NAUFRAGIO EN EL RÍO DE UNA ORILLA SOLA

ECONOMÍA Por
Confiando en cualquier cosa menos en la reacción del pueblo argentino, Mauricio Macri lo embarcó en una nave que alegaba llegaría a una costa de abundancia y felicidad. Creía que el cambio cultural que impulsó iba a perdurar aunque sus medidas solo dejaban hambre y desolación. Pero la otra orilla no existía y la desvencijada nave se fue a pique
NAUFRAGIO

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

Nadie lo esperaba (o por lo menos nadie lo quería decir), aunque Horacio Verbitsky, en su columna del portal que dirige -el cohete a la luna- escribía estas palabras:
“Alberto y Cristina se impondrán por amplio margen en las elecciones primarias de hoy sobre Macrì y Mickey Vainilla, según las previsiones de expertos informáticos cuyos trabajos, que no son encuestas, incluyen una utilización heterodoxa de las redes sociales y no se han publicado en ningún medio”

Una predicción muy aventurada, por cierto, ya que los encuestadores, que son muchos, hablaban de un empate técnico. Pero fue así, aunque el investigador y periodista que el gobierno logró expulsar de Página 12 y quedó con el solo recurso de la red para hacer público su pensamiento, supuso que los resultados en la provincia de Buenos Aires no serían tan buenos como los logrados finalmente por el candidato del Frente de Todos, Axel Kicillof.

Lo cierto es que en el mapa de la Argentina de las últimas elecciones generales, totalmente teñido de amarillo, el color viró violentamente a un azul intenso, con las dos únicas excepciones de la provincia de Córdoba y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Hasta no hace mucho, la parte de la sociedad opuesta al macrismo se preguntaba cómo podía ser que un gobierno que para llegar a serlo había recurrido a falsedades (los trabajadores no van a pagar impuesto a las ganancias), supuestos que se mostraron luego absolutamente alejados de la realidad (va a llegar una lluvia de inversiones) o evaluaciones que resultaron disparatadas (La inflación es lo más fácil de bajar), conservara el grado de adhesión que logró para instalarse en la Casa Rosada. Sobre todo teniendo en cuenta que en sus tres años largos en el poder había reducido notablemente los salarios, tomado préstamos externos impagables, para solventar gastos corrientes de la administración, aumentado el desempleo y la pobreza, etc., etc.
En un libro sumamente esclarecedor, de reciente publicación*, Saúl Feldman, un sociólogo con postgrado en comunicaciones sociales, despega al Macrismo de los gobiernos neoliberales argentinos del pasado (el de la dictadura militar y el menemista) y lo coloca en una categoría separada.


Para el autor, esos neoliberalismos previos habían conseguido imponer un cambio ideológico, pero no un cambio cultural. La diferencia reside en que quienes anteriormente padecían el efecto de las políticas de ajuste se percibían violentados por las condiciones impuestas a su existencia, en tanto que el neoliberalismo presente lograba convencer a los castigados por sus medidas que realmente merecían hallarse donde estaban. Recordemos una vez más que Javier González Fraga, presidente del Banco Nación, declaró que el nivel de vida del que la ciudadanía gozaba hasta fines del 2015 era irreal, imposible, y -sobre todo- inmerecido. En el mismo sentido se expresó luego la vicepresidenta Gabriela Michetti y también, aunque en forma más limitada, la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal.


El cambio cultural llevado a cabo por el macrismo, que Feldman considera planificado con todo detalle desde antes que se conformara Cambiemos, pudo hacerse carne a través de mensajes que conformaron un nuevo sentido común, el que permitía que la transferencia regresiva de ingresos y el deterioro de las condiciones de labor de los trabajadores pudiera darse casi sin nada de las reacciones violentas como el 17 de octubre del 45, el Cordobazo, la lucha armada de organizaciones como el ERP o Montoneros contra los gobiernos militares de los años ’70 o la revuelta que truncó el período presidencial de De la Rúa.

Afortunadamente, ayer, ese cambio cultural que se mostraba tan sólido sufrió un golpe posiblemente mortal. El contundente resultado lo dejó casi herido de muerte. El pueblo argentino parece haber salido de su letargo, de su aceptación acrítica de las pautas sociales que pretendía imponer -para siempre, como lo declamó Macri con insistencia- y estar dispuesto a retomar las riendas de un destino basado en una acción de conjunto, como sociedad integrada, en vez de buscar un ilusorio progreso forjado por la acción individual.


*La Conquista del Sentido Común – Cómo Planificó el Macrismo el “Cambio Cultural”. Ediciones Continente.

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