


Más fibra, vitaminas y protección: por qué los expertos aconsejan sumar estos alimentos a la dieta diaria
SALUD Y NUTRICIÓN
Ana COHEN
Mantener una alimentación equilibrada no solo implica controlar las cantidades o elegir alimentos frescos. También es fundamental incorporar los nutrientes que el organismo necesita para funcionar correctamente. Entre ellos, la fibra alimentaria ocupa un lugar clave por los múltiples beneficios que aporta a la salud digestiva, metabólica y cardiovascular.
La fibra es un tipo de carbohidrato natural presente exclusivamente en alimentos de origen vegetal como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas. A diferencia de otros nutrientes, no se digiere ni se absorbe en el intestino delgado. En cambio, llega al intestino grueso, donde es fermentada por las bacterias que forman parte de la microbiota intestinal.
El papel de la fibra en la salud intestinal
Durante el proceso de fermentación se producen gases, energía y ácidos grasos de cadena corta, compuestos que desempeñan funciones fundamentales para el equilibrio del organismo.
Según especialistas, estos ácidos grasos contribuyen a mantener una microbiota saludable, motivo por el cual la fibra es considerada un prebiótico natural, es decir, un nutriente que favorece el crecimiento y la actividad de las bacterias beneficiosas del intestino.
Una microbiota equilibrada se relaciona con una mejor digestión, una mayor protección frente a enfermedades y un adecuado funcionamiento del sistema inmunológico.
Ayuda a controlar el peso y mejora la saciedad
Uno de los efectos más valorados de la fibra es su capacidad para generar sensación de saciedad.
Las dietas ricas en fibra requieren una mayor masticación, lo que incrementa la producción de saliva y favorece una mejor higiene bucal. Además, este nutriente enlentece el vaciamiento gástrico, haciendo que la sensación de plenitud dure más tiempo.
Esto puede contribuir al control del apetito y ayudar a mantener un peso saludable.
Beneficios para el corazón y la prevención de enfermedades
Diversas investigaciones demostraron que una alimentación rica en fibra se asocia con un menor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas.
Entre sus beneficios más destacados se encuentran:
Reducción de los niveles de colesterol.
Mejor control de la glucosa en sangre.
Disminución del riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Menor probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2.
Los especialistas explican que estos efectos están relacionados con la producción de ácidos grasos de cadena corta y con la capacidad de la fibra para modular la absorción de nutrientes en el sistema digestivo.
El beneficio más conocido: mejorar el tránsito intestinal
Si hay una función por la que la fibra es ampliamente reconocida es por su impacto positivo sobre el tránsito intestinal.
Numerosos estudios demostraron que una dieta rica en fibra puede:
Prevenir y aliviar el estreñimiento.
Mejorar algunos episodios de diarrea.
Reducir el riesgo de enfermedad diverticular.
Favorecer la salud general del colon.
Además, existe evidencia científica que vincula un mayor consumo de fibra con una disminución del riesgo de cáncer colorrectal, una de las enfermedades oncológicas más frecuentes a nivel mundial.
Cuánta fibra se recomienda consumir por día
Para aprovechar todos estos beneficios, los expertos recomiendan mantener una ingesta adecuada de fibra dentro de una alimentación variada y equilibrada.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja consumir al menos 25 gramos de fibra por día.
Esta cantidad puede alcanzarse fácilmente incorporando alimentos como:
Frutas frescas.
Verduras.
Legumbres.
Cereales integrales.
Frutos secos.
Semillas.
Además, la OMS recomienda consumir cinco porciones de frutas y verduras por día y entre cuatro y cinco raciones de legumbres por semana.
La importancia de aumentar el consumo de forma gradual
Aunque la fibra aporta numerosos beneficios, los especialistas advierten que incrementar su consumo de manera brusca puede generar algunas molestias digestivas.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:
Hinchazón abdominal.
Gases.
Sensación de pesadez o malestar digestivo.
Por este motivo, recomiendan incorporar la fibra de manera progresiva y acompañarla con una adecuada hidratación, permitiendo que el sistema digestivo se adapte gradualmente.
Incluir más frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y semillas en la alimentación diaria es una de las estrategias más simples y efectivas para mejorar la salud digestiva, proteger el corazón y prevenir enfermedades a largo plazo.












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