La economía del próximo verano: cómo espera el Gobierno que evolucionen las principales variables macro

ECONOMÍA Por Mariano Boettner*
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Comenzado diciembre, en los despachos oficiales comienzan a hacer los primeros balances de fin de año, aún cuando restan cuatro semanas en medio de una coyuntura económica que entrega novedades y sorpresas de manera permanente.

La hoja de ruta que imagina el equipo económico, según fuentes oficiales consultadas por Infobae, incluye, para la última parte del 2022 y el inicio del electoral 2023 un par de elementos que configuran un escenario un poco más benévolo que el actual: una inflación con índices mensuales que arranquen con 4%, precios internacionales más bajos que pongan menos presión a las reservas en el Banco Central para importar y continuar el camino de recorte fiscal que plantea el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Un par de debates que sobrevuelan la discusión económica, en el mercado pero también dentro de la coalición de Gobierno, tiene que ver sobre cómo debería ser la secuencia de la economía en el año de elecciones presidenciales, en términos de actividad económica, gasto público e inflación.

Hay, en ese sentido, quienes prefieren en el Gobierno llegar a la instancia electoral con una inflación a la baja, incluso si eso implicara resignar parte del ritmo de crecimiento de la actividad agregada.

Según algunos analistas, existe correlación entre aumentar el gasto público y las posibilidades de ganar las elecciones, un tema sobre el que incluso eligió pronunciarse el ministro de Economía Sergio Massa.

La economía que trazan en el ministerio a cargo de Sergio Massa para los próximos meses tiene como principal prioridad la acumulación de reservas de divisas. A eso respondió la medida de dólar soja 2 reeditada tras la experiencia de septiembre, para buscar unos USD 3.000 millones para alimentar a la posición de activos externos del Banco Central.

Para los cálculos privados, el aporte del dólar soja 2 hará que la autoridad monetaria pueda alcanzar el objetivo acordado con el FMI de USD 5.000 millones de divisas acumuladas en comparación con el fin de 2021.

Un diagnóstico similar hizo recientemente el presidente del BCRA Miguel Pesce: “Vamos a cumplir la meta que tenemos planteada para fin de año, especialmente con lo que ingresó del dólar soja y otros ingresos que estamos esperando del financiamiento chino para las represas, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otras multilaterales”, agregó en su discurso de cierre de las jornadas financieras y monetarias de esta semana.

De las palabras de Massa en algunas apariciones públicas y según comentan cerca suyo, los próximos meses tendrán como columnas vertebrales la “reducción de la inflación, sostener e incrementar los niveles de crecimiento proyectados en el Presupuesto”. El Ministerio de Economía, en ese sentido, cree que el 2% de expansión del PBI que queda de manifiesto en el Presupuesto 2023 podría ser mayor.

Massa aseveró también en una reunión con enviados de los gobernadores, que las negociaciones con el FMI ratificarán la meta de 1,9% de déficit primario, que también “vamos a consolidar el proceso de acumulación de reservas”, que para el 2023 prevé unos USD 700 millones de acumulación de divisas a lo largo del verano. “Empieza a estar operativo a partir de diciembre el swap con China para las importaciones”, les anticipó el ministro a los funcionarios provinciales.

Pagos de importaciones

Un tema que genera especial preocupación es la disponibilidad de divisas para el pago de importaciones, que aparece en el tope de las preocupaciones de empresarios industriales.

Más allá de las rispideces actuales entre entidades como la UIA y el Gobierno por este tema, en el equipo económico repiten que algunos precios internacionales que durante 2022 presionaron la cuenta de reservas por haber demandado más dólares, por ejemplo, de energía, no serán tan altos durante 2023.

Si ese escenario se diera como imaginan en el Palacio de Hacienda, creen que habrá chances para que la canilla de divisas para la compra en el exterior de bienes e insumos s abra un poco más. Y si eso sucediera, ese combustible adicional podría allanar el terreno para que las cifras de crecimiento del PBI del año electoral sea superior al 2 por ciento.

Hay un debate que quedó abierto entre el Gobierno y el Fondo Monetario que el Gobierno considera decisiva para la economía del año próximo, y es el costo de la guerra en Ucrania para la economía argentina.

Un informe que el ministro Massa le entregó en mano a la directora gerente del FMI Kristalina Georgieva en su última reunión en Indonesia aseguró que “la invasión de Rusia a Ucrania provocó cambios importantes en la escena económica mundial, lo que generó una incidencia negativa de USD 4.940 millones en la balanza comercial atribuido a un shock generalizado en los precios internacionales del sector agropecuario (soja 9,4%, trigo 33,7% y maíz 17,8%) y en los precios de los combustibles (gas boliviano 114%, GNL 233% y Gasoil 85%)”, menciona.

También creen que hubo un impacto fiscal. Al calcular cómo hubiese terminado la cuenta de subsidios en caso de que no hubiese existido el incremento de precios por el conflicto bélico, Economía concluyó que le representó 587.000 millones de pesos adicionales.

Todavía no está claro qué peso puede tener ese costo calculado por el Gobierno para la continuidad, tal como están planteadas, de las metas de déficit y reservas en el Banco Central de 2023 que aparecen desafiantes: el BCRA deberá juntar USD 4.800 millones, apenas USD 200 millones menos que este año que empieza a despedirse y que requirió medidas, restricciones y planes de estímulo especiales para conseguirlos.

 

 

* Para www.infobae.com

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