PARTIDO RADICAL ¿RADICALMENTE PARTIDO?

EDITORIAL Por
El radicalismo hizo ganar a Macri aportando sus votantes y su presencia territorial. Ahora, sus representantes se enfrentan a una difícil disyuntiva, que está comprometiendo la unidad partidaria
comite roto

Isaias Abrutzky  Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

El radicalismo sufrió un duro revés ayer en Córdoba, con proyección nacional. Mientras algunos dirigentes del partido se inclinan por una reestructuración de la alianza Cambiemos, otros quieren rescatar la independencia de la boina blanca. En verdad, la integración con otros partidos no le resultó muy propicia al radicalismo: perdió contra Perón integrando la Unión Democrática, en 1946; ganó con la Alianza (para el Trabajo, la Justicia y la Educación) en 1999, pero esa sociedad se fue abriendo hasta la ruptura, cuando el vicepresidente Carlos Álvarez, del Frepaso, la segunda fuerza de la Alianza, presentó su renuncia, precipitando la debacle que terminó con el gobierno entero. Y en 2015 se alió en Cambiemos, con muy poco provecho propio.

Raúl Alfonsín dijo un día que el partido tenía que estar preparado para perder elecciones, si ese fuera el caso, pero nunca bajar sus banderas. Esta sabia máxima fue dejada en el desván por la conducción de ese espacio hace ya bastante tiempo, como que en 2007 eligió a un peronista -Roberto Lavagna- como su candidato. No le fue bien en esa instancia, como no lo será ahora, cuando se acercan nuevamente al exministro de Duhalde y Néstor Kirchner, buscando suplir la falta de un líder, que se va haciendo larga, muy larga.

Cabe recordar que el radicalismo decidió unirse al espacio Cambiemos, encabezado por Mauricio Macri, en una muy discutida convención, en Gualeguaychú, que no conformó a una gran porción de sus correligionarios. El radicalismo, pese a que puso todo su aparato y sus electores para llevar al PRO de ser un partido municipal a la proyección nacional, tuvo una más que magra cosecha en términos tanto de cargos políticos como de aceptación de ideas y propuestas radicales. Y si a esto se suma una gestión presidencial deficiente en términos de cualquier indicador -sea inflación, pobreza, deuda, estabilidad económica, etc.- no es de extrañar el descontento que se advierte en el centenario partido.

Por supuesto, casi una decena de derrotas del oficialismo en la sucesión de elecciones provinciales marca una decadencia que lleva a muchos radicales a convencerse de que el partido está embarcado en una nave que no le brinda ningún beneficio. Esto lleva a que algunos candidatos concurran con la lista 3, histórica en el partido, en algunos distritos. Pasó en Santa Fe, y ahora que los comicios de Córdoba, una provincia que es bastión del partido, decidieron sacarle al partido la intendencia de la capital provincial, y mostraron una muy débil performance en la lucha por la gobernación, las voces críticas se acentúan.

Un referente radical importante, Federico Storani, salió a expresar su disconformidad sin tapujos. “Es una tragedia política para el radicalismo”, expresó, lamentando la desunión, que llevó a la presentación de dos listas diferentes del espacio.

De todos modos, la presentación conjunta no le hubiera permitido alcanzar el poder, ya que el gobernador actual, Juan Schiaretti, obtuvo bastantes más votos que ambos candidatos radicales unidos, prácticamente llegando a duplicarlos. En la capital, en cambio, los radicales los cambiemitas unidos hubieran superado por un pelo al candidato Llaryora: 37,57% a 36,95%, pero la diferencia entre el ganador y el siguiente fue muy importante: 36,95 a 19,85%. Esto ocurre porque en este distrito los candidatos Luis Juez, de Cambiemos pero no radical (19,85%) y Rodrigo de Loredo, UCR, (17,72%), mostraron cifras muy similares.

En menos de 15 días, se reunirá nuevamente la Convención del radicalismo. Allí se decidirá la permanencia o el apartamiento de Cambiemos del partido. En este último caso, la incógnita es si participará con un candidato propio o un extrapartidario. Nuevamente hay quienes consideran recurrir nuevamente a Roberto Lavagna. Hubo muchas divisiones en la historia del radicalismo, y probablemente estemos en presencia de una nueva instancia semejante. Ya ocurrio en los últimos tiempos y ayer, en Córdoba se dio una vez más. Momento difícil que hace desear que se aclaren las aguas para bien de la democracia argentina.

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