ENSALADA RUSA, Y FRUTILLAS DE POSTRE

EDITORIAL Por
Clima de campaña: ataques cruzados, mentiras escandalosas, operaciones de inteligencia, tránsfugas y transfugas, todo parece valer en una polarización que se ahonda
carrio

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

La señora Elisa Carrió, una vez más, hace declaraciones estrambóticas: Putin está trabajando para el kirchnerismo; Alberto Fernández es -simultáneamente- Cavallo y Maduro. Cristina está teniendo reuniones con los rusos, en Cuba; van a hackear los sistemas de cómputo de las elecciones.

Con su pose de pitonisa aseguró que Cristina no vuelve más, “porque los pueblos no retroceden”. La diputada no repara en sus contradicciones ni recuerda que Perón -derrocado en 1955 y estigmatizado de forma mucho peor de lo que hoy la sociedad acepta la campaña contra Cristina- volvió triunfante, y de qué manera, en los años 70. Y no volvió solo, sino que tuvieron que ir a buscarlo.

El oficialismo -a falta de mejores discursos de campaña- sigue insistiendo con argumentos reciclados: “una victoria del Frente de Todos implicaría que Argentina llegue a ser Venezuela, el default, etc., etc.”. Lo hace, como antes, tratando de asustar a los empresarios y a toda la comunidad de negocios en general. Pero uno puede preguntarse: ¿no será al revés?: Miles de empresas pyme

bajaron -y continuan haciéndolo- sus cortinas, cuando en épocas kirchneristas eran prósperas. Y no solamente las pymes sufren: hasta empresas gigantescas, como Arcor, están cerrando plantas y perdiendo dinero. Y también intenta sembrar la inquietud entre quienes temen al default. En verdad, con esto le dan pie, tanto a Axel Kicillof como a los Fernández, a recordar que quienes le pagaron dólar sobre dólar al Fondo Monetario, fueron ellos. Y que batallaban por cumplir con los compromisos tomados con los bonistas, contra los dictados del juez Griesa, que les bloqueaba los fondos. Pero el que sí hizo caer al país en default fue el presidente Fernando de la Rúa, a cuyo gobierno se refirió en términos elogiosos hace unos días Mauricio Macri, al rendir homenaje al expresidente, por su fallecimiento.

 

Siguen los papelones

Hace unos días, en esta misma columna, publicamos una nota en la mostrábamos los traspiés del gobierno de Macri, y aventurábamos la hipótesis de que el presidente podría resultar beneficiado por el infortunio, como -dicen- ocurrió con la viudez de la entonces candidata a renovar su mandato Cristina Fernández de Kirchner, en 2011.

Hoy, las agencias noticiosas nos informan que las autoridades guatemaltecas dieron marcha atrás con la compra de dos aviones Pampa III, que produce FADEA, la fábrica estatal localizada en Córdoba. Es una pena que

esa venta terminara en la nada, porque significaba 28 millones de dólares para el Estado, y trabajo para una empresa de alta tecnología, que viene sufriendo tropiezos de larga data. También ella fue castigada por la negativa de Israel -proveedora de los equipos de aviónica con que cuentan esas aeronaves- que tiene derecho de veto sobre las ventas a otros países- de que se exportaran unidades a Bolivia (esta es una pequeña muestra de la diferencia entre tener tecnologia propia y aceptar la teoría de las ventajas comparativas, que nos relega a vivir de materias primas).

 

La pax cambiaria

Los mercados están tranquilos, y los especuladores más que gustosos: hace varias semanas que el dólar se mantiene estable, algo se reanimó el comercio con las vuelta de los planes Ahora 12 o similares, que retornan al esquema de cuotas sin interés. Pero poco hay para festejar si se analiza lo que está sucediendo. Basta rascar apenas la superficie para concluir que simplementa se está tomando algo más de altura, a lo que sucederá una caída todavía más violenta.

El dólar quieto no significa otra cosa que tirar por la borda miles de millones de dólares para solaz de los tiburones. El Estado recibe dólares del FMI y de fondos privados que se cambian a pesos y se colocan en bonos argentinos, fundamentalmente las ya célebres Leliq, que pagan tasas de interés altísimas. En algún momento no

lejano, ellos harán su toma de ganancias, recomprando los dólares al mismo o menor precio, ya que el Banco Central fue autorizado a vender suficiente cantidad de divisas diariamente de tal modo que la abundancia del billete verde en el mercado contenga su valor hasta después de las elecciones. Pingüe negocio financiero para los especuladores, cuya ganancia será pagada por todo el pueblo argentino. Todo timba, porque los exportadores de granos están muy reticentes a liquidar sus ventas, y muchos de quienes lo hagan decidirán que lo obtenido por ellas ni siquiera ingresen al país.

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