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Frigorífico General Pico entra en concurso y expone la crisis de la industria cárnica

  • Frigorífico General Pico se presentó en concurso con una deuda superior a $40.000 millones entre pasivos bancarios y obligaciones acumuladas
  • La empresa acumula más de 1.150 cheques rechazados por más de $15.800 millones y deterioró su calificación crediticia en pocos meses
  • La faena cayó de unas 600 cabezas diarias a apenas 50, lo que volvió inviable la operación de sus plantas en La Pampa
  • La crisis derivó en la suspensión de 450 trabajadores y el despido de unos 200, con otros 400 en situación incierta
  • Fracasaron las negociaciones para vender la empresa o avanzar con un leasing cercano a u$s40 millones para sostener la planta de Trenel
  • El concurso busca evitar la quiebra en un contexto de consumo interno débil, exportaciones en baja y altos costos en la industria cárnica

El deterioro financiero de una de las compañías históricas del sector cárnico argentino sumó un nuevo capítulo con la presentación en concurso preventivo de acreedores de Frigorífico General Pico. La decisión, formalizada a fines de marzo, refleja la profundidad de una crisis que se fue gestando durante meses y que ahora busca canalizarse en el ámbito judicial con el objetivo de reordenar pasivos y sostener la continuidad operativa.

La firma, vinculada al origen de la marca Paty, llegó a esta instancia luego de un prolongado proceso de deterioro que incluyó una drástica reducción de actividad, suspensiones de personal y la búsqueda de alternativas empresariales que no lograron concretarse. Sus directivos, Ernesto y Alan Lowenstein, habían explorado distintas opciones, desde la venta total de la compañía hasta esquemas de cesión o alquiler de las plantas, sin alcanzar acuerdos que permitieran evitar la judicialización.

Los números reflejan con claridad la magnitud del problema. Según registros recientes, la empresa acumula más de mil cheques rechazados por montos millonarios y una deuda bancaria que supera ampliamente los $24.000 millones. A esto se suman compromisos en categorías de alto riesgo dentro del sistema financiero, lo que evidencia serias dificultades de cumplimiento. El pasivo total, considerando otras obligaciones comerciales y laborales, escala a niveles que tornan inviable cualquier solución fuera de un proceso concursal.

La situación actual marca un agravamiento respecto de comienzos de año. En enero, la compañía ya mostraba señales de tensión financiera, pero todavía se mantenía bajo seguimiento especial. En apenas dos meses, parte relevante de su deuda pasó a una categoría más crítica, consolidando un cuadro de insolvencia que terminó por precipitar la presentación judicial.

El impacto no se limitó al plano financiero. La crisis tuvo un correlato directo en la operación productiva. Las plantas ubicadas en La Pampa, en las localidades de Trenel y General Pico, pasaron de niveles de faena cercanos a las 600 cabezas diarias a volúmenes mínimos, incompatibles con la estructura de costos de una industria de esa escala. La retracción fue tal que incluso se desactivaron unidades clave para la exportación, como la faena kosher destinada a mercados internacionales.

En paralelo, el frente laboral se volvió cada vez más complejo. La empresa había suspendido a cientos de trabajadores y posteriormente avanzó con despidos, mientras otros empleados quedaron en una situación de incertidumbre respecto de la continuidad de sus puestos y el cobro de salarios. A esto se sumaron retrasos en aportes previsionales y de cobertura de salud, profundizando el conflicto.

Antes de llegar al concurso, los propietarios intentaron sostener el valor industrial del frigorífico mediante distintas alternativas. Entre ellas, se evaluaron propuestas de inversión externa, incluyendo el interés de grupos internacionales y esquemas de explotación a largo plazo. Incluso se analizaron ofertas de leasing por montos significativos, que podrían haber garantizado la continuidad operativa de la planta de Trenel, considerada el principal activo de la compañía.

Sin embargo, ninguna de esas iniciativas logró concretarse. La empresa atribuyó parte de la dificultad a la presión de acreedores y a la falta de consenso con determinados actores financieros que, según su visión, priorizaron la recuperación de sus créditos por sobre la viabilidad del negocio. Este escenario terminó por cerrar las opciones y empujó la decisión de acudir a la Justicia.

El contexto sectorial tampoco ayudó. La industria cárnica enfrenta un escenario adverso, con consumo interno debilitado, menor dinamismo de las exportaciones y costos crecientes. Este conjunto de factores dejó particularmente expuestas a las empresas más endeudadas, como es el caso de Frigorífico General Pico.

A pesar de la gravedad de la situación, la compañía sostiene que aún cuenta con activos relevantes, habilitaciones internacionales y potencial productivo para reactivar sus operaciones. El concurso preventivo aparece así como una herramienta para ganar tiempo y buscar una salida que permita preservar la actividad y el empleo.

La incógnita central es si ese proceso logrará atraer inversores o reestructurar la deuda en condiciones sostenibles, o si simplemente administrará una crisis que ya impactó de lleno en la estructura productiva y laboral de una de las firmas emblemáticas del sector.