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date_modified: "2026-08-09T00:56:52-03:00"
author_name: "Ricardo ZIMERMAN"
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# Construir poder para después del poder

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**Por RICARDO ZIMERMAN**

**x: @RicGusZim1**

**Falta demasiado para que las candidaturas queden formalmente definidas, pero en política casi nunca importa tanto el calendario como la sensación de que una elección ya comenzó. Y en la Argentina esa sensación empieza a instalarse con fuerza. El Gobierno de Javier Milei todavía tiene por delante una parte sustancial de su mandato, pero en la Casa Rosada ya aparece una pregunta que incomoda: cómo construir una mayoría suficiente para que el Presidente pueda aspirar a un segundo período sin depender exclusivamente de la épica libertaria que lo llevó al poder en 2023.**

**El problema para el oficialismo es que aquella elección fue, en buena medida, una competencia extraordinaria. Milei llegó a la Presidencia prometiendo romper con un sistema político que había perdido buena parte de su credibilidad y consiguió transformar el rechazo a la dirigencia tradicional en una formidable fuerza electoral. Dos años y medio después, el escenario es diferente. El Gobierno tiene gestión, tiene resultados que mostrar y conserva una identidad política definida, pero también enfrenta desgaste, conflictos internos y la aparición de alternativas que pueden disputar segmentos del electorado que alguna vez parecían cautivos.**

**La discusión alrededor de Victoria Villarruel es, en ese sentido, mucho más importante de lo que algunos funcionarios parecen creer. No porque la Vicepresidenta tenga hoy una candidatura confirmada ni porque esté en condiciones de desafiar abiertamente al Presidente, sino porque representa algo que el oficialismo preferiría mantener bajo control: la posibilidad de que una parte del electorado de derecha encuentre una expresión distinta de Milei.**

**El dato político no es que Villarruel critique al Gobierno. El dato es que puede hacerlo desde un lugar que no resulta sencillo de descalificar. Fue parte de la fórmula presidencial, llegó al Senado junto con Milei y comparte con el oficialismo una parte importante de sus posiciones ideológicas. Por eso, cuando cuestiona al Presidente, no aparece necesariamente ante todos sus votantes como una dirigente opositora tradicional. Puede ser interpretada, precisamente, como alguien que pretende disputar el sentido original de aquel proyecto.**

**Ahí aparece una contradicción que el Gobierno todavía no resolvió. Milei necesita conservar la idea de que su liderazgo es insustituible, pero cuanto más intenta convertir esa premisa en una verdad política absoluta, mayor es el riesgo de que cualquier figura que comparta una parte de su electorado sea considerada una amenaza. El resultado puede ser paradójico: un oficialismo que dice no tener competidores reales termina dedicando una enorme cantidad de energía a explicar por qué quienes podrían competir no representan ningún peligro.**

**La ofensiva verbal contra Villarruel también exhibe otra característica de la política libertaria: la dificultad para convivir con una disidencia que provenga de su propio espacio. En una fuerza que nació alrededor de un liderazgo personalista y de una fuerte identificación con la figura presidencial, la autonomía puede convertirse rápidamente en deslealtad. Y cuando la discusión interna deja de tramitarse políticamente para trasladarse al terreno de los cuestionamientos públicos, el conflicto adquiere una dimensión que excede a sus protagonistas.**

**El problema, además, es electoral. Si Villarruel decidiera competir por fuera de la estructura oficial, no necesitaría necesariamente conquistar una mayoría del electorado para complicar al Gobierno. Le alcanzaría con representar un porcentaje relativamente pequeño de votantes conservadores para alterar una elección ajustada. En un sistema donde la fragmentación puede definir resultados, cinco puntos pueden valer mucho más que una declaración de principios.**

**Por eso tampoco debería sorprender la atención con la que el oficialismo observa los movimientos del PRO. La eventual candidatura de Hernán Lacunza todavía parece distante de convertirse en una amenaza electoral concreta, pero revela que el espacio de centro derecha no necesariamente está dispuesto a aceptar que La Libertad Avanza sea su única expresión política. La discusión sobre quién tiene derecho a competir puede parecer secundaria, pero en realidad encierra una disputa mucho más profunda: quién será el dueño de la representación no peronista cuando llegue el momento de votar.**

