Bullrich volvió a defender el operativo policial tras la herida al fotógrafo Pablo Grillo
- Bullrich rompió el silencio y volvió a defender el operativo policial del 12 de marzo.
- Sostuvo que la protesta se desarrolló en un contexto de violencia extrema y organizada.
- Justificó el accionar de las fuerzas como necesario para preservar el orden público.
- Atribuyó la herida de Pablo Grillo a un accidente sin intencionalidad directa.
- Planteó que las decisiones deben evaluarse por su corrección y no solo por sus consecuencias.
- Sus declaraciones reabren el debate sobre uso de la fuerza y responsabilidad política.
A casi un año del episodio que conmocionó a la opinión pública, la ex ministra de Seguridad Nacional y actual senadora Patricia Bullrich volvió a pronunciarse sobre la grave herida sufrida por el fotógrafo Pablo Grillo durante una manifestación frente al Congreso de la Nación. Lejos de revisar el accionar estatal, la dirigente ratificó su respaldo al operativo desplegado el 12 de marzo y encuadró lo sucedido dentro de un escenario de “violencia extrema” que, a su criterio, justificó la intervención de las fuerzas de seguridad.
Grillo resultó gravemente herido tras recibir el impacto de una granada de gas lacrimógeno en la cabeza mientras cubría una protesta de jubilados. El hecho generó fuertes cuestionamientos sobre el uso de la fuerza, la actuación policial y la responsabilidad política del entonces Ministerio de Seguridad. Durante meses, el caso permaneció envuelto en silencio oficial, hasta que Bullrich decidió retomar públicamente el tema ya desde su rol legislativo.
La senadora sostuvo que el operativo debe analizarse en el contexto general de la movilización y no a partir de sus consecuencias individuales. Según explicó, el Gobierno contaba con información previa que advertía sobre la peligrosidad de la protesta y la presencia de grupos organizados con intenciones de desestabilizar. En ese marco, defendió la decisión de reforzar el dispositivo de seguridad y actuar con firmeza ante lo que describió como una provocación planificada.
Bullrich argumentó que las fuerzas enfrentaron una situación límite, con participación de barras bravas y personas armadas. Afirmó que se realizaron secuestros de elementos peligrosos en estaciones de trenes y otros puntos de acceso a la Ciudad, lo que, según su mirada, confirmó la necesidad de una respuesta contundente del Estado. Desde esa lógica, insistió en que el objetivo central fue impedir una eventual toma del Congreso y garantizar el orden público.
En relación con el uso de la fuerza, la ex ministra fue categórica al señalar que las fuerzas de seguridad no pueden permanecer pasivas ante episodios de violencia. Planteó que una actitud inerte hubiera significado abandonar a la ciudadanía y dejar sin protección a las instituciones. Bajo ese razonamiento, calificó como “correcta” la actuación policial y rechazó cualquier lectura que vincule el operativo con un accionar desmedido o arbitrario.
Al referirse específicamente a la lesión sufrida por Pablo Grillo, Bullrich sostuvo que se trató de un accidente producido por la dinámica del enfrentamiento. Explicó que el proyectil de gas lacrimógeno no fue dirigido contra el fotógrafo, sino que habría rebotado en un objeto del entorno antes de impactarlo. De ese modo, negó de forma explícita la existencia de una intención directa de dañar a un trabajador de prensa.
La senadora también introdujo una distinción de carácter ético al analizar el episodio. Señaló que, en su visión, la evaluación de una acción estatal debe centrarse en si fue correcta en términos de decisión y no exclusivamente en sus consecuencias. Bajo ese criterio, reafirmó que la prioridad del Estado debe ser restablecer el orden cuando se producen situaciones de violencia, aun cuando ello implique riesgos colaterales.
Bullrich hizo además una referencia al estado de salud del fotógrafo, al señalar que su evolución es positiva y que se encuentra en proceso de recuperación. Sin embargo, esa mención no alteró su postura general sobre el operativo, que volvió a defender sin matices. Para la ex ministra, el caso de Grillo es una consecuencia indeseada, pero no una prueba de mala praxis institucional.
Las declaraciones reavivan un debate que atraviesa a la política argentina desde hace años: los límites del uso de la fuerza en protestas sociales, la protección de periodistas en contextos de conflicto y la responsabilidad del poder político ante daños graves derivados de operativos de seguridad. Lejos de cerrar la discusión, la reaparición pública de Bullrich vuelve a colocar el episodio en el centro de una controversia que combina seguridad, derechos y decisiones políticas de alto impacto.