Viotti y el peligroso ejercicio del autobombo
Hay una diferencia sustancial entre informar una gestión y hacer propaganda de ella. También existe una diferencia enorme entre gobernar una ciudad y construir un relato sobre la ciudad que se gobierna. Lamentablemente, las recientes declaraciones del intendente Leonardo Viotti parecen ubicarse más cerca de la segunda opción que de la primera.
Cuando un gobernante dedica buena parte de su tiempo a destacar sus propios logros, pero evita cualquier análisis crítico sobre los problemas que afectan a los ciudadanos, deja de hablarle a la realidad para comenzar a hablarle al espejo. Y eso es exactamente lo que ocurrió con las últimas expresiones del mandatario local.
Viotti aseguró que su gestión tiene una visión clara de transformación y desarrollo, que recupera espacios públicos, mejora plazas, ilumina barrios y gestiona obras para el crecimiento de Rafaela. Todo eso puede sonar bien en un discurso institucional. El problema es que la ciudad real, la que viven miles de vecinos todos los días, muestra una fotografía bastante diferente.
La primera obligación de un gobernante no es elogiarse a sí mismo. La primera obligación es reconocer aquello que no funciona. La autocrítica no es una señal de debilidad; es una condición indispensable para mejorar. Sin embargo, en el discurso oficial no aparece ni una sola referencia a los problemas más graves que hoy afectan a Rafaela.
Desde la llegada de Leonardo Viotti a la Intendencia, la inseguridad se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los vecinos. Los hechos delictivos se multiplican y la sensación de vulnerabilidad crece barrio tras barrio. Mientras tanto, el municipio parece más preocupado por comunicar obras de mero maquillaje que por asumir la gravedad de una situación que deteriora la calidad de vida de miles de familias.
A ello se suma una problemática vial que ya resulta alarmante. La inseguridad vial se cobra víctimas prácticamente a diario. Accidentes, lesionados y situaciones de riesgo forman parte de una realidad cotidiana frente a la cual la Municipalidad parece observar desde la tribuna. El área encargada de abordar esta problemática no ha demostrado capacidad para revertir la situación y los resultados están a la vista de todos.
Pero los problemas no terminan allí.
Las calles de Rafaela presentan un deterioro evidente. Baches, pozos y sectores prácticamente intransitables forman parte del paisaje urbano. No se trata de una percepción aislada ni de una exageración periodística. Es una realidad que cualquier vecino puede comprobar simplemente recorriendo la ciudad.
La higiene urbana merece un capítulo aparte. Rafaela luce descuidada, con sectores sucios, olores desagradables y una presencia cada vez más notoria de excrementos de palomas en distintos espacios públicos. Una ciudad que durante años fue ejemplo de orden y limpieza hoy muestra señales preocupantes de abandono.
Por supuesto que recuperar la Recova Ripamonti puede ser positivo. También puede ser importante mejorar las veredas del bulevar Santa Fe. Nadie discute el valor de esas obras. Lo que se cuestiona es la utilización de esos trabajos para construir una narrativa triunfalista mientras los problemas estructurales continúan sin solución.
Gobernar una ciudad no consiste únicamente en intervenir algunos espacios emblemáticos. Gobernar implica administrar cada barrio, cada calle y cada servicio. Gobernar significa resolver problemas concretos y no solamente exhibir obras para las fotografías.
El transporte público es otro ejemplo de una política que no encuentra rumbo. El sistema es deficiente, presenta recorridos cuestionados, genera pérdidas millonarias y no logra responder adecuadamente a las necesidades de los usuarios. Frente a ello, la respuesta oficial parece limitarse a lamentar la falta de aportes del Gobierno Nacional. Pero gestionar no es llorar por los recursos que no llegan. Gestionar es encontrar soluciones aun en contextos difíciles.
Lo más preocupante es que comienzan a aparecer señales de una práctica política conocida y desgastada. Esa vieja política que cree que alcanza con comunicar para resolver. Esa vieja política que subestima la inteligencia de los vecinos. Esa vieja política que privilegia el relato por encima de los resultados.
Los rafaelinos no necesitan discursos de autocomplacencia. Necesitan respuestas. No necesitan funcionarios que se feliciten entre sí. Necesitan funcionarios que reconozcan errores y los corrijan.
Leonardo Viotti llegó a la Intendencia prometiendo una Rafaela distinta. Nada, absolutamente nada de eso hizo.
Porque una gestión no se mide por lo que dice de sí misma. Se mide por la realidad que viven los ciudadanos.