Un castillo escondido a dos horas de Buenos Aires: la escapada de cuento que sorprende en plena Ruta 2
A pocos kilómetros del ritmo frenético de la ciudad, existe un lugar donde el tiempo parece detenerse. En el partido de Castelli, a la altura del kilómetro 168 de la Ruta 2, se encuentra la Estancia La Raquel, un predio histórico que combina naturaleza, arquitectura y una atmósfera que remite a un verdadero cuento.
El espacio cuenta con más de 60 hectáreas de jardines y bosques, donde conviven más de 300 especies de árboles y plantas. El diseño del parque, a cargo del paisajista Frederick Forkel, le aporta un sello distintivo: senderos serpenteantes, rincones escondidos y vistas que invitan a recorrer sin apuro.
Pero el gran atractivo es, sin dudas, su castillo. La imponente construcción, visible desde la ruta, se convirtió en el ícono del lugar y en uno de los puntos más fotografiados por quienes llegan en busca de una experiencia diferente.
Un día de campo con historia
La propuesta más elegida por los visitantes es el clásico día de campo, ideal para disfrutar en familia o con amigos. La experiencia incluye recepción a media mañana, un almuerzo campestre con parrillada y opciones frescas, recorridos guiados por los jardines y una merienda tradicional para cerrar la jornada.
Además, el predio contempla opciones adaptadas, como menús vegetarianos o aptos para celíacos, lo que amplía las posibilidades para distintos públicos.
Un dato clave: el acceso es únicamente con reserva previa, ya que el lugar trabaja con cupos limitados y no ofrece alojamiento ni transporte.
Un legado que sigue vivo
La historia de la estancia está ligada a la familia Guerrero y, especialmente, a Felicitas Guerrero, una de las mujeres más recordadas de su época. El nombre del establecimiento homenajea a Raquel Cárdenas, esposa de Manuel Guerrero, quien tuvo un rol central en el desarrollo productivo de la región.
Hacia fines del siglo XIX, la familia llegó a administrar unas 40.000 hectáreas y fue pionera en la actividad lechera en la Cuenca del Salado, enviando su producción diaria a Buenos Aires por tren.
Hoy, ese pasado se respira en cada rincón de La Raquel, que se consolida como una opción distinta para quienes buscan una escapada cercana, con historia, naturaleza y un toque de fantasía difícil de encontrar en la provincia.