El Banco Central afloja los encajes desde abril y apuesta a reactivar el crédito en medio de tensiones inflacionarias
- El Banco Central reduce desde abril los encajes bancarios en cinco puntos para aumentar la liquidez
- La medida busca impulsar el crédito y reactivar la actividad económica
- El cambio implica un giro parcial tras meses de política monetaria contractiva
- Los préstamos al consumo muestran caídas y la morosidad supera el 10%
- Existe riesgo de presión inflacionaria por el mayor dinero en circulación
- El equilibrio entre crecimiento e inflación vuelve a ser el principal desafío
En un contexto económico atravesado por la necesidad de reactivar la actividad sin descuidar el frente inflacionario, el Banco Central de la República Argentina decidió introducir un cambio relevante en su política monetaria. La entidad resolvió reducir en cinco puntos porcentuales los encajes bancarios a partir de abril, una medida que apunta a incrementar la liquidez del sistema financiero y estimular el crédito al sector privado.
La decisión del Directorio, encabezado por Santiago Bausili, implica no prorrogar una disposición transitoria que había elevado los encajes a niveles históricamente altos. Esa normativa, vigente desde agosto y renovada en noviembre, había llevado el porcentaje de fondos inmovilizados por los bancos al punto más elevado de las últimas tres décadas. Con su finalización, el esquema monetario comienza a mostrar una leve flexibilización tras meses de fuerte sesgo contractivo.
Los encajes constituyen una herramienta clave de la política monetaria. Se trata de la porción de los depósitos que las entidades financieras deben mantener inmovilizada en el Banco Central, lo que limita su capacidad de otorgar préstamos. Su modificación impacta directamente en la cantidad de dinero en circulación y, por lo tanto, en variables sensibles como la inflación y el nivel de actividad económica.
A partir del 1 de abril, los encajes sobre depósitos a la vista —como cuentas corrientes y cajas de ahorro— se reducirán del 50% al 45%. Esta baja se extenderá también a otros instrumentos en pesos, incluyendo cauciones y fondos de inversión de corto plazo utilizados por billeteras virtuales. El cambio permitirá a los bancos disponer de mayores recursos para canalizar hacia préstamos, lo que podría contribuir a dinamizar el consumo y la inversión.
El giro en la política del Central se produce en un escenario donde la actividad económica muestra señales de debilidad en algunos sectores. Los datos más recientes indican que el crédito al sector privado creció de manera marginal, mientras que los préstamos destinados al consumo registraron caídas tanto en financiaciones personales como en el uso de tarjetas. A este cuadro se suma un aumento de la morosidad, que superó el 10% del total del financiamiento bancario, lo que llevó a las entidades a endurecer sus condiciones crediticias.
Con mayor liquidez disponible, se espera que los bancos comiencen a revertir esa tendencia, relajando sus criterios de otorgamiento y reduciendo tasas de interés. La medida busca así reactivar el flujo de crédito, considerado un factor clave para impulsar la recuperación de la economía, especialmente en segmentos como el comercio y las pequeñas y medianas empresas.
Sin embargo, la decisión no está exenta de riesgos. La expansión de la liquidez podría generar presiones adicionales sobre los precios en un contexto donde la inflación aún no logra consolidar una tendencia descendente. Aunque el Gobierno sostiene que la emisión derivada de la compra de divisas ha sido absorbida mediante instrumentos del Tesoro, las proyecciones privadas anticipan que el índice de precios podría volver a acelerarse en el corto plazo.
A las variables internas se suman factores externos que incrementan la incertidumbre, como la suba del precio del petróleo en el marco de tensiones geopolíticas internacionales. Este elemento podría trasladarse a los costos locales y afectar la evolución de la inflación en los próximos meses.
De este modo, el Banco Central enfrenta un delicado equilibrio entre impulsar la recuperación económica y mantener bajo control las variables nominales. La reducción de encajes representa una señal clara de priorización de la actividad, aunque su efectividad dependerá de la respuesta del sistema financiero y de la evolución del contexto macroeconómico.