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title: "Negociar sin resignar el programa"
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date_published: "2026-08-12T14:34:00-03:00"
date_modified: "2026-08-12T11:47:17-03:00"
author_name: "Ricardo ZIMERMAN"
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# Negociar sin resignar el programa

![ChatGPT Image 12 ago 2026, 11_45_48](/download/multimedia.normal.964d7fe21975bbdb.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

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**Por RICARDO ZIMERMAN**

**x: @RicGusZim1**

**La mesa política del Gobierno ya se reunió y dejó una conclusión bastante menos tranquilizadora de la que probablemente pretendan transmitir sus protagonistas. El problema del oficialismo no consiste solamente en ordenar una agenda legislativa demasiado extensa ni en decidir qué proyecto debe llegar primero al Congreso. La dificultad es más profunda: Javier Milei tiene por delante una segunda etapa de su administración en la que deberá demostrar si puede transformar su voluntad de cambio en una mayoría política capaz de sostenerla.**

**La reunión encabezada por Karina Milei tuvo, por eso, una importancia que excede el habitual encuentro de coordinación de los martes. Allí estuvieron dirigentes que representan distintas piezas del poder oficialista y, excepcionalmente, también participó Federico Sturzenegger. El ministro de Desregulación y Transformación del Estado llegó a la discusión después de haber recibido cuestionamientos internos por algunas de las iniciativas que impulsó y, sobre todo, después del complicado recorrido parlamentario de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada.**

**No parece razonable interpretar su presencia solamente como un gesto de respaldo. Lo fue, desde luego, porque el Presidente continúa defendiendo a uno de los funcionarios más identificados con su proyecto de transformación del Estado. Pero también significó algo más incómodo: los proyectos de Sturzenegger deberán pasar ahora por una instancia política antes de convertirse en prioridades legislativas. Dicho de otro modo, el Gobierno descubrió que una buena idea desde la perspectiva técnica o ideológica no necesariamente constituye una buena iniciativa parlamentaria en cualquier momento.**

**Ese aprendizaje llega después de una votación que debería haber encendido varias luces de alarma. El oficialismo consiguió avanzar con la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, pero tuvo que quitarle partes importantes para reunir los votos necesarios. Los capítulos vinculados con la extranjerización de tierras y el manejo del fuego quedaron en el camino. También se debilitó la pretensión original respecto de otros aspectos del proyecto. El resultado final permitió al Gobierno exhibir una aprobación, pero difícilmente pueda presentarse como una demostración de fortaleza política.**

**El problema no está en negociar. En realidad, cualquier gobierno democrático que no posee mayorías propias debe hacerlo. El problema aparece cuando la negociación es considerada una excepción y no una condición permanente del ejercicio del poder. El oficialismo ha logrado durante buena parte de su gestión aprobar iniciativas mediante acuerdos puntuales, pero cada nuevo proyecto vuelve a colocar sobre la mesa la misma pregunta: ¿quiénes son realmente sus aliados y hasta dónde están dispuestos a acompañarlo?**

**La respuesta que dejó el Senado fue incómoda. Provincias consideradas cercanas al Gobierno se mostraron dispuestas a acompañar algunos aspectos de la estrategia nacional, pero también marcaron límites cuando entendieron que determinadas reformas afectaban intereses locales o podían generarles costos políticos. Tucumán, Catamarca, Salta, Misiones, Neuquén, Chubut y Corrientes, entre otras jurisdicciones, mostraron que la palabra “aliado” tiene un significado bastante más relativo de lo que parece en los despachos oficiales.**

**Los gobernadores no responden a una lógica idéntica a la del Presidente. Tienen presupuestos que administrar, estructuras partidarias que conservar, elecciones que enfrentar y legisladores que deben responder a realidades provinciales. Pueden coincidir con Milei en la necesidad de sostener el equilibrio fiscal y, al mismo tiempo, rechazar una modificación de la Ley de Tierras. Pueden acompañar una reforma económica y resistir una reforma electoral. Pueden necesitar recursos nacionales y, simultáneamente, negociar hasta el último artículo de una iniciativa que consideren inconveniente.**

**La política funciona precisamente porque esos intereses diferentes existen. Pretender que desaparezcan mediante una sucesión de acuerdos particulares puede servir para una votación, pero difícilmente construya una coalición duradera.**

**Ese es el punto que la mesa política parece haber empezado a reconocer. La presencia de Diego Santilli, Luis Caputo, Patricia Bullrich, Martín Menem, Eduardo “Lule” Menem, Santiago Caputo y otros dirigentes muestra que el Gobierno necesita algo más que un equipo encargado de producir reformas. Necesita una estructura que determine cuándo conviene presentar cada una, qué modificaciones deben realizarse y qué precio político está dispuesto a pagar por aprobarla.**

