EL FRASCASO

EDITORIAL Por
De punta a punta. Fracasó y frascasó! ¿Cómo? Sí, porque para muchos Mauricio Macri estuvo todo el tiempo dentro de un frasco
MACRI FRASCO

Isaias Abrutzky  Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

Un recipiente de vidrio que lo blindaba de una realidad social que se fue tornando crecientemente insoportable, desde el comienzo hasta el final de su mandato.

Claro, hay quienes ven las cosas de un modo diferente, y sostienen que el presidente vino con sus amigos simplemente para resolver los problemas de sus empresas, y de paso, instalándose en el gobierno, ocupar los dos lados del mostrador para maximizar sus ganancias.

Esta versión tiene su asidero, apoyada en hechos escandalosos como la modificación de la ley del blanqueo -contra una decisión contundente del Parlamento- para beneficio de los familiares de Macri. Este es un modo de ver las cosas y no es exclusivo: puede que ambas visiones sean verdaderas, total o parcialmente. De todos maneras aquí trataremos de centrarnos en la primera, porque tiene mayor importancia institucional; la segunda pertenece más bien al terreno de la justicia penal, y el tiempo dará su veredicto al respecto.

Macri, niño criado en círculos privilegiados, incontaminado con lo popular que surge de educarse en la escuela y la universidad públicas, de atender su salud en un hospital del Estado, de salir a buscar empleo como cualquier hijo de ciudadano de pata al suelo, vivió en un frasco toda su vida. También, por supuesto durante su período presidencial.

La idea liminar (de entrada) de MM y sus amigos fue que los argentinos querían un cambio cultural, que consistía en que los más postergados de ellos, y otros que no lo son tanto, aceptaran dejar de recibir “privilegios” tales como los horarios laborales fijos, la asignación de tareas definidas y la indemnización por despido, el aguinaldo y la educación y la salud gratuitas, etc. etc. ¿Y qué se les proponía en cambio?: el disfrute de vivir en la incertidumbre (Copyright Esteban Bullrich, ministro de educación), de ser puestos a competir en las condiciones más desventajosas, de no tener patrones sino ser emprendedores.

Todo esto es algo singularmente parecido a lo que aconteció con la abolición de la esclavitud. Podemos imaginarnos a un hacendado dirigirse a sus ex esclavos: “Ahora ustedes son libres, pueden trabajar conmigo o con quien quieran, tener todo el dinero que sean capaces de ganar”. El mismo individuo que para sus adentros se decía: “Ya no voy a tener que gastar dinero en estos tipos; hasta ahora tenía que darles un lugar donde vivir, y alimentarlos. Un gasto considerable. Un esclavo cuesta dinero, lo mismo que una vaca o un caballo. Pero de aquí en adelante esto se acabó: son libres, y si no les alcanza lo que les pago por su trabajo para subsistir, que se mueran. Siempre vendrá otros a reemplazarlos y yo no pierdo nada”.

Y del mismo modo llegó la “liberación” de obreros y empleados que antes debían soportar las humillaciones del patrón. Ahora tendrían su propia empresa consistente en hacer delivery de comidas, mandados en general, o competir con los taxistas transportando pasajeros en sus propios autos. Todo eso, claro, sin obra social, sin derecho al reclamo, sin aguinaldo, sin nada de aquellos beneficios mencionados.

Obviamente, en la campaña presidencial del 2015, esa realidad de hoy estaba oculta. Sepultada bajo promesas muy atractivas como la “pobreza cero”, la honestidad de los gobernantes, la transparencia de las acciones del Estado.

Y así, a pesar de la dulzura de la capa que recubría los caramelos envenenados, Macri llegó al gobierno arañando unos pocos votos de más, luego de perder en las PASO y en la primera ronda.

No importa, llegamos y ahora adelante con los cambios que la sociedad reclama, se ilusionaron en el gobierno. Y así comenzó una trituradora que culmina cuatro años después en las terribles condiciones que se viven hoy, y que resulta casi ocioso describir.

Venezuela for export

Los estrategas de Cambiemos le asignaron todo el mal a los gobiernos kirchneristas. Si la gente era próspera, había empleo, mejoraba el poder adquisitivo y se iba pagando la deuda externa, era simplemente una ficción, y la realidad que se vivió después era consecuencia de aquel modo de vida pecaminoso. Hubo quienes compraron un argumento tan falaz, pero a ese le sumaron otro: en manos kirchneristas, la Argentina populista llegaría a ser como Venezuela. Kirchnerismo=populismo, y populismo=Venezuela, fueron las ecuaciones. El Brasil populista de Lula, que sacó a millones de habitantes de la pobreza quedaba a un lado. De la populista Bolivia, cuya economía crece fuertemente sin inflación, nadie se acordó, como tampoco de Haití y otros países caribeños con gobiernos capitalistas y liberales cuyos habitantes siguen y, aún ahondan, su pobreza extrema.

Jaime Durán Barba aconsejó una vez a Federico Sturzenegger -que debía participar en un debate con banqueros y economistas en los Estados Unidos- que cuando le preguntaran por la inflación y otros parámetros sensibles de la economía argentina, no respondiera.


-¿Cómo podría hacer eso? Preguntó el entonces Presidente del Banco Central.

-Hablá de cualquier cosa, de tus hijos, de lo que sea, fue la respuesta.



Hasta antes de la PASO de agosto, frente a preguntas comprometidas en relación a todo lo mal que daban los números de la economía, el Presidente decía que se estaban “sentando las bases” para un crecimiento de la economía desde ahora “y para siempre”.

Las urnas dieron después su veredicto, y -aunque tratando de imitar la calma y la desvergüenza con que Fernando de la Rúa le dijo al pueblo que era lindo estar dando buenas noticias cuando la realidad era que el país estaba a punto de estallar- MM sigue en la misma tónica De todos modos el frasco se rompió en mil pedazos, y en los próximos días asistiremos al desenlace de esta tragedia argentina, que volverá alguna vez al teatro o al cine, hecha comedia.

Todo parece indicar que el período cambiemita habrá trazado una parábola perfecta. Comenzó por eliminar lo que le resultaba más odioso del kirchnerismo: el cepo y las retenciones. Y se irá con ellas plenamente restablecidad.

Te puede interesar