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title: "“Free Palestine”: la bandera detrás de la cual los violentos pretenden convertir a Europa en un caos"
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date_published: "2026-10-25T10:15:00-03:00"
date_modified: "2026-10-25T10:20:51-03:00"
author_name: "Por Carlos Zimerman"
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# “Free Palestine”: la bandera detrás de la cual los violentos pretenden convertir a Europa en un caos

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**Resumen**

- **Bajo el escudo de “Free Palestine”, sectores radicalizados aprovechan el conflicto de Medio Oriente para ganar espacios políticos y trasladar la confrontación a las calles europeas.**
- **Presentar todos estos episodios como simples manifestaciones estudiantiles es ignorar que, en algunas protestas, también participan militantes radicalizados y grupos que justifican la violencia.**
- **Los saqueos, los incendios, la destrucción del patrimonio histórico y el antisemitismo no son expresiones de libertad: son conductas que deben ser condenadas.**
- **La izquierda radical que relativiza estos hechos debe explicar por qué sus principios democráticos parecen desaparecer cuando los violentos pertenecen a su propio espacio ideológico.**
- **Palestina necesita liberarse del terrorismo y de sus dirigentes autoritarios; Europa necesita defender su democracia frente a quienes pretenden imponer sus ideas mediante la intimidación.**

## La falsa solidaridad que esconde una intifada política en Europa

Por Carlos Zimerman

Hay que dejar de lado la ingenuidad y empezar a llamar a las cosas por su nombre. Detrás de la consigna “Free Palestine”, determinados sectores radicalizados están aprovechando una tragedia internacional para ganar protagonismo, ocupar espacios políticos y trasladar a Europa una lógica de confrontación que amenaza la convivencia democrática.

Y lo más preocupante no es solamente la actuación de quienes protagonizan los episodios violentos. También lo es la actitud de quienes los defienden, los justifican o intentan disimular lo que sucede presentándolo como una inocente manifestación estudiantil.

¿De verdad alguien puede creer que todo se reduce a un grupo de estudiantes preocupados por la situación humanitaria en Medio Oriente? ¿Acaso no existen organizaciones políticas, militantes radicalizados y sectores ideológicos que encuentran en estas movilizaciones una oportunidad para instalar sus consignas y ampliar su influencia?

Por supuesto que los estudiantes tienen derecho a manifestarse. Por supuesto que cualquier ciudadano puede reclamar por los derechos del pueblo palestino. Pero una cosa es ejercer la libertad de expresión y otra muy diferente es utilizar una bandera como cobertura para justificar el terrorismo, el antisemitismo, los saqueos, los incendios y los ataques contra quienes piensan diferente.

La cuestión no es quién levanta una bandera, sino qué está defendiendo y qué conductas está dispuesto a tolerar en su nombre.

## Los mismos de siempre: revolución en la calle, intolerancia frente al que piensa distinto

Resulta llamativo que determinados sectores de la izquierda radical y del comunismo internacional se presenten como los grandes defensores de la libertad, mientras relativizan los actos de violencia cuando estos sirven a sus objetivos políticos.

Son los mismos que suelen convertir cualquier conflicto en una batalla entre supuestos opresores y oprimidos, los mismos que encuentran una explicación ideológica para casi todo y los mismos que, en ocasiones, parecen confundir la democracia con el derecho a imponer sus propias ideas.

La democracia no consiste en permitir que una minoría violenta intimide a la mayoría. Tampoco significa que cualquier conducta quede justificada por levantar una bandera que despierte simpatía.

Quien saquea debe responder por el saqueo. Quien incendia un edificio debe responder por el incendio. Quien amenaza a una persona por ser judía debe responder por esa conducta. Y quien justifica atentados contra civiles no puede esconderse detrás de un discurso humanitario para eludir el debate sobre sus propias posiciones.

Lo verdaderamente preocupante es que algunos defensores de estos movimientos intenten presentar cualquier crítica como un ataque a los estudiantes, a la libertad de expresión o al pueblo palestino. Es una maniobra que confunde deliberadamente cuestiones diferentes y evita discutir lo esencial: la violencia no se vuelve legítima porque la practique alguien que comparte nuestras consignas políticas.

No todos los manifestantes son extremistas, ni toda protesta propalestina es violenta. Pero tampoco corresponde cerrar los ojos ante los grupos que aprovechan esas movilizaciones para promover el odio y la confrontación.

## Europa no puede aceptar una intifada bajo el disfraz de una protesta

Europa tiene una historia demasiado dolorosa como para permitir que el antisemitismo vuelva a ganar terreno bajo nuevas consignas. Sus ciudadanos tienen derecho a vivir seguros, sus comunidades judías deben poder desarrollar su vida sin amenazas y sus instituciones merecen ser protegidas.

