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title: "El peronismo, rehén de su interna de poder"
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author_name: "Ricardo ZIMERMAN"
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# El peronismo, rehén de su interna de poder

![Caricatura de división política argentina](/download/multimedia.normal.87c33e8a01cb31c1.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

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**Por RICARDO ZIMERMAN**

**x: @RicGusZim1**

**El peronismo argentino vuelve a exhibir una de sus peores debilidades: su incapacidad para discutir el futuro sin quedar prisionero de las disputas por el pasado. La reaparición pública de Cristina Kirchner con un mensaje sobre la posibilidad de volver a competir electoralmente no fue una declaración inocente ni una reflexión jurídica sobre su situación personal. Fue, fundamentalmente, una advertencia política. La ex presidenta dejó en claro que no piensa retirarse de la escena, que conserva aspiraciones de protagonismo y que nadie podrá organizar el próximo proyecto presidencial del justicialismo como si ella no existiera. El problema es que esa pretensión vuelve a colocar al partido frente a una discusión que parece no tener salida: quién conduce, quién decide y quién está dispuesto a aceptar que ya no tiene el poder absoluto de otros tiempos.**

**Cristina conoce perfectamente el valor de sus palabras y el efecto que producen dentro de una estructura política acostumbrada durante años a esperar sus instrucciones. Cuando plantea que podría volver a ser candidata si recupera sus derechos políticos, no solamente deja abierta una posibilidad electoral. También les recuerda a sus adversarios internos que conserva una capacidad de intervención que no está dispuesta a resignar. Su mensaje tiene destinatarios concretos, aunque no los mencione. Entre ellos sobresale Axel Kicillof, quien construye su propio espacio, busca convertirse en la referencia presidencial del peronismo y pretende dejar atrás la dependencia política que durante mucho tiempo lo vinculó con la ex mandataria.**

**La discusión excede cualquier especulación sobre una eventual candidatura de Cristina. Lo verdaderamente importante es que la ex presidenta pretende conservar el control de una parte sustancial del electorado justicialista y, desde esa posición, condicionar cualquier negociación futura. Su capital político sigue siendo considerable, pero confundir representación electoral con autoridad indiscutida es uno de los errores que explican la prolongada decadencia del peronismo. Una dirigente puede conservar adhesiones, capacidad de movilización y reconocimiento entre sus seguidores sin que eso le otorgue automáticamente el derecho a decidir quién debe encabezar una propuesta colectiva.**

**Kicillof parece haber comprendido que aceptar nuevamente esa lógica significaría hipotecar su propio futuro. Por eso insiste en consolidar el Movimiento Derecho al Futuro y evita entrar en el intercambio de reproches que promueven los sectores más duros del kirchnerismo. Su estrategia consiste en acumular poder territorial, fortalecer su estructura bonaerense y presentarse como una alternativa con autonomía suficiente para disputar la conducción nacional. No quiere recibir una candidatura como concesión ni quedar reducido a la condición de heredero político de Cristina. Pretende demostrar que tiene volumen propio y que puede aspirar a representar al conjunto del peronismo.**

**La postura tiene una lógica política evidente, aunque tampoco está exenta de contradicciones. Kicillof llegó a los principales espacios de decisión gracias al respaldo de Cristina y durante años formó parte de un esquema de conducción que ahora cuestiona mediante sus propios movimientos. Sin embargo, la política no puede convertirse en una obligación de obediencia perpetua. Haber recibido respaldo en el pasado no significa renunciar para siempre a construir una identidad propia. El problema es que el gobernador todavía debe demostrar que su proyecto puede superar los límites de la provincia de Buenos Aires y convertirse en una alternativa nacional competitiva.**

**La reacción del cristinismo frente a esa autonomía revela, además, una preocupante concepción patrimonial del poder. Desde La Cámpora se observa cualquier intento de diferenciación como una deslealtad personal, como si la organización partidaria fuera una propiedad privada y no un espacio político donde deberían convivir distintas posiciones. La acusación de ingratitud contra Kicillof sintetiza esa mirada. En lugar de discutir propuestas, programas, liderazgos y perspectivas electorales, una parte del kirchnerismo continúa utilizando categorías afectivas para disciplinar a quienes pretenden disputar su autoridad. Es una forma de hacer política que puede conservar fidelidades internas, pero difícilmente permita construir una mayoría social.**

