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title: "El fútbol, lo más importante de lo menos importante"
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date_modified: "2026-07-20T07:03:21-03:00"
author_name: "Por Carlos Zimerman"
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# El fútbol, lo más importante de lo menos importante

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***Por Carlos Zimerman***

Hay frases que sobreviven al paso del tiempo porque encierran una verdad imposible de discutir. **"El fútbol es lo más importante de lo menos importante".** La frase no me pertenece. Se la escuché hace muchos años a un maestro del periodismo argentino como fue **Víctor Brizuela**, y desde entonces cada Mundial confirma la enorme dimensión de ese concepto.

Los argentinos somos un pueblo apasionado. Cuando la pelota empieza a rodar, dejamos de lado diferencias políticas, sociales e ideológicas. **Durante un Mundial nos abrazamos con desconocidos, sufrimos como si cada partido fuera el último y sentimos que once jugadores representan a casi cincuenta millones de personas.** Eso no ocurre en ninguna otra actividad humana con semejante intensidad.

Y está bien que así sea.

El fútbol es, probablemente, **el deporte más hermoso, más popular y más convocante del planeta.** Ninguna otra disciplina deportiva genera semejante nivel de identificación colectiva. Durante poco más de un mes, el mundo parece detenerse para mirar una cancha de fútbol.

También es un enorme negocio. **Mueve miles de millones de dólares, genera empleo, inversiones, turismo, publicidad y una industria gigantesca.** Le da trabajo a millones de personas y produce recursos económicos extraordinarios. No hay nada que reprocharle a eso. Es parte del fenómeno que convirtió al fútbol en el espectáculo más importante del mundo.

Pero alrededor del fútbol también aparecen quienes siempre encuentran la manera de sacar provecho de cualquier circunstancia.

**Los políticos rara vez dan puntada sin hilo.** Saben que durante un Mundial buena parte de la sociedad tiene su atención concentrada en otra cosa. Mientras millones discuten una formación, un cambio o un penal, muchas veces avanzan decisiones que en otro contexto ocuparían el centro de la escena pública.

No es casualidad. Es política.

Pero ningún Mundial dura para siempre.

**Todo campeonato tiene un partido final y todo festejo termina cuando el árbitro marca el final.**

Argentina no pudo levantar la Copa. Duele, porque siempre queremos ganar. Nadie juega una final para conformarse con el segundo puesto. Pero llegar nuevamente a disputar el partido decisivo del Mundial es un mérito enorme que no puede minimizarse por un resultado.

**La derrota deportiva es apenas una tristeza pasajera para quienes vivimos el fútbol como hinchas.**

Los jugadores lo sienten de otra manera porque es su profesión. Nosotros, en cambio, volvemos a nuestra vida cotidiana apenas termina el torneo.

Y ahí aparece la verdadera realidad.

**Los problemas que existían antes del Mundial siguen exactamente donde estaban.**

La inflación sigue golpeando el bolsillo de millones de argentinos. La inseguridad continúa siendo una preocupación diaria. Las pequeñas y medianas empresas siguen haciendo esfuerzos enormes para sobrevivir. Comerciantes, trabajadores, jubilados y emprendedores continúan enfrentando los mismos desafíos que tenían hace un mes.

Nada de eso desapareció.

Simplemente quedó durante algunas semanas detrás de la inmensa pasión que despierta un Mundial.

Ahora ya no habrá partidos para esperar ni formaciones para discutir. No habrá penales que nos hagan sufrir ni goles que nos hagan abrazarnos.

**Ahora vuelve la agenda de todos los días.**

La de las familias que necesitan llegar a fin de mes.

La de los jóvenes que buscan oportunidades.

La de quienes esperan que la salud pública funcione.

La de quienes reclaman seguridad.

La de quienes necesitan reglas claras para invertir, producir y generar empleo.

**Esa es la verdadera final que empieza a jugarse desde hoy.**

Y esa final ya no depende de Scaloni, de Messi ni de ningún futbolista.

**Depende exclusivamente de quienes tienen la responsabilidad de gobernar.**

Porque durante las campañas electorales escuchamos promesas de crecimiento, de desarrollo, de seguridad, de educación, de salud, de trabajo y de una mejor calidad de vida. **Esas promesas fueron las que convencieron a millones de argentinos de acompañarlos con su voto.**

Por eso, **ahora les toca jugar a los políticos.** Ellos son quienes deben ganar el partido que nos prometieron y que fue, precisamente, **la razón por la que los votamos.**

**A Lionel Messi podemos perdonarle un penal errado. A cualquier futbolista podemos comprenderle una derrota. Es un juego. El fútbol siempre ofrece revancha.**

**Pero a los políticos no les podemos perdonar que fallen cuando tienen en sus manos el destino de millones de argentinos.** Porque ellos no juegan por una copa ni por una medalla. **Juegan con el presente y el futuro de la gente.**

**Cuando un futbolista erra un penal, perdemos un partido. Cuando un político fracasa, pierde toda la sociedad.**

**El Mundial terminó. Se acabó la anestesia colectiva. Ahora empieza el partido más importante de todos. Y esta vez, los que están obligados a ganar son quienes fueron elegidos para gobernar.**

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