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Una economía a dos velocidades profundiza la brecha entre sectores productivos

  • La economía muestra una dinámica desigual con sectores que crecen y otros estancados
  • El agro, la minería y el petróleo impulsan la actividad pero generan poco empleo
  • La desocupación subió y afecta principalmente a construcción, comercio e industria
  • El consumo y el crédito continúan débiles y limitan la recuperación de sectores urbanos
  • La apertura comercial y las tasas elevadas condicionan la reactivación interna
  • El crecimiento se sostiene, pero con impacto social acotado y brechas persistentes

El desempeño reciente de la economía argentina expone un fenómeno cada vez más marcado: la coexistencia de sectores con fuerte dinamismo y otros que permanecen rezagados. Mientras las actividades vinculadas a la exportación, como el agro, la minería y el petróleo, sostienen el crecimiento, los rubros asociados al consumo interno y al entramado urbano atraviesan un escenario de estancamiento. Esta dinámica configura un modelo de “dos velocidades” que empieza a reflejarse con claridad en los principales indicadores.

Los datos del INDEC muestran que el nivel de actividad alcanzó máximos recientes, impulsado por los sectores primarios. Sin embargo, ese crecimiento agregado convive con una realidad más compleja: las ramas que lideran la expansión son, al mismo tiempo, las que menos empleo generan. Esta característica limita el impacto del crecimiento sobre variables sociales clave, como la desocupación y los ingresos.

En efecto, la tasa de desempleo se ubicó en torno al 7,5% hacia finales de 2025, con un incremento de más de un punto porcentual. Al analizar el origen de los puestos perdidos, los sectores más afectados son precisamente aquellos que dependen del consumo y la inversión doméstica. La construcción encabeza la lista, seguida por el comercio, el servicio doméstico y la industria manufacturera, todos rubros con alta intensidad de mano de obra.

Este contraste pone en evidencia una de las principales tensiones del actual esquema económico. El crecimiento se apoya en motores como el agro y la energía, que aportan volumen y divisas, pero cuya capacidad de absorción laboral es limitada. En cambio, los sectores que históricamente funcionaron como generadores de empleo masivo no logran recuperar el ritmo, afectados por la debilidad del consumo y la restricción del crédito.

Los informes de distintas consultoras coinciden en señalar esta divergencia. Según análisis recientes, los sectores “ganadores” mantienen niveles de actividad significativamente superiores a los del inicio de la actual gestión, mientras que los “perdedores” continúan por debajo de esos registros y muestran signos de estancamiento desde mediados de 2025. Incluso en períodos en los que estos últimos exhiben leves mejoras mensuales, la brecha acumulada sigue siendo considerable.

Un dato relevante es que, en los últimos meses, se observaron movimientos cruzados entre ambos grupos. Mientras las actividades más dinámicas registraron cierta desaceleración, los sectores rezagados mostraron repuntes puntuales que contribuyeron a sostener el nivel general de actividad. Sin embargo, estos rebotes aún no alcanzan para consolidar una recuperación sostenida.

El comportamiento del crédito aparece como una variable clave para entender este escenario. Durante buena parte de 2024 y comienzos de 2025, el financiamiento al sector privado actuó como un motor de la demanda, especialmente en el consumo. No obstante, ese impulso se fue diluyendo a medida que la inflación descendió y las tasas de interés reales se mantuvieron elevadas, encareciendo el acceso al crédito y reduciendo su impacto expansivo.

A esto se suma un incremento en los niveles de morosidad, particularmente en los hogares, lo que refleja las dificultades de una parte de la población para sostener sus compromisos financieros. Este factor introduce una nueva restricción para la reactivación del consumo, que continúa sin mostrar señales firmes de recuperación.

En paralelo, el proceso de apertura comercial y el cambio en los precios relativos también inciden en la dinámica sectorial. Algunos servicios y actividades vinculadas a la intermediación financiera logran sostener un desempeño positivo, mientras que la industria y la construcción enfrentan mayores desafíos frente a la competencia externa y la menor demanda interna.

Las proyecciones para los próximos meses mantienen esta lógica. El crecimiento económico podría continuar, aunque a un ritmo moderado y con una fuerte dependencia de los sectores exportadores. La clave estará en determinar si las actividades más rezagadas logran encontrar nuevos impulsores que les permitan recuperar terreno.

En este contexto, la economía argentina avanza, pero lo hace de manera desigual. La persistencia de esta estructura dual plantea interrogantes sobre la capacidad del crecimiento para traducirse en mejoras generalizadas, especialmente en términos de empleo y distribución del ingreso.