HEGEMONÍA O CONSENSO, THAT'S THE QUESTION

EDITORIAL Por
¿Cómo se hace para gobernar un país en cuya sociedad existe una grieta tan profunda que resulta insondable? Es menos conflictivo hablar de consenso, pero entonces se hace difícil presentar un plan económico concreto
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

Los candidatos con chances de ganar no pueden ser específicos cuando son preguntados por las medidas económicas que tomarán en caso de triunfar en las elecciones. La excepción es Mauricio Macri, quien está obligado a declarar que va a continuar en la línea que viene siguiendo su gobierno. Lejos de toda posibilidad electoral a nivel presidencial, la izquierda sí explicita su programa de desconocer la deuda externa, y que las empresas estén sometidas a control obrero, en diferente magnitud según sean estatales, mixtas o privadas.

Los demás, principalmente Alberto Fernández, deben actuar con cautela, evitando mencionar las partes de su plan que resulten dolorosas de sobrellevar para la sociedad o que impliquen enfrentamientos imposibles de sostener contra el poder real (grandes capitales nacionales y extranjeros, grupos empresarios concentrados, etc.), que seguirá teniendo a mano sus poderosas herramientas de presión y desestabilización.

Como lo muestra claramente la experiencia, las variables económicas están fuertemente entreladas unas con otras, y cualquier modificación de una ellas repercutirá en mayor o menor medida, en las otras. Desenredar la madeja puede hacerse- de hecho no sería la primera vez- pero tratándose tal vez de la peor crisis que enfrenta el país, se necesita de un gobierno fuerte, que tenga amplio aceptación, que haga conocer a la población la magnitud de los problemas que se deben abordar y que esté dispuesto a oponerse frontalmente a quienes se vienen beneficiando -no siempre lícitamente- con políticas de entrega y redistribución regresiva de la riqueza.

El freno a los intereses que sostienen el esquema que derrama abundancia para unos pocas empresas y personas cercanas al gobierno actual, entre ellas algunas que vienen actuando desde ambos lados del mostrador, no será sencillo de aplicar.

Un fino observador de la política argentina me comenta que uno de los cucos enarbolados por la oposición a los gobiernos kirchneristas fue su presunto enrolamiento en las teorías gramscianas, que afirman la necesidad de lograr la hegemonía -palabra que puede asimilarse al liderazgo- para realizar las transformaciones sociales que se postulan. Para el comunismo clásico, marxista, el Estado es una superestructura que opera como un instrumento de la clase dominante. Esta posición de privilegio se consuma en parte por el sentido común vigente, asentado en las leyes, jueces, cárceles, ejército, en fin, todo el aparato coercitivo del Estado; Gramsci amplía este concepto a la sociedad civil, los medios de difusión, los educadores y también los gobernantes.
Así lo describe un video de Youtube cuyo enlace se explicita al final de este artículo, y que me permito recomendar.

Los ataques a la entonces presidenta se apoyaban en la simpatía de Cristina Kirchner con la obra del filósofo y sociólogo argentino Ernesto Laclau, de inclinación gramsciana.

Se acusó a los gobiernos kirchneristas de buscar esa hegemonia, entre otras cosas porque CFK prestaba mucha atención a Laclau. Es famosa la frase “Vamos por todo”, que se puede interpretar de muchas maneras, pero que para el entonces Jefe de Gobierno porteño significaba que “Ella quiere un modelo chavista, de pensamiento único". Pero luego de asumir la Presidencia de la Nación, quien así hablaba está logrando -o al menos lucha por ese objetivo- la total hegemonia. Juntó las enseñanzas de Gramsci y Laclau con las de Joseph Goebbels, el nazi alemán que ocupó el cargo de ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich.

Del pensamiento plural dejó apenas una tenue cáscara, porque conformó un equipo de periodistas que vuelcan a favor del oficialismo, y usan para denostar a sus adversarios, casi cualquier acontecimiento, mientras tratan de estrangular por todos los medios a la prensa opositora. Basta el ejemplo del encarcelamiento de los dueños del canal C5N, Cristóbal López y su socio Fabián De Sousa, recurriendo a maniobras e interferencias en el Poder Judicial.

El sentimiento de impunidad de Macri es destacable, ya que no intenta ocultar su forma de pensar al respecto: “Los jueces tienen que saber que buscamos la verdad o buscaremos otros jueces que nos representen”; Ramos Padilla “ya nos hizo varias”, comentó, e instruyó a su Ministro de Justicia para que trate de provocar su destitución.

La invitación a la Casa Rosada a un policía encausado por matar por la espalda a un delincuente, es otra muestra del copamiento de parte de las estructuras judiciales para lograr el control de la esfera judicial. El ocultamiento de las instancias que derivaron en la muerte de Santiago Maldonado y la absurda teoría conspirativa de una presunta asociación mapuche-británica es otro ejemplo, al que se agrega el asesinato de Rafael Nahuel, disimulado en todo lo posible por la conducción del Ministerio de Seguridad.

Lo que se advierte en este período es un exacerbamiento de las intenciones hegemónicas del oficialismo actual, en tanto la principal oposición -léase Alberto Fernández- se cuida mucho de asustar a los poderosos, y se puede interpretar su discurso como proclive al difícil, si no imposible, intento de cerrar la grieta.

Mientras tanto, el candidato es acosado por periodistas interesados en limarlo, quienes por un lado procuran encerrarlo argumentalmente y por otro sacarlo de sus casillas para destruir la imagen conciliadora y dialoguista que lo caracteriza. Jonatan Viale, por ejemplo, le pregunta en cuánto tiempo va a bajar la inflación, o afirma que Cristina sería quien maneje la economía si la fórmula resulta ganadora en los comicios. Y este periodismo amarillo llega a su cúspide cuando la movilera Mercedes Ninci pretende que Axel Kicillof le diga si va a reimplantar el “cepo”. Siempre afable, el exministro de economía le aclaró que él es candidato a gobernador, dejándola totalmente descolocada.

La campaña arde. Esperemos que no llegue al incendio, y tengamos las elecciones en paz.

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