarios del Gobierno comenzaron a improvisar estrategias de apuro. Es que la derrota frente a Arabia Saudita había complicado las cosas y una posible derrota ante México podía significar el fin de la aventura del Mundial de Qatar.

Cristina Kirchner, siempre hiperactiva, había multiplicado su contraofensiva ante la Justicia. Ignoró el fallo de la Corte Suprema y avanzó con la ratificación del senador Martín Doñate para integrar el Consejo de la Magistratura después de una división artificial del bloque del Frente de Todos en el Senado.

En la misma línea, recusó a la juez María Eugenia Capuchetti, a quien acusa de no querer vincular el intento de atentado en la puerta de su departamento de La Recoleta con algún sector político de la oposición. Con el apoyo del grupo de tareas de agentes de inteligencia funcionales al kirchnerismo intenta comprometer al diputado Gerardo Milman, quien fue secretario de Seguridad durante el macrismo en la gestión de Patricia Bullrich. El gesto táctico tampoco parece funcionar. La Cámara Federal avaló a la jueza, quien se ha mostrado dubitativa ante la presión política a la que la está sometiendo la Vicepresidenta.

Pero ninguna de estas maniobras logra ocultar el mayor problema judicial de Cristina, que es la causa Vialidad donde se la juzga por corrupción en la concesión fraudulenta de la obra pública y asociación ilícita con el emprendedor Lázaro Báez. Este martes 29, la Vicepresidenta podrá decir las “últimas palabras” en su defensa y luego el Tribunal Oral Federal 2 debe dar a conocer el veredicto. Será a fin de mes, o en los primeros días de diciembre. Ni siquiera Messi podrá hacer algo para evitarlo.

Los abogados y los dirigentes que rodean a Cristina tienen la misma presunción. La condena es inevitable y solo les queda como estrategia lo que vienen haciendo. Intentar contraponerla con el bochinche de una candidatura, presidencial o a senadora por Buenos Aires, que le garantice el salvavidas de los fueros parlamentarios. Y esta última opción, la del refugio bonaerense, es cada vez más la que prefiere el núcleo duro del cristinismo.

La evaluación del posible veredicto es parecida tanto entre los especialistas en Tribunales, como entre los abogados de Cristina. Aunque los fiscales Diego Luciani y Diego Mola pidieron doce años de condena para la Vicepresidenta, el decisión del TOF2 podría rondar entre los cinco y siete años de condena, con prohibición para ejercer cargos públicos. Cualquier fallo, incluso el de una eventual absolución, va a ser apelado y tendrá que ser confirmado primero por la Cámara de Casación y después por la Corte Suprema. Por eso, Cristina no corre riesgos inminentes de ir presa y podría ser candidata sin mayores problemas en 2023.

La otra discusión pasa por los argumentos del fallo. El Tribunal Oral debe decidir si la condena es por asociación ilícita, que es lo que pidió el fiscal Luciani planteando que hubo una “matriz de corrupción” haciendo un paralelismo con la matriz represiva de la última dictadura militar. O, si basa su decisión en la figura penal del fraude al Estado. Esta última posibilidad le daría más espacio a la segura apelación de los abogados de Cristina.

Si la Selección vence a Polonia y pasa a la fase decisiva del Mundial, el veredicto podría conocerse en las horas cercanas al partido de octavos de final. Los abogados de Cristina rezan para que el equipo argentino siga con vida en Qatar y la atención del ser nacional esté concentrada en el fútbol para que pase más desapercibida una eventual condena. Siempre quedará Messi.

Otro que también le dedica plegarias al destino de la Selección es Sergio Massa. El ministro de Economía, acorralado por la suba permanente de la inflación, la falta de dólares y la presión de Cristina para que maquille (o directamente ignore) las medidas de ajuste comprometidas con el Fondo Monetario Internacional refuerza la magia de la contabilidad creativa para que el marco atraviese el fatalismo de los diciembres argentinos. Necesita, desesperadamente, que se extienda la nube emocional de Qatar.

En Bali, durante la Cumbre del Grupo de los 20 que observó el desmayo de Alberto Fernández, Massa escuchó como creció la preocupación por la Argentina de la directora del FMI, Kristalina Georgieva. Aunque ella no lo dice expresamente, al gobierno argentino le quedó claro que la funcionaria es presionada por el Board del organismo (liderado por EE.UU.) para que le haga cumplir las metas del acuerdo al país de la incertidumbre.

Parece increíble, pero hasta el destino de Kristalina en el FMI ha quedado atado a la imprevisibilidad de la Argentina. Georgieva intenta en estas semanas convencer a los países del Fondo que lo máximo que se puede esperar de nuestro país es que no estalle. Pero que ya no hay margen para esperar reformas estructurales. Se conformarían con que Massa lleve el barco averiado hasta las elecciones presidenciales. Al fin y al cabo, a ella también le vendría bien que la Selección llegue a las instancias finales de Qatar. Perdidas desde hace tiempo las esperanzas sobre Alberto y Cristina, el FMI reza el mismo credo: siempre quedará Messi.

