Oro en máximos y reservas bajo la lupa: el dilema que enfrenta el Banco Central
- El aumento reciente de las reservas del BCRA se explica en gran parte por la suba del oro.
- El precio del metal reavivó el debate sobre vender ahora o sostener la posición.
- La demanda global está impulsada por bancos centrales e inversores vía ETF.
- Algunos analistas advierten un descalce entre activos en oro y pasivos en dólares.
- Otros sostienen que el debilitamiento del dólar es estructural y favorece al oro.
- La decisión combina criterios financieros con un alto costo político potencial.
La fuerte suba del precio del oro a nivel global abrió en la Argentina un debate que combina finanzas, estrategia monetaria y cálculo político. El interrogante es tan simple como sensible: ¿conviene aprovechar los valores récord del metal para vender parte de las reservas o resulta más prudente sostener —e incluso ampliar— la apuesta en un contexto de debilitamiento del dólar? La discusión cobró fuerza a partir de un dato concreto: el reciente incremento de las reservas del Banco Central estuvo explicado, en buena medida, por la apreciación del oro que integra su activo.
Medido en dólares, el valor de las tenencias auríferas del BCRA aumentó cerca de un 28% en apenas tres meses. Ese movimiento explica por qué las reservas brutas se ubican hoy en torno de los u$s45.800 millones. Sin ese efecto precio, el stock sería sensiblemente menor y las reservas netas, que actualmente rondan el equilibrio, seguirían en terreno negativo. El fenómeno reavivó una discusión de fondo sobre la sostenibilidad de esa valorización y sobre el margen real para que el oro continúe su carrera alcista.
La suba del metal aparece estrechamente vinculada al escenario internacional. El debilitamiento del dólar, impulsado por la política monetaria expansiva promovida por Donald Trump y su confrontación con la Reserva Federal, fue el principal combustible del rally. Sin embargo, el mercado comenzó a mostrar señales de cautela tras el anuncio del futuro recambio en la conducción de la Fed. La designación de Kevin Warsh, con antecedentes en la crisis financiera de 2008, generó confianza y derivó en una corrección abrupta del oro en los mercados de futuros, con caídas que llegaron al 7% en una sola jornada.
Aun así, quienes sostienen una visión alcista remarcan que la demanda global continúa firme. La producción mundial de oro crece a un ritmo cercano al 2% anual, muy por debajo del aumento del precio registrado en el último año. Grandes bancos de inversión estiman que la cotización todavía podría escalar hacia la zona de los u$s6.000 por onza, especialmente si se consolidan temores de inflación global. En paralelo, los bancos centrales de economías como China, India y Rusia profundizaron su estrategia de diversificación de reservas, reduciendo su exposición al dólar y reforzando posiciones en oro.
A ese fenómeno se suma el rol de los inversores minoristas, canalizado a través de fondos cotizados (ETF), que el año pasado explicaron una porción significativa de la demanda global. El resultado es un mercado tensionado entre quienes ven un cambio estructural en el orden monetario internacional y quienes alertan sobre una posible burbuja especulativa, con antecedentes de correcciones severas en crisis previas.
En ese contexto, la discusión local gira en torno al balance del Banco Central. Algunos analistas advierten sobre un “descalce” entre activos y pasivos: mientras una porción relevante del activo está nominada en oro, las obligaciones —pagos de deuda, asistencia a importadores, compromisos con organismos internacionales y vencimientos financieros— están denominadas en dólares. Desde esa óptica, vender oro a precios elevados permitiría fortalecer la liquidez en moneda dura y reducir riesgos ante una eventual baja del metal.
Otros economistas, en cambio, sostienen que la debilidad del dólar no es coyuntural y que el oro cumple un rol clave como reserva de valor en un escenario de mayor fragmentación financiera global. También ponen reparos a las alternativas: monedas con menor liquidez, activos del FMI o bonos del Tesoro estadounidense, que ofrecen bajo rendimiento y concentran riesgos en una sola divisa.
El debate no es solo técnico. Existe un componente político nada menor. Vender oro y que el precio siga subiendo implicaría un costo difícil de explicar, mientras que sostener la posición y enfrentar una baja sería interpretado como una decisión alineada con la tendencia global. Con ese telón de fondo, el Banco Central enfrenta una definición estratégica en un contexto en el que las reservas vuelven a ganar protagonismo como ancla de la estabilidad económica.