China da un paso histórico: aprueba el primer implante cerebral comercial para personas con parálisis

China marcó un hito en la medicina y la tecnología al convertirse en el primer país en autorizar el uso comercial de un implante cerebral destinado a tratar discapacidades físicas. El dispositivo, denominado Neo, permite que personas con parálisis puedan controlar una mano robótica utilizando únicamente el pensamiento.

El desarrollo estuvo a cargo de Neuracle Medical Technology y recibió la aprobación de la autoridad regulatoria sanitaria del país, habilitando su uso en adultos de entre 19 y 60 años con parálisis derivadas de lesiones cervicales o en la médula espinal.

El funcionamiento del sistema se basa en una interfaz cerebro-computadora. El implante, de tamaño reducido, se coloca en el cráneo y cuenta con electrodos que captan la actividad cerebral vinculada al movimiento. Cuando el usuario imagina mover su mano, el dispositivo traduce esa señal en una orden que activa un guante robótico, capaz de realizar acciones básicas como agarrar objetos o manipular utensilios.

Según datos publicados por Nature, 32 personas participaron en los ensayos clínicos sin registrar efectos adversos, lo que refuerza las expectativas sobre su seguridad y eficacia.

Este avance posiciona a China por delante de otras potencias como Estados Unidos y diversas naciones de Europa, donde desarrollos similares aún se encuentran en etapas experimentales, como los impulsados por empresas del sector neurotecnológico.

La aprobación de Neo no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia. Documentos recientes revelan que el gobierno chino busca liderar la industria de interfaces cerebro-computadora en los próximos cinco años, impulsando tanto dispositivos implantables como tecnologías no invasivas aplicables en distintos ámbitos, desde la salud hasta sectores industriales de alto riesgo.

En este contexto, la neurotecnología entra en una nueva fase, con desarrollos que no solo apuntan a mejorar la calidad de vida de personas con discapacidad, sino también a abrir la puerta a nuevas formas de interacción entre el cerebro humano y las máquinas.