Cuando las calles se convierten en escenarios de intimidación, cuando se producen enfrentamientos y destrozos, o cuando se celebran ataques terroristas, la sociedad tiene la obligación de reaccionar.

Lo que algunos intentan presentar como una simple protesta puede convertirse, en manos de los sectores más radicalizados, en una intifada política y cultural en el corazón de Europa.

No hace falta sostener que existe una conducción única detrás de todas las movilizaciones para reconocer el peligro. Basta con observar cómo determinados grupos intentan aprovechar el conflicto para radicalizar el debate, instalar un clima de hostilidad y convertir los espacios públicos en escenarios de confrontación permanente.

Y ante ese panorama, la pregunta es inevitable: ¿dónde están los defensores de la democracia cuando los violentos atacan edificios, destruyen bienes o intimidan a ciudadanos? ¿Por qué algunos encuentran tantas dificultades para condenar con la misma firmeza los actos de quienes pertenecen a su propio universo ideológico?

La democracia exige coherencia. No se puede defender la libertad para los propios y justificar la intimidación contra los demás.

## Palestina necesita liberarse de sus propios verdugos

Hay una verdad que los promotores de la confrontación prefieren dejar en segundo plano: el pueblo palestino no podrá construir un futuro digno mientras sus dirigentes sigan priorizando el enfrentamiento con Israel por encima de las necesidades de su propia población.

Hamás, responsable de los atentados terroristas del 7 de octubre de 2023, demostró con sus acciones que el terrorismo no conduce a la convivencia ni a la prosperidad. La violencia contra civiles no libera a ningún pueblo; lo condena a nuevas tragedias.

Los palestinos necesitan educación, trabajo, seguridad, instituciones responsables y dirigentes que se ocupen de mejorar sus condiciones de vida. Necesitan una salida política que permita terminar con la guerra y construir un futuro en el que sus hijos no estén condenados a crecer bajo la amenaza permanente de la violencia.

Israel, como Estado democrático de Medio Oriente, tiene derecho a existir y a proteger a sus ciudadanos. Ese derecho no desaparece porque determinados sectores pretendan convertirlo en el enemigo universal.

Defender los derechos palestinos no exige justificar a Hamás, así como defender la existencia de Israel no obliga a aprobar todas las decisiones de sus gobiernos. La paz requiere reconocer derechos, asumir responsabilidades y rechazar el terrorismo.

## El negocio ideológico detrás de una bandera

Para determinados sectores radicalizados, los conflictos internacionales también representan una oportunidad de acumulación de poder, movilización y protagonismo. La bandera palestina puede convertirse así en un instrumento para instalar una agenda política que excede ampliamente las necesidades concretas de quienes dicen defender.

Mientras tanto, los palestinos siguen necesitando soluciones reales, y Europa necesita evitar que sus sociedades queden atrapadas en una espiral de radicalización.

La solidaridad no puede ser una excusa para el extremismo, ni una tragedia humanitaria puede convertirse en un negocio político para quienes viven de alimentar la confrontación.

Quienes realmente se preocupan por Palestina deberían exigir a sus dirigentes que abandonen el terrorismo, respeten los derechos de sus habitantes y trabajen por una solución pacífica. Y quienes se preocupan por Europa deberían rechazar sin ambigüedades la violencia, el antisemitismo y la destrucción del patrimonio común.

La verdadera defensa de la democracia consiste en aplicar los mismos principios a todos, incluso cuando hacerlo resulta incómodo para nuestra propia ideología.

## La democracia no se defiende a los gritos

Europa no necesita menos libertad de expresión. Necesita más responsabilidad, más respeto por la ley y una condena inequívoca de quienes pretenden imponer sus ideas mediante la violencia.

Los estudiantes tienen derecho a manifestarse. Los ciudadanos tienen derecho a defender al pueblo palestino. Pero nadie tiene derecho a utilizar una protesta como cobertura para cometer delitos, justificar el terrorismo o perseguir a quienes piensan diferente.

Y los dirigentes políticos, intelectuales y militantes que defienden estas movilizaciones deben asumir su responsabilidad cuando sus palabras terminan relativizando conductas incompatibles con la convivencia democrática.

No se puede gritar “libertad” mientras se justifica a quienes siembran el miedo. No se puede reclamar democracia mientras se tolera la intimidación. Y no se puede defender al pueblo palestino convirtiendo a Israel en un objetivo de odio.

La conclusión es sencilla: Palestina necesita liberarse del terrorismo y de los dirigentes que hipotecan su futuro; Europa necesita defender sus instituciones frente a los violentos; e Israel tiene derecho a existir y vivir en seguridad.

Porque cuando una bandera se convierte en escudo de la violencia, cuando una protesta se utiliza para encubrir el extremismo y cuando algunos confunden democracia con impunidad, el silencio deja de ser prudencia y se transforma en complicidad.

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