RAFAELA Por Carlos Zimerman

Se terminó la excusa: gobernar no es aumentar impuestos

Cuando Leonardo Viotti era candidato sabía perfectamente cuál era la ciudad que iba a recibir. Lo dijo una y otra vez durante la campaña. Habló de los 12 años de Luis Castellano y de más de tres décadas de gobiernos peronistas como si conociera de memoria cada rincón de la administración municipal. Prometió estar preparado. Aseguró que sabía qué hacer. Les dijo a los rafaelinos que tenía un plan.

Entonces, la pregunta es inevitable: ¿qué cambió?

Porque hoy el intendente pretende instalar la idea de que no alcanza la plata y que la única salida es seguir aumentando los impuestos. Y eso no es una política pública. Es la demostración más evidente de la falta de ideas.

Aumentar impuestos es la ecuación más sencilla para un gobernante que no sabe administrar. Es trasladarle la ineficiencia del Estado al bolsillo del contribuyente. Es hacer pagar a los vecinos los errores de la política. Es exactamente lo contrario de lo que prometió.

Gobernar no es recaudar más. Gobernar es administrar mejor.

Si el Estado municipal gasta más de lo que puede sostener, el problema no son los vecinos, el problema es el Estado.

Viotti debe refundar la Municipalidad. Tiene que convertirla en un Estado moderno, eficiente y sustentable. Debe vivir con los recursos que genera Rafaela y dejar de esperar permanentemente el auxilio de la Provincia o de la Nación.

La solución no puede ser meterle la mano una vez más al bolsillo del contribuyente.

Antes de pensar en aumentar un impuesto, el intendente debería comenzar por recortar los gastos superfluos, eliminar privilegios y ajustar la política.

Y dentro de ese ajuste hay preguntas que siguen sin respuesta.

¿Por qué Fernando Muriel le cuesta a los rafaelinos más de 40 millones de pesos al año? ¿Cuál es exactamente la función que cumple para justificar semejante gasto?

Los vecinos tienen derecho a saberlo.

Pero hay otro agujero negro que exige una definición urgente.

El sistema de transporte público pierde alrededor de 140 millones de pesos por mes.

Es verdad que fue heredado de Luis Castellano, quien durante años pudo sostenerlo gracias a una lógica basada en subsidios permanentes y dinero que nunca era propio. Pero esa realidad cambió.

Hoy ese sistema es económicamente inviable.

Y seguir tirando 140 millones de pesos todos los meses es un verdadero disparate.

No se puede seguir financiando un modelo que hace agua por todos lados mientras se les pide a los vecinos que paguen cada vez más impuestos.

Alguien tiene que tomar decisiones.

También aparecen en el horizonte los Juegos Odesur. Nadie discute la importancia que representa semejante evento para Rafaela. Pero una cosa es recibir una competencia internacional y otra muy distinta hipotecar las finanzas municipales.

Rafaela no puede destinar un solo peso que comprometa sus cuentas para los Odesur.

Las prioridades son otras.

Los servicios públicos.

La infraestructura.

La seguridad.

La eficiencia del Estado.

No un festival de gastos que después termina pagando el vecino durante años.

La política debe entender, de una vez por todas, que se terminó la época del despilfarro.

Existen servicios que perfectamente podrían tercerizarse con mejores resultados y menores costos. Existen áreas que necesitan ser reorganizadas. Existen estructuras sobredimensionadas que sólo sirven para sostener cargos políticos.

Eso también es gestionar.

Porque gestionar no consiste en inaugurar una obra o dar una conferencia de prensa.

Gestionar es hacer más con menos.

Gestionar es cuidar cada peso que aportan los contribuyentes.

Y hasta ahora, después de casi tres años de gobierno, esa transformación nunca llegó.

Los rafaelinos votaron un cambio, no un administrador de la misma estructura ineficiente con impuestos más caros.

Ya no alcanza con culpar a la herencia.

Ya no alcanza con decir que no hay plata.

El tiempo de las excusas terminó.

Ahora llegó el momento de gobernar.

Y gobernar nunca puede significar aumentar impuestos para que siga la fiesta de la política. Gobernar significa tener el coraje de achicar el Estado, eliminar privilegios, administrar con eficiencia y respetar el esfuerzo de quienes todos los días sostienen a Rafaela con su trabajo y sus impuestos.