**El gobernador, mientras tanto, apuesta a que las candidaturas se resuelvan mediante una competencia electoral. La posibilidad de unas PASO aparece como una herramienta para dirimir las diferencias sin recurrir a acuerdos impuestos desde las cúpulas. Es una salida razonable frente a un escenario en el que ninguno de los principales protagonistas parece dispuesto a ceder. Pero también supone aceptar un riesgo: que la confrontación termine profundizando las divisiones y dejando al espacio debilitado antes de enfrentar a Javier Milei. La democracia interna no garantiza por sí sola la unidad posterior, especialmente cuando las diferencias no son solamente electorales, sino que involucran concepciones opuestas sobre el ejercicio del liderazgo.**

**En ese tablero, Sergio Massa intenta recuperar centralidad con una propuesta de amplitud política. Su interlocución con dirigentes vinculados a la estrategia electoral de Luiz Inácio Lula da Silva refleja la búsqueda de una fórmula que permita reunir sectores de centroizquierda, espacios moderados y fuerzas provinciales. La idea de construir un frente más amplio que el peronismo tradicional tiene sentido frente a un oficialismo que conserva una identidad política definida y una estructura nacional. Sin embargo, ninguna arquitectura electoral podrá sostenerse si sus principales integrantes siguen disputándose el control de una organización que todavía no resolvió sus diferencias fundamentales.**

**La experiencia brasileña puede ofrecer referencias, pero no soluciones automáticas. Argentina tiene una estructura territorial, una dinámica partidaria y una distribución de liderazgos diferentes. Los gobernadores, los movimientos sociales, los sindicatos y los dirigentes del interior no pueden ser considerados simples piezas de una negociación entre Cristina, Kicillof y Massa. Una coalición nacional necesita reconocer esas representaciones y ofrecerles participación real. De lo contrario, la amplitud será apenas una consigna utilizada para disimular una disputa por los lugares de poder.**

**El mayor problema del peronismo es que continúa discutiendo nombres antes que ideas. Todavía no consiguió explicar qué propone para reconstruir la economía, recuperar la confianza social, generar empleo, mejorar los ingresos y ofrecer una alternativa institucional creíble. Mientras tanto, sus dirigentes parecen más preocupados por determinar quién tendrá la última palabra que por comprender por qué una parte importante de la sociedad dejó de identificarse con ellos. La interna puede resultar apasionante para los protagonistas, pero para millones de argentinos representa una discusión distante, repetitiva y cada vez menos convincente.**

**Cristina pretende demostrar que sin ella no existe una competencia electoral verdaderamente peronista. Kicillof quiere probar que puede construir una alternativa sin pedirle autorización. Massa intenta convencer a los distintos sectores de que la unidad es indispensable para enfrentar a Milei. Los tres tienen intereses legítimos, pero ninguno parece haber encontrado todavía una fórmula capaz de superar la desconfianza recíproca. Y mientras se multiplican los movimientos tácticos, el oficialismo observa cómo sus adversarios consumen energías en una disputa que todavía no produjo una propuesta superadora.**

**El peronismo necesita comprender que la conducción no se hereda, no se reclama como un derecho adquirido y tampoco se conserva mediante advertencias públicas. Se construye con autoridad, resultados, capacidad de convocatoria y una propuesta que pueda representar a una sociedad mucho más amplia que el núcleo de seguidores de cualquier dirigente. Cristina puede conservar una influencia decisiva, Kicillof puede consolidar una alternativa y Massa puede promover una coalición amplia. Pero si todos pretenden que la unidad consista en que los demás acepten sus condiciones, el resultado será otra frustración.**

**La verdadera pregunta no es si Cristina volverá a ser candidata ni si Kicillof se animará a enfrentarla. La pregunta es si el peronismo será capaz de abandonar la lógica de los liderazgos excluyentes y construir una organización política preparada para el futuro. Porque mientras sus principales figuras se disputan la propiedad del pasado, Milei sigue ocupando el presente. Y esa es, probablemente, la peor noticia para un movimiento que pretende volver al poder, pero todavía no consigue ponerse de acuerdo sobre quién tiene derecho a conducirlo.**

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