Movimientos empresariales y tensiones productivas reconfiguran el mapa lácteo
- La venta parcial del negocio local de Saputo marca un hito en la industria láctea.
- El acuerdo incluye activos industriales y marcas de fuerte presencia en el mercado.
- La compañía canadiense mantendrá una participación minoritaria para sostener exportaciones.
- Lácteos Verónica atraviesa una crisis que paralizó su producción.
- La falta de pagos y de materia prima agravó su situación operativa.
- El sector lácteo combina expansión internacional con tensiones financieras internas.
El sector lácteo argentino atraviesa un momento de fuertes contrastes: mientras una operación internacional redefine la estructura de uno de sus principales actores, otra empresa emblemática enfrenta una crisis que pone en jaque su continuidad operativa. La combinación de ambos procesos refleja un escenario de reacomodamiento que impacta tanto en la cadena productiva como en el empleo.
La multinacional canadiense Saputo acordó la venta del 80% de su negocio local al holding peruano Gloria Foods en una operación valuada en alrededor de 630 millones de dólares. Según lo informado por la compañía, los ingresos netos estimados rondarán los 400 millones tras impuestos y ajustes habituales. El movimiento tiene peso específico en el mercado: la firma canadiense es actualmente la mayor procesadora de leche del país, con un volumen diario que supera los 3,5 millones de litros.
El acuerdo incluye la transferencia de activos industriales estratégicos y marcas de fuerte presencia en el consumo masivo, entre ellas La Paulina, Ricrem y Molfino. Además del traspaso de plantas productivas, la operación establece que Saputo conservará un 20% de participación accionaria. Esta permanencia minoritaria permitirá sostener vínculos comerciales, especialmente en lo relativo a la producción destinada a mercados externos, bajo acuerdos de fabricación a terceros.
Desde la conducción global de Saputo señalaron que la decisión responde a una reorientación estratégica en la asignación de capital. La filial argentina representa una porción relevante de la facturación del grupo, pero la compañía busca priorizar inversiones en otras plataformas consideradas de mayor proyección. La continuidad operativa en el país se mantendrá hasta el cierre formal de la transacción, previsto para el primer trimestre del año fiscal 2027, sujeto a aprobaciones regulatorias.
En paralelo, la situación de Lácteos Verónica exhibe el reverso de la dinámica sectorial. La empresa atraviesa una crisis financiera y productiva que derivó en la paralización de sus plantas en Santa Fe, con semanas de salarios impagos y una interrupción casi total del procesamiento de leche. La falta de materia prima, derivada de incumplimientos con proveedores, profundizó el deterioro operativo.
El cuadro se agrava por deudas acumuladas con entidades financieras y cheques rechazados, lo que limita la capacidad de maniobra de la firma. Fuentes del sector describen un clima de creciente incertidumbre entre los trabajadores, que continúan concurriendo a los establecimientos pese a la inactividad productiva. La paralización también alcanzó la elaboración a fasón —producción para terceros—, un segmento que aportaba flujo de ingresos en momentos de retracción.
Este contraste entre una inversión internacional que apuesta por la expansión regional y una empresa local al borde del cierre sintetiza las tensiones del negocio lácteo argentino. El sector combina altos niveles de competitividad, dependencia de financiamiento y sensibilidad a los costos operativos. En ese contexto, los movimientos corporativos y las dificultades financieras reconfiguran el mapa industrial, con efectos potenciales sobre productores primarios, trabajadores y consumidores.
La evolución de ambos procesos será clave para medir el impacto real en la estructura del mercado. Mientras la operación entre Saputo y Gloria Foods apunta a consolidar una presencia regional con respaldo de capital internacional, la resolución de la crisis de Lácteos Verónica dependerá de la capacidad de recomponer su situación financiera y productiva. El sector, históricamente estratégico para la economía agroindustrial, enfrenta así un período de transición que redefine su equilibrio interno.