Tensión política en Rosario: la presencia de Villarruel agitó la previa del Día de la Bandera

La celebración oficial por el Día de la Bandera en Rosario estuvo precedida por un intenso clima político, marcado por las diferencias dentro del Gobierno nacional y la confirmación de la asistencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel, cuya presencia generó especulaciones sobre el protocolo y la organización del acto.

La decisión de la vicepresidenta de participar de la ceremonia sumó un nuevo capítulo a las tensiones que desde hace tiempo atraviesan la relación con la Casa Rosada. Aunque desde el ámbito nacional no se había formalizado una invitación específica, Villarruel anunció públicamente que viajaría a Rosario para formar parte de la conmemoración patria.

Frente a la controversia, las autoridades santafesinas buscaron bajarle el tono al conflicto y remarcaron el carácter institucional de la jornada. Desde el gobierno provincial insistieron en que la celebración trasciende las disputas partidarias y que todas las autoridades con representación institucional fueron convocadas conforme a los protocolos habituales.

Mientras se ultimaban los detalles organizativos, una de las principales incógnitas giraba en torno a la ubicación que ocuparía la vicepresidenta durante el acto. Distintas versiones indicaban que podría compartir espacio con representantes provinciales y municipales, en un sector diferente al destinado al gabinete nacional.

Sin embargo, desde Santa Fe señalaron que el objetivo central era garantizar una ceremonia ordenada y representativa, evitando que las diferencias políticas opacaran una fecha de fuerte significado histórico para el país.

La actividad oficial contempló la participación del presidente Javier Milei, quien regresó a Rosario para encabezar el acto junto al gobernador Maximiliano Pullaro y al intendente Pablo Javkin. Los tres dirigentes tenían previsto dirigir mensajes alusivos a la fecha ante los asistentes reunidos frente al Monumento Nacional a la Bandera.

La visita presidencial también estuvo acompañada por una amplia delegación de funcionarios nacionales y referentes del oficialismo. Entre ellos se esperaba la presencia de integrantes del gabinete, legisladores y asesores cercanos al mandatario.

En paralelo, las fuerzas de seguridad diseñaron un amplio operativo para garantizar el desarrollo de la jornada. El esquema incluyó distintos anillos de control, presencia de efectivos federales y provinciales, además de cortes de tránsito en las inmediaciones del monumento.

Otro de los focos de atención estuvo puesto en las manifestaciones convocadas por sectores sindicales, organizaciones sociales y agrupaciones políticas opositoras. Los organizadores anunciaron una movilización en el centro de Rosario que concluiría con una actividad propia cerca del lugar donde se desarrolló el acto oficial.

Pese al ruido político de los días previos, las autoridades locales confiaban en que la ceremonia se desarrollaría sin sobresaltos y que la conmemoración lograría mantener su carácter institucional por encima de las diferencias internas que atraviesan al oficialismo nacional.