Inflación, dólar y tasas: las claves de un escenario que apunta a la desaceleración de precios
- La inflación del 2,8% estuvo impulsada por regulados, carne, transporte y combustibles.
- La estabilización de algunos precios anticipa un dato más bajo para enero.
- La baja del dólar actúa como ancla inflacionaria y resta atractivo a la dolarización.
- Las tasas de interés superan ampliamente a la inflación esperada.
- El Banco Central acumula reservas aun con un tipo de cambio en baja.
- Bonos soberanos y acciones líderes aparecen como opciones de inversión en este contexto.
La inflación volvió a ubicarse en el centro de la escena económica tras marcar un 2,8%, impulsada principalmente por los precios regulados, la carne, el transporte y los combustibles. Sin embargo, el comportamiento reciente de estos componentes abre la puerta a un dato más benigno para enero. La estabilización del precio de la carne y la ausencia de nuevos aumentos en los combustibles permiten anticipar, al menos en forma preliminar, un índice mensual sensiblemente inferior al registrado en diciembre.
La experiencia reciente muestra que la baja de la inflación no es un proceso lineal. En marzo de 2025, el índice mensual saltó inesperadamente al 3,7% para luego iniciar un sendero de desaceleración. Ese antecedente habilita a pensar en un recorrido similar durante 2026, con eventuales sobresaltos de corto plazo pero con la posibilidad de converger hacia tasas más bajas en el segundo semestre. En ese camino, la evolución del tipo de cambio juega un rol central.
La apreciación del peso y la baja del dólar se convirtieron en un ancla clave para la inflación. Un tipo de cambio más bajo pone en competencia directa a los productos importados con los nacionales y obliga a las empresas locales a mejorar eficiencia y productividad para sostener su participación en el mercado. En ese contexto, el dólar deja de ser un refugio automático frente a la suba de precios.
De hecho, quienes optaron por dolarizarse en los últimos meses perdieron contra la inflación y también frente a las tasas de interés. El dólar mayorista se ubica en torno a los $1.430, por debajo del nivel que tenía en octubre de 2025. En el caso del dólar MEP, el recorrido también fue errático: pasó de $1.333 antes del levantamiento del cepo a $1.549 en la previa de las elecciones legislativas de octubre, para cerrar recientemente en $1.470. En términos reales, la estrategia de resguardo en moneda dura resultó menos rentable que un plazo fijo.
La lógica del programa económico es clara: la tasa de interés pasiva debe ubicarse por encima de la inflación, y esta, a su vez, por encima de la tasa de devaluación. Para sostener ese esquema, el Gobierno apuesta a convivir con tasas de interés elevadas, como herramienta para disciplinar tanto las expectativas inflacionarias como cambiarias.
Los rendimientos del mercado reflejan esta estrategia. Una letra que vence en mayo de 2026 ofrece una tasa efectiva anual del 41,5%, muy por encima de una inflación esperada cercana al 20%. Incluso los instrumentos más largos, como la letra con vencimiento en noviembre de 2026, rinden alrededor del 34,9% anual. Sin embargo, la comparación con bonos ajustados por CER sugiere que el mercado descuenta una inflación más alta, cercana al 26,3% anual, lo que evidencia cierta desconfianza sobre la velocidad de la desinflación.
Desde esta óptica, se señalan dos interpretaciones erróneas del mercado. La primera es asociar el ajuste de bandas cambiarias con una suba inevitable del tipo de cambio. En un esquema con superávit fiscal, capitalización del Banco Central y pago de deuda, la moneda tiende a apreciarse. La segunda es suponer que la compra de dólares por parte del Banco Central, financiada con emisión, derivará necesariamente en más inflación. Hasta mediados de enero, la autoridad monetaria adquirió más de u$s560 millones y, aun así, el dólar continuó bajando.
Con un tipo de cambio en tendencia lateral bajista y un Banco Central enfocado en acumular reservas —con la expectativa de sumar hasta u$s10.000 millones en el año—, el escenario financiero muestra oportunidades. A nivel internacional, la estabilidad de tasas en Estados Unidos y la menor percepción de riesgo en sectores como el de inteligencia artificial podrían mejorar el clima global. En el plano local, las reformas laborales e impositivas, la revisión del acuerdo con el FMI y la gestión de los vencimientos de deuda serán determinantes para sostener la confianza.
En ese marco, bonos soberanos y acciones líderes, en especial del sector energético, aparecen como alternativas atractivas para atravesar un año que promete desafíos, pero también oportunidades si el proceso de estabilización logra consolidarse.