Iba a trabajar y no volvió: una muerte en la madrugada que reabre el debate sobre la conducción temeraria
Durante casi dos décadas, la rutina de Cristian Ludueña fue siempre la misma: salir de su trabajo en una estación de servicio y emprender el camino de regreso a su casa en la zona sur de Córdoba. Pero la noche del 28 de febrero, ese trayecto habitual terminó en tragedia.
Cerca de las 00.30, Ludueña, de 50 años, circulaba en moto por avenida Japón, en barrio Guiñazú, cuando fue embestido de frente por un Volkswagen Gol Trend blanco que avanzaba en contramano y a alta velocidad. El impacto fue devastador: murió en el acto a causa de múltiples traumatismos.
“Ese día había estado con la familia y se despidió para ir a trabajar. Nunca más lo volvimos a ver”, relató una de sus hijas, aún conmocionada por lo ocurrido.
La escena fue aún más desgarradora para sus seres queridos. Uno de sus hijos llegó al lugar pensando que se trataba de un accidente menor, pero se encontró con el peor escenario. Un compañero de trabajo que venía detrás fue testigo directo del choque y corrió a asistirlo, aunque ya no había nada que hacer.
Las primeras pericias y registros de cámaras de seguridad apuntan a que el conductor del vehículo, Marcelo Federico Baigorri, de 42 años, ya circulaba en contramano antes del impacto. Según el entorno de la víctima, no hubo maniobras de frenado ni intento de esquivar la colisión.
La investigación también señala que el acusado habría participado previamente de una reunión vinculada al ambiente de autos tuning, donde se habría consumido alcohol. Testigos sostienen que manejaba bajo los efectos de bebidas alcohólicas e incluso podrían haber intervenido otras sustancias.
Tras el choque, el vehículo continuó su marcha por más de una cuadra hasta impactar contra el frente de un colegio. De acuerdo con el testimonio de la familia, el conductor descendió del auto y destruyó su celular, en lo que interpretan como un intento de eliminar posibles pruebas.
Actualmente, Baigorri se encuentra detenido en el penal de Bouwer, imputado por homicidio culposo agravado. Sin embargo, la familia de Ludueña, representada por su abogado, busca que la causa sea recaratulada como homicidio doloso, al considerar que hubo una conducta consciente del riesgo.
“Venía a alta velocidad, en contramano y sin frenar. El impacto fue directo”, señalaron desde la querella, que sostiene que el vehículo podría haber circulado a unos 140 km/h.
Otro punto bajo análisis es el procedimiento posterior al hecho, especialmente en relación a los estudios toxicológicos, cuya realización en tiempo y forma aún genera interrogantes.
El caso volvió a poner en foco la peligrosidad de la conducción imprudente y el impacto irreversible que puede tener en la vida de las víctimas y sus familias. “Mi papá se fue a trabajar y me lo devolvieron destrozado”, resumió su hija, en una frase que sintetiza el dolor y la búsqueda de justicia.