Pan para hoy, deuda para mañana: el síntoma de una crisis municipal que nadie quiere mirar

El fin de año dejó al descubierto una postal incómoda para Santa Fe: alrededor del 20% de sus municipios y comunas no pudo afrontar el pago del aguinaldo con recursos propios. No se trata de un accidente ni de un fenómeno aislado. Es el síntoma de una enfermedad crónica que se arrastra desde hace años y que ahora choca de frente con la decisión política del gobierno de Maximiliano Pullaro de cortar con una práctica que se había vuelto costumbre: usar el Fondo de Obras Menores para tapar agujeros de gasto corriente.

Oficialmente se habló de unas 30 localidades con “dificultades extremas”. Extraoficialmente, dentro de la propia Casa Gris reconocen que fueron entre 50 y 60. FESTRAM confirma el número. No es menor: equivale a un quinto de los gobiernos locales de la provincia. Grandes, chicos, urbanos, rurales, con continuidad política o con cambios de gestión. La crisis no distingue banderas partidarias: distingue desorden.

La explicación inmediata es la baja de la recaudación y, por arrastre, de la coparticipación. Es cierta. Pero es incompleta. Porque también quedó al desnudo otro problema más profundo: transiciones caóticas, cuentas opacas y estructuras municipales infladas que sobrevivieron durante años gracias a parches legales que convertían fondos de inversión en sueldos.

Durante décadas, el mecanismo fue casi automático: cuando los números no cerraban, el gobernador enviaba a la Legislatura una ley habilitando a usar parte del Fondo de Obras Menores para gastos corrientes. Y listo. Aguinaldo pagado, problema pateado hacia adelante. Una aspirina institucional para una fractura fiscal.

Pullaro decidió romper con esa lógica. Y ahí empezó el ruido.

Desde la Casa Gris lo dicen sin eufemismos: si la provincia ajustó, los municipios también deben hacerlo. No más vivir del “Quini 6 presupuestario”. No más usar plata destinada a obras para pagar sueldos. El Fondo de Obras Menores nació para comprar máquinas, hacer cordón cuneta, invertir en infraestructura. No para financiar déficits permanentes.

El argumento es técnicamente sólido. Políticamente incómodo. Socialmente explosivo.

Porque la regularización de enero no llegó por magia: llegó por endeudamiento. Bancos, mutuales, adelantos de coparticipación y hasta casos casi surrealistas de presidentes comunales poniendo plata de su bolsillo. El aguinaldo se pagó, sí. Pero ningún municipio en crisis lo hizo con recursos genuinos. Se cambió un problema inmediato por otro más grande a mediano plazo.

Con tasas altas y economías locales deprimidas, el riesgo es evidente: en junio volverá la misma escena, pero agravada. Aguinaldo, deuda, pedido de auxilio. Un círculo vicioso que ya no se disimula.

Aquí aparece la pregunta incómoda: ¿es razonable exigir orden fiscal sin ofrecer una transición ordenada? ¿O estamos ante un sinceramiento brutal que expone años de irresponsabilidad acumulada?

Tal vez ambas cosas.

Lo que está claro es que el sistema tal como funcionaba era insostenible. Pan para hoy, hambre para mañana. Obras que no se hacen, maquinaria que no se compra, pueblos que no se desarrollan porque todo se va en apagar incendios salariales.

Santa Fe discute hoy algo más que aguinaldos: discute si los municipios pueden seguir siendo cajas políticas sin planificación o si deben convertirse en administraciones serias, con presupuestos realistas y estructuras acordes a sus recursos.

El problema no es solo económico. Es cultural. Durante años se enseñó que el Estado siempre rescata. Hoy el mensaje es otro: cada uno debe ordenar su casa.

El costo político será alto. El costo de no hacerlo sería mayor.

Porque un municipio que no puede pagar su aguinaldo sin endeudarse no está en crisis: está quebrado. Y seguir maquillándolo con leyes de emergencia no lo salva, apenas lo anestesia.

La discusión recién empieza. Y no será cómoda. Pero quizá sea la primera vez en mucho tiempo que Santa Fe se anima a mirar su problema de frente, sin fuegos artificiales presupuestarios ni copas levantadas antes de tiempo.