Solo hay una variable a la que no conmueve ni el Mundial, ni la Selección Argentina ni la vigencia de Messi. El dólar, ajeno a los sufrimientos del fútbol, ha vuelto a convertirse en el fantasma al que más teme el Gobierno. El primer alerta lo dieron los inversores cuando solo renovaron el 61% de las Letras de Liquidez (Lelics) que licitó el Tesoro. Demasiados pesos dando vueltas para un mercado tan sensible como el argentino.

Y era lógico que esa sensibilidad terminara afectando, como afectó a los dólares financieros. El dólar blue alcanzó los $ 320, apenas por encima del dólar Bolsa y un poquito por debajo del dólar Contado con Liquidación. La devaluación en cuotas, como la llaman en la City a la estrategia de Massa, se volvió más impredecible y le hizo gastar más de 1.000 millones de dólares al Banco Central en lo que va de noviembre. Con Messi no alcanza.

El dólar se ha vuelto la variable más inmune al impacto de los Mundiales y del fútbol que enloquece a la Argentina. Subió después del subcampeonato de 2014, cuando el ministro de Economía era Axel Kicillof. Subió en 2018, cuando sufríamos en Rusia con aquel equipo quebrado que dirigía un tal Sampaoli y a Mauricio Macri se le escapaba a 23 pesos. Y sube ahora, aunque le inventen el dólar soja, el Qatar, el tarjeta, el tecno e intenten ocultar el efecto devaluatorio del que no quiere oír hablar Cristina. ¿Seguirá subiendo el dólar si la Selección es eliminada en los próximos días? ¿Mejorará la situación si Messi se recupera y termina alzando la Copa que se nos niega desde hace 36 años?

Ese debate, que parecía saldado desde hacía mucho tiempo, vuelve a cruzar el territorio de la política nacional. Esta semana, el diputado radical y economista Martín Tetaz citó un estudio que asegura que el consumo creció en el país durante el tercer trimestre de 1986, después de coronarnos campeones mundiales en México de la mano de Diego Maradona. El Plan Austral de Raúl Alfonsín ya venía tambaleando y se derrumbaría pronto.

“Fue un impacto muy breve, pero si la Argentina sale campeón ahora, el efecto va a ayudar al Gobierno”, arriesga Tetaz. No todos piensan de la misma manera. Alfonso Prat-Gay, ex ministro de Economía y ex presidente del Banco Central se muestra más escéptico y cree que el impacto de un gran triunfo deportivo es apenas un efecto pasajero. Que enseguida se impone la realidad.

Para el economista Ricardo Delgado, futbolero también como Tetaz y como Prat-Gay, la cuestión no presenta dudas. “La economía no cambia aunque ganemos el Mundial; eso es pensamiento mágico. Son las soluciones y atajos que a veces preferimos los argentinos”, explica en una charla con CNN Radio. Como Messi hasta ahora no ha podido ganar un Mundial con la Selección, todavía no hay confirmación de una u otra teoría.

Mientras tanto, la dirigencia argentina se entretiene usando los resultados del Mundial de Qatar como una amenaza. En el infierno de las redes sociales, el kirchnerismo aprovechó la derrota de la Selección ante Arabia Saudita para crucificar a Macri con el más temido de los adjetivos: el incomprobable calificativo de mufa. La venganza llegó en el fin de semana.

Messi hizo su magia ante los mexicanos y el macrismo posteó las fotos del ex presidente, celebrando en el estadio Lusail de Doha la victoria que nos ponía de nuevo en carrera. La mufa parecía ahora cambiar de lado de la grieta para quedarse del lado del Gobierno. En un par de días, Polonia nos dirá si la mala suerte viene del lado de Cristina, de Alberto, de Macri o si se remonta al fondo de nuestra historia. Es el error de querer mezclar los imprevistos que arrastra el fútbol con el destino de la política.

Hasta el académico kirchnerista Ricardo Forster puede caer en la trampa. A pesar de su tránsito por la filosofía y sus escritos sobre la obra de Walter Benjamin, no logró resistir la tentación de ahogarse en las aguas peligrosas del fútbol. “El gol de Messi rozó el corazón de Néstor Kirchner”, escribió después de que el futbolista nos diera unos días más de oxígeno en el Mundial.

Además de la inflación récord, de la pobreza, la inseguridad, de la corrupción sin condena y del dólar que no logramos controlar, están la tontería y la costumbre de banalizar hasta los goles de un deporte hermoso. Por suerte, siempre quedará Messi.

Fuente: Infobae

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