La reforma laboral vuelve al centro de la escena y el oficialismo busca no repetir errores en el Congreso
- La reforma laboral sigue en pausa pese a la expectativa por definiciones inminentes.
- Aliados del oficialismo piden no repetir los errores que frenaron el debate en diciembre.
- La aritmética del Senado obliga al Gobierno a buscar acuerdos fuera de su bloque.
- La CGT y la oposición aprovechan el impasse para reorganizarse.
- Otros proyectos, como estabilidad monetaria y glaciares, también esperan tratamiento.
- El Código Penal quedaría para marzo, junto con el inicio de las sesiones ordinarias.
Ni el receso parlamentario ni la intensidad del año político reciente lograron disipar la ansiedad que rodea a la reforma laboral impulsada por el Gobierno. Mientras la atención pública se concentra en la situación de Venezuela y en la agenda internacional, en el Congreso persiste una expectativa creciente por definiciones que podrían llegar hacia fines de enero o, en un escenario más optimista, a comienzos de febrero. La iniciativa, considerada clave por la administración de Javier Milei, volvió a quedar en pausa tras los movimientos iniciales de la oposición para bloquearla y las advertencias de aliados que piden evitar los tropiezos de diciembre.
En los pasillos legislativos aún resuena el freno abrupto que sufrió la reforma laboral pese a haber obtenido dictamen en el Senado. Dirigentes que siguieron de cerca las negociaciones sostienen que el traspié no se debió a la falta de votos, sino a decisiones políticas que alteraron el delicado equilibrio parlamentario. La inclusión, en el debate del Presupuesto 2026, de artículos vinculados a universidades y discapacidad terminó por complicar el escenario en Diputados y enfriar acuerdos que parecían encaminados en la Cámara alta.
Desde sectores dialoguistas recuerdan que, en aquella sesión de fines de diciembre, el clima era más favorable de lo que luego se percibió públicamente. La señal de cumplimiento de compromisos por parte del Poder Ejecutivo había generado confianza, incluso entre legisladores peronistas que más tarde lo reconocieron en privado. Sin embargo, la combinación de urgencias y definiciones de último momento alteró el tablero y derivó en una pausa que hoy se intenta revertir.
Dentro del oficialismo también hubo voces que, con bajo perfil, sugirieron avanzar con mayor cautela. En el interbloque que conduce Patricia Bullrich, algunos legisladores consideran que el orden macroeconómico impuesto por la gestión libertaria brinda previsibilidad y crea una ventana de oportunidad que no debería desaprovecharse. Al mismo tiempo, admiten que el costo de haber cedido semanas de debate fortaleció a un kirchnerismo herido, pero aún activo, y dio margen de maniobra a la CGT, que comenzó a desplegar su estrategia de presión.
La aritmética parlamentaria explica buena parte de las dudas. El oficialismo cuenta con 21 legisladores bajo la órbita de Bullrich, lejos de los 37 necesarios para garantizar el quórum en el Senado. Para activar el recinto, La Libertad Avanza debe salir a buscar apoyos en la UCR, el PRO —reducido a un bloque menor— y en legisladores provinciales que no siempre responden de manera lineal a sus gobernadores. En ese contexto, cada movimiento es evaluado con cautela y ningún acuerdo se da por descontado.
La reforma laboral no es el único tema en espera. Junto con los cambios en la ley de glaciares, otro despacho que aguarda definición es el de estabilidad monetaria. En Diputados, este proyecto genera menos urgencias y varios bloques prefieren postergar su tratamiento hasta marzo, cuando Milei inaugure un nuevo período de sesiones ordinarias. Distinto es el caso del Código Penal, una iniciativa de alto impacto que estuvo incluida en el temario extraordinario de diciembre pero nunca ingresó formalmente.
La modalidad de debate del nuevo Código Penal también es motivo de discusión. El oficialismo deslizó la posibilidad de canalizarlo a través de una bicameral, una alternativa resistida por distintos espacios. Por tratarse de un texto complejo y de largo trabajo técnico, la opción más probable es que su discusión se traslade a la agenda de marzo, una vez que el Presidente exponga ante el Congreso y anuncie el envío de nuevas iniciativas.
En ese marco, la reforma laboral aparece como una prueba clave para medir la capacidad del Gobierno de recomponer consensos y administrar tiempos políticos. Con un Congreso fragmentado y una oposición atenta a cualquier traspié, la Casa Rosada enfrenta el desafío de avanzar sin volver a tropezar con los errores que, por ahora, mantienen en suspenso una de las piezas centrales de su programa de reformas.