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title: "Milei toma partido en una interna que vuelve a incomodar al Gobierno"
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date_published: "2026-10-10T14:34:00-03:00"
date_modified: "2026-10-08T13:19:56-03:00"
author_name: "Ricardo ZIMERMAN"
category_name: "OPINIÓN"
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# Milei toma partido en una interna que vuelve a incomodar al Gobierno

![ChatGPT Image 8 oct 2026, 13_19_00](/download/multimedia.normal.895ee62b3eb74999.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

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**Por RICARDO ZIMERMAN**

**x: @RicGusZim1**

**Hay internas que nacen de una disputa por cargos, otras de una diferencia electoral y algunas, bastante más difíciles de explicar, sobreviven porque expresan algo más profundo que una pelea circunstancial. La discusión sobre el islam que enfrenta desde hace tiempo al sector de Santiago Caputo con dirigentes vinculados a la familia Menem pertenece a esta última categoría. Y la intervención pública de Javier Milei acaba de convertir nuevamente esa controversia en un asunto de la política oficial.**

**El episodio tiene como protagonista a Daniel Parisini, conocido como “Gordo Dan”, después de que el Centro Islámico de la República Argentina presentara una denuncia penal a raíz de una publicación suya. La organización invocó la Ley 23.592 y dejó en manos de la Justicia determinar si las expresiones cuestionadas podían encuadrarse en alguna figura vinculada con la incitación al odio religioso. La discusión judicial recién comienza, pero la discusión política dentro del oficialismo parece bastante más antigua.**

**La imagen que originó la controversia no fue una crítica convencional a una religión. Su diseño asociaba el islam, mediante una representación gráfica, con una extensa enumeración de prácticas violentas y abusivas. Parisini interpretó la denuncia como un intento de silenciar lo que denomina la batalla cultural de Occidente contra el islam. Desde esa perspectiva, el problema no sería solamente una presentación judicial contra un militante digital, sino el comienzo de una disputa mayor acerca de los límites de la libertad de expresión.**

**Pero allí aparece la primera dificultad política. Una cosa es defender la posibilidad de criticar una religión, una ideología o cualquier institución. Otra bastante diferente es convertir a una comunidad religiosa completa en la representación de una lista de delitos y atrocidades. La frontera entre ambas cosas no debería establecerla una interna partidaria ni una pelea en las redes sociales, sino el orden jurídico, con sus garantías y sus procedimientos.**

**Milei decidió, sin embargo, involucrarse. Al reproducir el mensaje de Parisini y acompañarlo con la expresión “Tomar nota”, el Presidente dejó de ser un espectador de la disputa. Su intervención fue interpretada dentro de La Libertad Avanza como un respaldo al universo digital que responde políticamente a Caputo. Y eso importa porque el conflicto con los Menem no había desaparecido: simplemente había quedado temporalmente debajo de otras prioridades del Gobierno.**

**El episodio vuelve así a mostrar una característica particular del oficialismo: algunas de sus principales discusiones no transcurren en reuniones formales ni alrededor de proyectos de ley. Se desarrollan en X, se alimentan de publicaciones, respuestas y agravios, y después terminan teniendo consecuencias dentro de la estructura política. Lo que comienza como una pelea entre usuarios de redes puede terminar involucrando a legisladores, funcionarios y, finalmente, al propio Presidente.**

**Los antecedentes permiten entender por qué esta disputa tiene una sensibilidad especial. Las diferencias entre dirigentes cercanos a Caputo y representantes de la familia Menem alrededor del islam ya habían provocado cruces públicos y privados. La cuestión religiosa funcionó, en realidad, como una suerte de contraseña de una discusión más amplia acerca de quiénes representan auténticamente al universo libertario y qué lugar debe ocupar la militancia digital dentro de la construcción política de La Libertad Avanza.**

**La reciente discusión sobre el papel de los jóvenes militantes digitales en las listas electorales brasileñas volvió a poner ese conflicto sobre la superficie. Una observación de Agustín Romo y la respuesta de Romina Diez alcanzaron para reabrir un debate que parecía controlado. No hacía falta demasiado más: en el oficialismo algunas disputas permanecen latentes hasta que una frase encuentra el momento adecuado para reactivarlas.**

**La respuesta de los dirigentes cercanos a los Menem, al menos según lo planteado en el texto, introduce una diferencia que no debería perderse en medio de la pelea. Terrorismo y religión no son necesariamente equivalentes. Esa distinción parece elemental, pero adquiere importancia cuando una discusión sobre extremismo termina transformándose en una caracterización general de millones de personas que profesan una determinada fe.**

**El momento elegido para que esta controversia reaparezca tampoco es menor. La próxima visita del papa León XIV coloca a la Argentina frente a una escena en la que el diálogo entre distintas tradiciones religiosas tendrá un lugar visible. En ese contexto, una pelea interna del oficialismo alrededor del islam adquiere inevitablemente una dimensión política adicional. No porque el Gobierno deba abandonar sus debates culturales, sino porque sus dirigentes también son responsables de las señales que emiten desde el poder.**

**Hay, además, un antecedente judicial inmediato que vuelve más compleja la discusión. Una denuncia anterior contra Parisini y otros comunicadores libertarios fue archivada parcialmente por la Justicia porteña, que consideró que las expresiones atribuidas a algunos de los denunciados no configuraban los delitos investigados. Eso no determina el resultado de la nueva denuncia ni convierte automáticamente una controversia judicial en otra, pero sí explica por qué Parisini afronta el nuevo episodio desde una posición de confianza en que sus expresiones deben permanecer dentro del ámbito de la libertad de expresión.**

**El problema político para Milei es diferente. Cada vez que interviene en una disputa de este tipo, el Presidente no sólo respalda a una persona. También ordena, aunque sea informalmente, el mapa interno de quienes se sienten reconocidos por él y quienes pueden interpretar esa señal como un desplazamiento. Por eso la frase presidencial tiene más importancia que la publicación original.**

**La cuestión de fondo no es si el Gobierno puede defender la libertad de expresión. Por supuesto que puede y debe hacerlo. La verdadera discusión consiste en determinar si esa defensa exige respaldar cualquier forma de representación utilizada en una batalla cultural o si, por el contrario, una fuerza política que ejerce el poder debe establecer una diferencia entre la crítica legítima y la generalización contra una comunidad religiosa.**

**La interna libertaria vuelve a quedar, de este modo, expuesta a plena luz. Los Menem y el sector de Caputo pueden discutir sobre religión, militancia digital, candidaturas o influencia. Pero cuando el Presidente toma partido en una de esas controversias, deja de tratarse solamente de una guerra de redes. Se convierte en una señal política sobre quién tiene su confianza y qué tipo de discurso considera compatible con el proyecto oficial.**

**Y allí reside la verdadera importancia del episodio. El islam es el tema visible. La disputa por el poder dentro del oficialismo es, probablemente, la cuestión que permanece debajo de la superficie.**

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