¿QUÉ PASARÁ EL 11 DE DICIEMBRE?

EDITORIAL Por
El año terminará con un nuevo presidente o uno que renovó su mandato. Todos los pronósticos le dan chance de llegar al sillón de Rivadavia solamente a dos de ellos: Alberto Fernández y Mauricio Macri. La sociedad se pregunta qué hará quien consiga triunfar en este largo proceso que comenzará sus instancias finales el próximo domingo
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

El presidente Macri ya fue bien explícito en su momento, al referirse a las acciones a tomar en caso de renovar su mandato: “Voy a hacer lo mismo, pero más rápido”. El rumbo, y sus consecuencias, son bien conocidos por los argentinos. Se seguirá privilegiando la estabilidad cambiaria, con las únicas herramientas disponibles para mantenerla: la búsqueda de nuevos créditos externos, la renegociación de la deuda, más ajuste (esta vez con reformas laboral y (nuevamente) previsional, y subejecución del presupuesto, ya magro desde su etapa de proyecto. .

No se puede esperar nuevas ayudas del Fondo Monetario Internacional y el riesgo país está en alturas tales que la financiación privada queda limitada solamente a la cadena que comienza con fomentar la codicia de algún público extranjero, sigue con la compra de los bonos a precio vil por buitres muy audaces y pacientes, y termina con un juicio llevado a cabo con complicidad de un gobierno entre cuyos funcionarios se alistan inversores en esos mismos fondos buitres.

Por su lado, si Alberto Fernández consigue salir indemne de la maraña de palos en la rueda que le van colocando (periodismo de guerra, manipulación de redes sociales, intentos de fraude como la impresión de votos falsos, bombas de efecto judiciales, etc.) se verá obligado a conseguir resultados rápidos.

Entre ellos, un aumento a las jubilaciones es, quizás el más fácil e inmediato, ya sea que el dinero provenga de emisión o se encuentre algún otro mecanismo (en el primer caso habrá que lograr un acuerdo con el FMI, si es que no se patea el tablero). Esto también es válido para los empleados de la órbita estatal. La obra asimismo será también un protagonista importante. Habrá mucho para terminar, lo que puede ser rápido, y encarar obras nuevas que tardan más por los estudios y licitaciones involucrados.

Ensanchar los bolsillos de los trabajadores privados será una cuestión más compleja, dada la situación financiera de las empresas, particularmente las PYMEs. Hay mecanismos de subsidio estatal para las que están en crisis, ya en vigencia, pero no será fácil generalizarlos.

Toda esta inyección de dinero para consumo -que también propone Lavagna- sin duda tendrá un efecto reactivador. De qué magnitud y con qué velocidad, es algo que está por verse. El aumento en la utilización de la capacidad ociosa de la industria sin dudas significará un gran impulso, pero los niveles de tasas vigentes tornan prácticamente imposible la financiación necesaria para incrementar el capital operativo. Bajar las tasas es tan imperativo como difícil cuando hay más que una base monetaria invertida en Leliq, que frente a esa decisión huirá tan rápido como pueda, buscando refugiarse en el billete verde.

La desdolarización de las tarifas será otro escollo, porque deberán enfrentarse a contratos de concesión que se defenderán con uñas y dientes en tribunales locales y del exterior.

Y habrá que lidiar con la fuga de capitales, incesante desde hace mucho. AF prometió no volver al cepo, sin dejar claro -como lo hace Axel Kicillof- que no hubo nada que mereciera tal calificativo. En verdad, las restricciones a los movimientos de divisas fueron bastante tenues (nadie que quiso hacerlo se quedó sin viajar al extranjero ni guardar sus ahorros verdes en el colchón); ahora se deberá partir de un estado de permisividad mucho más ancho, que permite transferir cualquier monto hacia el exterior, ingresar capitales para operar esquemas timberos por un plazo tan pequeño como se quiera y exportar sin plazo de liquidación de las divisas obtenidas.

En definitiva, los escollos serán grandes. A cambio, ese gobierno tendrá la ventaja del crédito que se le otorga -por corto plazo- a toda nueva administración. Poner en marcha el país, como lo prometió Alberto Fernández es todo un desafío. Lo importante es que se comience a percibir el esfuerzo del Estado por sacar a la parte más castigada de la población del estado de crisis al que fue llevada desde que los gobernantes que se reemplazan en diciembre se instalaron.

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