


Blindaje económico: las nuevas estrategias oficiales para sostener el superávit fiscal
ECONOMÍA Ramiro FORTIS
El mantenimiento del superávit fiscal se ha consolidado como el núcleo indiscutible del programa económico del Gobierno, demandando una ingeniería financiera cada vez más sofisticada. En un escenario donde el gasto público ya se redujo a 15 puntos del Producto Bruto Interno (PBI) —niveles mínimos similares a los de la década de 1990—, el ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció la urgencia de apuntalar los ingresos del Estado. Para evitar fisuras en las cuentas públicas frente a la volatilidad de la recaudación y la presión del Congreso, el Palacio de Hacienda activó un paquete de medidas de blindaje fiscal.
Una de las decisiones más determinantes fue la postergación de la entrada en vigencia del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) hasta el próximo 1° de noviembre. De acuerdo con proyecciones de la consultora Facimex, esta prórroga en los mecanismos de la reforma laboral generó un ahorro fiscal equivalente al 0,15% del PBI. Esta maniobra formó parte de los compromisos de contingencia asumidos ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) para asegurar la meta de un superávit primario del 1,4% del PBI durante 2026. En la misma dirección, el Ejecutivo asistió financieramente al PAMI mediante una transferencia de Letras Capitalizables (Lecap) por $580.000 millones, evitando así erogaciones directas en efectivo.
Estas herramientas de contención resultaron indispensables debido a que el desempeño de los recursos tributarios tradicionales continúa mostrando debilidades. Si bien mayo registró un alivio temporal gracias a un fuerte repunte en la liquidación de Ganancias por parte de las sociedades, este fenómeno no obedeció a una mejora en la actividad económica. Al contrario, las firmas adelantaron pagos con el propósito de quedar habilitadas para distribuir dividendos.
Al depurar este factor estacional, los impuestos que miden el pulso del consumo y el empleo exhiben un panorama contractivo. En mayo, el IVA neto sufrió una caída real del 3,1% interanual, mientras que el impuesto al cheque y las contribuciones patronales también profundizaron su tendencia a la baja. Este enfriamiento de los tributos vinculados a la actividad interna no pone en riesgo el equilibrio fiscal inmediato, pero impone un límite riguroso a la baja de impuestos planificada y condiciona las futuras actualizaciones del Mínimo No Imponible de Ganancias. En este marco de austeridad extrema, el Gobierno apuesta a las recientes privatizaciones de empresas energéticas y a la sintonía fina en los subsidios al transporte para neutralizar los costos de las leyes de financiamiento universitario y emergencia en discapacidad, manteniendo inalterable su meta de disciplina fiscal.








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