**El PRO se encuentra ante una decisión incómoda. Puede convertirse en socio subordinado del oficialismo y apostar a una integración progresiva con La Libertad Avanza, o intentar conservar una identidad propia para negociar desde una posición de mayor autonomía. Mauricio Macri todavía conserva influencia suficiente como para condicionar esa discusión, aunque su espacio tampoco parece tener una respuesta definitiva sobre qué hacer frente a la expansión libertaria.**

**La frase “blindar el cambio” resume buena parte del dilema. Porque una cosa es defender las reformas económicas impulsadas por Milei y otra muy distinta es renunciar a competir por el liderazgo político de ese proceso. El PRO puede acompañar al Gobierno en el Congreso, compartir determinadas políticas y al mismo tiempo considerar que el futuro de la derecha argentina no necesariamente tiene que estar asociado exclusivamente al Presidente.**

**Y allí aparece otro problema para Milei: la elección de su eventual compañero de fórmula. El Presidente ya dejó trascender que tiene decidido quién lo acompañará, aunque el nombre todavía permanece bajo reserva. Martín Menem aparece entre las especulaciones por su cercanía con Karina Milei y por el lugar que ocupa dentro del armado oficialista. Patricia Bullrich también aparece en las conversaciones, aunque su situación tiene una particularidad: no solo se proyecta para una eventual fórmula presidencial, sino que ya expresó su intención de disputar la sucesión de Milei después de un segundo mandato.**

**Eso revela que dentro del oficialismo también existe una discusión que todavía nadie quiere hacer demasiado visible: qué ocurrirá con el movimiento libertario cuando deje de ser simplemente el vehículo electoral de Milei. Mientras el Presidente concentra el poder, la pregunta puede postergarse. Pero una fuerza política que aspira a convertirse en algo más que una experiencia de gobierno necesita dirigentes capaces de disputar el futuro.**

**En el peronismo, mientras tanto, la situación no ofrece demasiadas certezas. Máximo Kirchner busca ampliar su perfil nacional y recorrer el país, mientras los intendentes y otros sectores del peronismo bonaerense presionan para que termine la disputa con Axel Kicillof. La fractura entre distintas vertientes opositoras continúa siendo, por ahora, una ventaja relativa para el oficialismo. Pero sería un error estratégico suponer que esa división permanecerá intacta hasta 2027.**

**La política argentina tiene una particularidad que los gobiernos suelen descubrir tarde: aquello que parece una fotografía permanente puede cambiar en cuestión de meses. El peronismo puede reconstruir una unidad electoral, el PRO puede redefinir su relación con Milei, Villarruel puede decidir competir o no hacerlo y dentro del propio oficialismo pueden surgir nuevas figuras.**

**Por eso, más que las candidaturas puntuales, lo que empieza a discutirse es el mapa político posterior a Milei. El Presidente pretende obtener un segundo mandato, pero para conseguirlo deberá demostrar que su proyecto puede sobrevivir a la lógica de confrontación permanente que lo acompañó desde su nacimiento. Necesitará aliados, dirigentes territoriales, candidatos competitivos y, sobre todo, una coalición electoral que exceda a los convencidos.**

**El mayor riesgo para Milei no parece ser hoy una oposición unificada y poderosa. Es algo más silencioso: que el electorado que lo llevó a la Casa Rosada deje de considerarlo como la única alternativa posible dentro de la derecha. Si aparecen demasiadas opciones, el Presidente puede perder votos sin que ninguna de ellas tenga capacidad suficiente para reemplazarlo.**

**Esa es la paradoja que comienza a recorrer al oficialismo. Milei llegó al poder prometiendo terminar con la vieja política y ahora debe aprender una de sus reglas más antiguas: gobernar no alcanza. También hay que construir poder para después del poder. Y cuanto antes empiece a discutir el 2027, más evidente será que la elección que pretende ganar todavía no existe, pero que la competencia por el electorado que puede definirla ya está en marcha.**

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