Pullaro celebra en silencio la llegada de Santilli y ve una oportunidad para recomponer el vínculo con Nación

La renuncia de Manuel Adorni a la Jefatura de Gabinete y, sobre todo, la designación de Diego Santilli como su reemplazante fueron recibidas en términos generales como una señal positiva por parte de los gobernadores. También por el mandatario santafesino Maximiliano Pullaro, aunque en este caso el gobernador evitó hacer declaraciones públicas sobre el tema.

Desde su entorno cercano hicieron saber el beneplácito de Pullaro por el cambio en una de las áreas más sensibles del Gobierno nacional. El mandatario considera a Santilli “una persona de profundo diálogo”, una condición que en la Casa Gris califican como “fundamental” para el rol de jefe de Gabinete, encargado de articular la relación política con las provincias y el Congreso.

En Santa Fe la lectura es clara: la salida de Adorni descomprime una situación que se había vuelto políticamente tensa para la Casa Rosada y la llegada de Santilli abre una instancia de mayor previsibilidad en la interlocución con los gobernadores. No se espera, al menos por ahora, un cambio en el rumbo económico, sino una mejora en el método de construcción política.

Santilli viene de ocupar el Ministerio del Interior, el área históricamente encargada del vínculo institucional con las provincias. Su desembarco en la Jefatura de Gabinete es interpretado por varios mandatarios como una oportunidad para ordenar la relación federal, tras semanas de tensión por el caso Adorni y por las dificultades del oficialismo para sostener su agenda en el Congreso.

En el caso de Pullaro, el contraste con el funcionario saliente es evidente. La semana pasada, en diálogo con Radio 2, el gobernador había sido especialmente crítico con Adorni: “Si Manuel Adorni fuese funcionario de Santa Fe, ya no estaría más en su cargo desde hace rato”, afirmó entonces, y cuestionó además la demora en dar explicaciones judiciales sobre su situación patrimonial.

Aquellas declaraciones marcaron una diferencia de fondo entre los estándares políticos que, según la provincia, deben regir la gestión pública y la defensa que el presidente Javier Milei sostuvo del exvocero. Su salida, finalmente, es leída como una validación de aquellos reclamos.

La expectativa sobre Santilli está vinculada a su perfil político. Con experiencia legislativa y de gestión, el dirigente del PRO aparece como un interlocutor más tradicional, con mayor oficio para la negociación y menor confrontación. En Santa Fe destacan especialmente esa característica, en un momento en el que el Gobierno nacional necesita recomponer puentes para avanzar con reformas y acuerdos parlamentarios.

Pullaro mantiene una relación con Nación que combina acompañamiento crítico y reclamos concretos. Ha respaldado medidas del Gobierno, exigido recursos y obras para la provincia y al mismo tiempo ha buscado marcar distancia de alineamientos automáticos. En ese esquema, la llegada de Santilli es vista como un factor que puede ordenar el vínculo institucional.

El recambio también deja una señal política más amplia: Milei debió reemplazar a un funcionario de fuerte respaldo interno y lo hizo apelando a un dirigente de mayor volumen político, proveniente de un espacio aliado. Para los gobernadores, ese movimiento es interpretado como una señal de pragmatismo en la Casa Rosada y una necesidad de volver a apoyarse en actores con experiencia en la negociación federal.