Del hacer todo al mismo tiempo al foco total: por qué el monotasking se impone como antídoto del agotamiento
- La multitarea fue durante años sinónimo de eficiencia, pero hoy se asocia al estrés y al agotamiento.
- El cerebro no realiza tareas complejas en simultáneo, sino que cambia de foco con un alto costo mental.
- El multitasking reduce la productividad real y aumenta la fatiga y la ansiedad.
- El monotasking propone concentrarse en una sola tarea por vez y limitar interrupciones.
- Entre sus beneficios se destacan mayor claridad mental, menos estrés y mejor calidad de trabajo.
- Adoptarlo implica reorganizar prioridades y poner límites a la hiperdisponibilidad constante.
Durante años, la multitarea fue celebrada como una virtud indispensable de la vida moderna. Responder mensajes mientras se participa de una reunión, alternar entre correos, planillas y llamadas, o avanzar en varios proyectos de manera simultánea se transformó en una señal de eficiencia y adaptación a la velocidad de la época. Sin embargo, ese ideal comenzó a resquebrajarse. En 2026, cada vez más personas y organizaciones revisan esa lógica y giran hacia un modelo opuesto: el monotasking, la práctica de concentrarse en una sola tarea por vez.
El cambio no es casual ni meramente cultural. Diversos especialistas advierten que el multitasking sostenido tiene costos altos sobre la salud mental y el rendimiento. Lejos de potenciar la productividad, la fragmentación constante de la atención genera estrés, fatiga cognitiva y una sensación permanente de urgencia. El cerebro humano, explican desde el campo de la neurociencia y el desarrollo personal, no está preparado para ejecutar múltiples tareas complejas de forma simultánea. En realidad, lo que hace es saltar rápidamente de una a otra, pagando un “precio invisible” en cada cambio de foco.
Ese esfuerzo continuo de reorientación mental consume energía, reduce la capacidad de concentración y aumenta la probabilidad de errores. El resultado suele ser paradójico: jornadas cargadas de actividad, pero con escasa percepción de avance real. Muchas personas terminan el día exhaustas, con la sensación de haber estado ocupadas sin haber logrado progresos significativos. No se trata de trabajar más horas, sino de hacerlo de manera dispersa.
Entre los efectos más frecuentes de esta dinámica aparecen la caída de la productividad efectiva, el aumento del estrés y la ansiedad, la alteración del sistema nervioso y una fatiga mental persistente. El cansancio, en este marco, no proviene tanto de la cantidad de tareas como de la falta de atención sostenida. La mente, sometida a estímulos constantes, pierde profundidad y claridad.
Frente a este escenario, el monotasking emerge como una respuesta que busca recuperar el control del tiempo y la energía. La propuesta es simple en apariencia, pero desafiante en la práctica: dedicarse a una sola actividad durante un período definido, evitando interrupciones y distracciones. No se trata únicamente de una técnica de organización, sino de una forma distinta de vincularse con el trabajo y con la vida cotidiana.
El enfoque propone establecer límites claros frente a la cultura de la disponibilidad permanente. Concentrarse en una tarea implica, también, aprender a decir que no a interrupciones innecesarias y a la presión de responder de inmediato a cada estímulo externo. Quienes lo practican destacan beneficios concretos: mayor claridad mental, reducción del estrés, mejoras en la calidad del trabajo, más creatividad y una sensación de avance tangible que refuerza la motivación.
Además, el monotasking contribuye a una gestión más saludable del tiempo personal. Al ordenar prioridades y cerrar tareas antes de abrir nuevas, se reduce la sensación de desborde y se fortalecen los límites entre las obligaciones y el descanso. En lugar de correr detrás de múltiples frentes abiertos, se recupera la presencia plena en lo que se está haciendo.
Para incorporar esta práctica, los especialistas recomiendan comenzar de manera gradual. Trabajar en bloques de tiempo protegidos, priorizar tareas clave, finalizar una actividad antes de iniciar otra y revisar qué demandas son realmente necesarias son algunos de los primeros pasos. El objetivo no es eliminar la complejidad de la vida moderna, sino evitar que se traduzca en una sobrecarga permanente.
En un contexto marcado por la hiperconectividad y la exigencia de inmediatez, el monotasking aparece casi como un gesto contracultural. Sin embargo, lejos de ser un retroceso, representa una apuesta por la eficiencia real y el bienestar. Menos dispersión, más foco y una relación más sana con el tiempo parecen ser las claves de esta nueva etapa.