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Energía y minería ganan terreno y reconfiguran el peso del agro en las exportaciones argentinas

  • La participación del agro en las exportaciones argentinas cayó en la última década
  • El crecimiento de Vaca Muerta y la minería impulsa una nueva matriz exportadora
  • Especialistas consideran positiva la diversificación de las fuentes de dólares
  • El nuevo escenario podría reducir la presión tributaria sobre el sector agropecuario
  • Analistas advierten que algunas economías regionales sí muestran retrocesos productivos
  • La expansión energética y minera también podría reducir el peso político de las entidades rurales

La histórica centralidad del agro como principal generador de dólares de la economía argentina comenzó a mostrar señales de transformación en los últimos años. El crecimiento de las exportaciones vinculadas a los hidrocarburos y a la minería está modificando progresivamente la estructura exportadora del país y reduciendo el peso relativo de los complejos agrícolas tradicionales dentro del comercio exterior.

Los datos de comercio exterior reflejan ese cambio de tendencia. Según cifras oficiales, las exportaciones argentinas crecieron 53% entre 2015 y 2025, aunque en ese mismo período cayó la participación de los principales complejos agroexportadores. La soja, el maíz, el trigo y el girasol representaban el 42,2% de las exportaciones hace diez años, alcanzaron un pico cercano al 49% en 2021 y descendieron hasta el 38,9% en 2025.

El fenómeno se explica principalmente por el fuerte crecimiento de sectores vinculados a Vaca Muerta, el litio y otros desarrollos mineros que comenzaron a incrementar su presencia dentro de la matriz exportadora nacional.

Economistas y especialistas coinciden en que el agro continúa siendo el principal aportante de divisas del país, aunque destacan que la dependencia exclusiva de los dólares del campo empieza a diluirse gracias al avance de nuevos sectores estratégicos.

Uno de los aspectos que resaltan los analistas es que la expansión de la energía y la minería podría aportar mayor estabilidad al ingreso de divisas. A diferencia del complejo cerealero y oleaginoso, cuyas liquidaciones se concentran en determinadas etapas del año, las exportaciones energéticas y mineras presentan un flujo más uniforme y menos estacional.

Desde distintos sectores económicos consideran que esa diversificación puede reducir la vulnerabilidad macroeconómica frente a factores climáticos o variaciones internacionales de precios agrícolas.

En paralelo, especialistas remarcan que el agro argentino no constituye un bloque homogéneo y que algunos segmentos específicos muestran retrocesos importantes. Mientras los grandes complejos agrícolas mantienen niveles elevados de producción, otras actividades vinculadas al sector registraron caídas en la última década, como el complejo frutícola, la producción avícola o determinadas economías regionales.

Aun así, varios analistas consideran que la pérdida de peso relativo del agro no implica necesariamente un deterioro para el sector. Por el contrario, sostienen que una economía más diversificada podría aliviar parte de la presión tributaria e incluso reducir la dependencia fiscal sobre las exportaciones agropecuarias.

En ese sentido, algunos referentes del sector destacan que la incorporación de nuevos motores exportadores permitiría distribuir mejor las fuentes de generación de divisas y de recaudación tributaria. La expansión de la energía y la minería podría disminuir la necesidad de recurrir constantemente al agro como principal variable de ajuste frente a desequilibrios fiscales o cambiarios.

También consideran que una economía menos dependiente exclusivamente del campo sería menos vulnerable ante eventos como sequías severas o fuertes oscilaciones internacionales en los precios de los commodities agrícolas.

Sin embargo, esa transformación también podría modificar el peso político histórico que las entidades rurales mantuvieron durante décadas dentro de la economía argentina. Algunos especialistas advierten que la creciente relevancia de los sectores energético y minero podría reducir la influencia relativa de las principales cámaras agropecuarias en la discusión pública y en las negociaciones económicas con el Estado.

De cara al futuro, el desafío para el agro pasará por mejorar competitividad y productividad en un escenario cada vez más diversificado. Analistas sostienen que la Argentina enfrenta límites para expandir significativamente la superficie cultivable, por lo que el crecimiento del sector deberá apoyarse principalmente en mejoras de rendimiento, innovación tecnológica y agregado de valor.

En ese contexto, varios especialistas plantean que el país debería fortalecer especialmente la producción de proteínas animales, los biocombustibles, la biotecnología y la industrialización vinculada al sector agropecuario.

Otro de los debates gira en torno al impacto que podría tener una eventual apreciación cambiaria derivada del ingreso masivo de dólares energéticos y mineros. Algunos economistas advierten que un tipo de cambio menos competitivo podría afectar determinados segmentos exportadores, aunque otros consideran que el agro posee mayor capacidad de adaptación debido a que opera sobre precios internacionales y con costos parcialmente dolarizados.

Mientras tanto, la consolidación de Vaca Muerta, el desarrollo del litio y el avance de nuevos proyectos mineros comienzan a reconfigurar el mapa exportador argentino y a modificar una estructura económica históricamente dominada por el agro.