**La agenda que quedó sobre la mesa confirma la magnitud del desafío. La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, la nueva versión de Inocencia Fiscal, una nueva iniciativa vinculada con el RIGI y los cambios en materia electoral demandarán negociaciones diferentes. No existe un único acuerdo que permita resolver todos esos expedientes. Cada uno afecta intereses distintos y obliga al oficialismo a sentarse con interlocutores que, en algunos casos, pueden compartir parcialmente sus objetivos y rechazar otros.**

**La reforma electoral constituye, probablemente, el terreno más delicado. Allí los gobernadores no negocian solamente una política pública: negocian las reglas con las que deberán disputar poder. La eventual eliminación de las PASO, por ejemplo, no es percibida de la misma manera desde la Casa Rosada que desde las provincias. Para el Gobierno puede significar una reducción de costos y una modificación del sistema electoral; para los mandatarios puede alterar la organización interna de sus fuerzas y las posibilidades de supervivencia de determinadas estructuras políticas.**

**Por eso resulta difícil imaginar que esas discusiones se resuelvan apelando exclusivamente a la identificación ideológica con el Gobierno nacional.**

**La situación también obliga a mirar el papel de Sturzenegger con mayor distancia de las polémicas personales. Durante los últimos días se instaló la posibilidad de que el ministro hubiera quedado debilitado. Hubo motivos para esa lectura. El episodio relacionado con el practicaje y el posterior retroceso oficial, sumado a las dificultades que sufrió el proyecto sobre propiedad privada, alimentaron la percepción de que su programa había encontrado un límite político.**

**Sin embargo, Milei no parece dispuesto a abandonar esa agenda. Y difícilmente pueda hacerlo sin pagar un costo político importante. La desregulación constituye una de las banderas centrales del Gobierno y Sturzenegger es uno de sus principales ejecutores. El respaldo presidencial, por lo tanto, no significa que todo lo que proponga el ministro será aprobado tal como fue diseñado. Significa que la Casa Rosada todavía considera indispensable la dirección general de esas reformas.**

**La diferencia es importante. Una cosa es preservar el programa y otra muy distinta es suponer que cada iniciativa debe llegar al Congreso en su versión original. La política consiste, entre otras cosas, en determinar qué se puede sostener sin modificaciones, qué debe ser negociado y qué conviene postergar.**

**El oficialismo parece estar ingresando finalmente en esa etapa.**

**También resulta significativo el cambio en la estrategia de comunicación. El Gobierno pretende que cada proyecto sea explicado antes de llegar al Congreso y que existan interlocutores capaces de defenderlo públicamente según la temática. Es una reacción comprensible frente a las dificultades que tuvieron algunas iniciativas para instalarse en la sociedad y, posteriormente, encontrar respaldo parlamentario.**

**Pero la comunicación no puede reemplazar a la política. Explicar mejor una reforma no garantiza que un gobernador la apoye. Tampoco consigue automáticamente los votos de un diputado o de un senador. La pedagogía pública puede mejorar las condiciones de una discusión, pero no elimina los intereses contrapuestos que existen dentro del Congreso.**

**Ese parece ser el gran desafío que dejó la reunión de la mesa política. El Gobierno necesita preservar su identidad reformista sin convertir cada negociación en una prueba de obediencia. Necesita aliados, pero todavía no ha construido una alianza estable. Necesita gobernadores dispuestos a acompañar determinadas transformaciones, pero también debe aceptar que esos mismos gobernadores no serán necesariamente oficialistas en todos los temas.**

**Después de más de dos años de gestión, la discusión ya no puede reducirse a quién tuvo la culpa de una derrota parcial o de un proyecto que llegó debilitado al recinto. La cuestión es estructural. Milei consiguió modificar buena parte de la conversación pública argentina y obtuvo resultados legislativos que al comienzo de su mandato parecían difíciles de imaginar. Pero todavía no consiguió transformar esa capacidad de iniciativa en un sistema político propio.**

**La mesa política puede ordenar expedientes, establecer prioridades y evitar errores de coordinación. Puede incluso impedir que determinados proyectos sean enviados al Congreso antes de tiempo. Lo que no puede hacer por sí sola es fabricar una mayoría.**

**Ese es el límite que apareció detrás de la última sesión del Senado y que la reunión del oficialismo intentó procesar. El Gobierno todavía conserva voluntad, iniciativa y una agenda reformista considerable. Lo que está en discusión es si será capaz de convertir esas herramientas en acuerdos duraderos.**

**Porque una cosa es ganar una elección y otra muy diferente es construir poder. La primera permite gobernar. La segunda permite transformar.**

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