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title: "Cada vez más argentinos llegan a la vejez sin vivienda propia y crece la preocupación por el futuro habitacional"
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date_published: "2026-10-12T03:04:00-03:00"
date_modified: "2026-10-10T13:15:38-03:00"
author_name: "Agencia de Noticias del Interior"
category_name: "ECONOMÍA"
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category_description: "Economía argentina e internacional"
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# Cada vez más argentinos llegan a la vejez sin vivienda propia y crece la preocupación por el futuro habitacional

**![adultos-mayores-inquilinos-propiedades](/download/multimedia.normal.b3344f4a4f09c5c7.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)**

- **La cantidad de hogares inquilinos encabezados por mayores de 65 años aumentó en la Ciudad de Buenos Aires entre 2001 y 2022.**
- **La Fundación Tejido Urbano estimó que 359.754 personas de 60 años o más alquilan viviendas en los principales aglomerados urbanos argentinos.**
- **La informalidad laboral y los ingresos insuficientes dificultan el ahorro y el acceso al crédito hipotecario.**
- **Casi cuatro de cada diez jóvenes argentinos de entre 25 y 35 años vivían con sus padres o abuelos durante el primer trimestre de 2026.**
- **La cantidad de hogares inquilinos porteños pasó de 227.545 en 2001 a 517.768 en 2022.**
- **El alquiler prolongado puede dificultar la formación de patrimonio y aumentar la vulnerabilidad habitacional durante la jubilación.**

**El acceso a la vivienda propia se convirtió en un desafío que atraviesa distintas generaciones y amenaza con profundizarse a medida que envejece la población argentina. La prolongación de los alquileres, las dificultades para ahorrar y las barreras para acceder al crédito hipotecario están modificando una trayectoria que durante décadas permitió a numerosos hogares comprar una propiedad antes de llegar a la jubilación. El resultado es un escenario en el que cada vez más personas podrían afrontar la última etapa de su vida sin un inmueble propio y con ingresos previsionales que deberán destinar, al menos en parte, al pago de un alquiler.**

**El fallecimiento de Maricarmen Abascal, una jubilada española de 87 años que murió después de permanecer internada tras ser desalojada de la vivienda de Madrid en la que había vivido durante 71 años, volvió a poner en discusión las consecuencias de la crisis habitacional. Su historia generó protestas y movilizaciones, pero también expuso una problemática que trasciende las fronteras españolas: llegar a la vejez sin patrimonio inmobiliario puede convertir la continuidad residencial en una cuestión de ingresos y condiciones contractuales.**

**En Argentina, los indicadores muestran que esa transformación ya está en marcha. En la Ciudad de Buenos Aires, los hogares inquilinos encabezados por personas de 65 años o más pasaron de 29.949 en 2001 a 53.453 en 2022. Durante el mismo período, la proporción de propietarios dentro de esa franja etaria cayó del 82,4% al 76,2%, mientras que la participación de los hogares inquilinos aumentó del 10,2% al 14,7%.**

**El fenómeno tampoco se limita a la capital del país. La Fundación Tejido Urbano estimó que 359.754 personas de 60 años o más viven en viviendas alquiladas en los principales aglomerados urbanos argentinos. La cifra refleja que el envejecimiento de la población inquilina ya constituye una realidad y plantea interrogantes sobre las condiciones económicas que deberán afrontar quienes lleguen a la jubilación sin una propiedad.**

**El investigador Matías Araujo explicó que la situación habitacional durante la vejez es el resultado de un proceso que comienza mucho antes del retiro laboral. La estabilidad del empleo, la formalidad de los ingresos, la capacidad de ahorro, las posibilidades de acceder a financiamiento y las herencias condicionan la construcción del patrimonio a lo largo de la vida. En ese recorrido, la informalidad laboral puede dificultar tanto la acumulación de recursos como el cumplimiento de los requisitos exigidos para obtener un préstamo hipotecario.**

**Las dificultades aparecen desde edades tempranas. Durante el primer trimestre de 2026, un total de 1.946.957 jóvenes de entre 25 y 35 años continuaban viviendo con sus padres o abuelos, equivalente al 39,7% de ese grupo etario. En la Ciudad de Buenos Aires, la proporción alcanzaba el 26,2%.**

**A esa dependencia habitacional se suma la brecha de ingresos entre trabajadores formales e informales. Entre los jóvenes ocupados de 25 a 35 años, quienes tenían empleos formales percibían un ingreso promedio superior a $1,1 millones, mientras que entre los informales rondaba los $561.000. Esa diferencia condiciona la capacidad de afrontar los gastos cotidianos, pagar un alquiler y reservar una parte de los ingresos para comprar una vivienda.**

**El acceso al crédito tampoco resuelve por sí solo el problema. Un ejercicio de Tejido Urbano estimó que 109.374 hogares inquilinos porteños reunían los ingresos mínimos necesarios para financiar un departamento de dos ambientes. Sin embargo, al incorporar la exigencia de formalidad laboral, el universo se reducía a 99.536 hogares. Incluso para quienes cumplen esas condiciones, todavía queda por reunir el ahorro necesario para cubrir el anticipo de la operación.**

**La evolución del mercado inmobiliario porteño refleja la dimensión del cambio. El Censo 2022 registró 517.768 hogares inquilinos, equivalentes al 36,8% del total, frente a los 227.545 contabilizados en 2001, cuando representaban el 22,2%. Aunque aumentó el parque de viviendas particulares, también creció la cantidad de hogares que alquilan y se retrasó el acceso a la propiedad.**

**En términos económicos, el problema excede la construcción de nuevas unidades: también importa quiénes pueden comprarlas y sostenerlas como patrimonio. Un alquiler permite resolver la necesidad de vivienda, pero no genera un activo propio. Si esa situación se prolonga durante décadas, la posibilidad de llegar a la jubilación con una propiedad se reduce y aumenta la dependencia de ingresos previsionales para cubrir el costo habitacional.**

**La transformación plantea un desafío de largo plazo para Argentina. La combinación de empleo inestable, dificultades de financiamiento y ahorro insuficiente puede trasladar la crisis de acceso a la vivienda desde la juventud hasta la vejez, con consecuencias económicas y sociales que se extenderán durante las próximas décadas.**

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