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title: "Todo está igual como era entonces… o quizá, mucho peor."
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date_published: "2026-10-13T07:08:00-03:00"
date_modified: "2026-10-13T07:13:40-03:00"
author_name: "Por Carlos Zimerman"
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# Todo está igual como era entonces… o quizá, mucho peor.

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***Por Carlos Zimerman***

## RESUMEN

- Los Juegos Odesur terminaron, pasó el Día del Niño y los fines de semana largos quedaron atrás.
- Rafaela se acerca al cierre del año con problemas cotidianos que siguen sin encontrar respuestas suficientes.
- Calles deterioradas, suciedad, caos vehicular e inseguridad forman parte del reclamo de los vecinos.
- Con un año electoral en el horizonte, crece el riesgo de que la campaña vuelva a desplazar las prioridades de la ciudad.
- **Leonardo Viotti tiene que dejar los slogans y demostrar con hechos que puede dar respuestas concretas a los rafaelinos.**

Llegó la hora de ponerse las pilas. De dejar de lado las excusas, guardar los discursos en el cajón y empezar a trabajar en serio. Porque los festejos se terminaron, las luces de los eventos se apagaron, los fines de semana largos quedaron atrás y Rafaela sigue esperando que alguien se ocupe de sus problemas de todos los días.

Pasaron los Juegos Odesur, pasó el Día del Niño, pasaron los anuncios, las fotografías, los actos y las declaraciones grandilocuentes. Estamos llegando a fin de año y la pregunta es tan sencilla como incómoda: **¿qué cambió realmente en la vida cotidiana de los rafaelinos?**

Porque una cosa es mostrar una ciudad en un acto, en una publicación de redes sociales o en un folleto de propaganda política, y otra muy distinta es caminarla, transitarla y padecerla todos los días. La realidad no se tapa con un slogan, ni se arregla con una conferencia de prensa. Mucho menos con una fotografía sonriente.

**Ya casi pasaron tres años desde que Leonardo Viotti asumió la Intendencia y demasiados problemas siguen esperando una solución.** Y cuando uno mira alrededor, la sensación que queda es que aquella vieja frase musical vuelve a cobrar actualidad: *«Todo está igual como era entonces»*. Aunque, para muchos vecinos, las cosas están igual o bastante peor.

Las calles siguen siendo una preocupación permanente. Pozos, baches y sectores deteriorados convierten cada recorrido en una prueba de paciencia para automovilistas, motociclistas y ciclistas. Los vecinos pagan sus impuestos y tienen derecho a exigir calles transitables, mantenimiento y respuestas. No están pidiendo un favor ni reclamando un lujo: están reclamando servicios que forman parte de las obligaciones elementales de cualquier gobierno municipal.

La limpieza es otro de los asuntos que merece atención urgente. La ciudad necesita mantenimiento constante, cuadrillas que trabajen, controles y una política que no dependa de la fotografía del día. **Una ciudad limpia no se construye con discursos: se construye trabajando todos los días.**

Y después está el tránsito, ese problema que parece haberse convertido en una asignatura pendiente. El desorden, las infracciones, la falta de respeto por las normas y los accidentes que se suceden obligan a preguntarse si existe una política sostenida de prevención y control. No alcanza con lamentarse después de cada siniestro. Hace falta presencia, permanencia y rigor, además de educación vial, controles efectivos y sanciones para quienes ponen en riesgo la vida de los demás.

Pero si hay una preocupación que no da tregua, es la inseguridad. Los vecinos quieren vivir tranquilos, caminar por sus barrios sin miedo y saber que existen mecanismos de prevención y respuesta. El Municipio no tiene todas las competencias en materia de seguridad, es cierto, pero eso no lo exime de coordinar, reclamar, colaborar y hacer todo lo que esté a su alcance. **La seguridad de los rafaelinos no puede quedar relegada a una discusión sobre quién tiene la culpa.**

Y mientras tanto, el calendario político sigue avanzando.

El año que viene será electoral y ya sabemos cómo funciona buena parte de la política argentina. Cuando se acercan las elecciones, aparecen las recorridas, los anuncios, las promesas, las inauguraciones y las campañas de comunicación. De pronto, todos descubren las necesidades de los vecinos. Todos quieren escuchar, todos quieren mostrarse cerca de la gente y todos parecen tener la solución que no encontraron durante los años anteriores.

El peligro es que Rafaela vuelva a quedar atrapada en esa lógica perversa: **más tiempo dedicado a preparar la campaña que a resolver los problemas de la ciudad.**

Viotti tiene todavía la responsabilidad de gobernar. No fue elegido solamente para administrar actos, presentar proyectos o exhibir resultados de eventos extraordinarios. Fue elegido para gestionar una ciudad que necesita mantenimiento, servicios eficientes, planificación y respuestas concretas.

Los Odesur ya son parte del pasado. Lo que importa ahora es qué queda después de los festejos, cómo se mantienen las instalaciones, qué prioridades se atienden y cuánto de la gestión se traduce en mejoras visibles para quienes viven y trabajan en Rafaela.

Porque organizar un evento puede ofrecer una vidriera, pero **gobernar es hacerse cargo de lo cotidiano**. Es tapar los pozos, mantener las calles, limpiar los espacios públicos, ordenar el tránsito, coordinar políticas de seguridad y escuchar a quienes reclaman sin obtener respuestas.

No alcanza con decir que se está haciendo. Hay que mostrar qué se hizo, qué falta y cuándo se va a resolver. Los vecinos necesitan plazos, prioridades y resultados, no una colección interminable de explicaciones.

Y que nadie confunda esta exigencia con una cuestión partidaria. Una ciudad no se gobierna para satisfacer a los propios ni para convencer a los adversarios. Se gobierna para todos. Los impuestos los pagan oficialistas, opositores e independientes, y todos tienen el mismo derecho a exigir que el dinero público se traduzca en servicios y mejoras.

**Es hora de que los slogans le den paso a las soluciones. Es hora de que la gestión le gane a la propaganda. Es hora de que el trabajo ocupe el lugar de las excusas.**

Viotti debe entender que el tiempo pasa, que el mandato avanza y que los vecinos no viven de promesas. Viven en calles concretas, padecen problemas concretos y esperan respuestas concretas.

Todavía hay tiempo para corregir, ordenar prioridades y demostrar que las cosas pueden hacerse de otra manera. Pero ese tiempo debe aprovecharse ahora, no cuando la campaña electoral esté en plena marcha y los candidatos vuelvan a descubrir que existe una ciudad con problemas.

Porque Rafaela no puede detenerse a esperar que termine la próxima elección para empezar a funcionar como corresponde.

Y mientras los políticos preparan sus estrategias, los vecinos siguen esperando que alguien se ocupe de lo urgente.

**Todo está igual como era entonces… o quizá, mucho peor.**

La pregunta es cuánto tiempo más tendrá que pasar para que, de una vez por todas, alguien se decida a trabajar en serio.

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