RAFAELA R24N

Senda peatonal en Rafaela: se pinta pero no se respeta

Respetar una senda peatonal debería ser una de las normas más básicas de convivencia vial. Sin embargo, en Rafaela parece haberse convertido en una simple sugerencia que miles de automovilistas y motociclistas ignoran todos los días, sin que nadie haga absolutamente nada para impedirlo.

La escena se repite una y otra vez. Un peatón intenta cruzar por el lugar que le corresponde y, en lugar de encontrar un vehículo detenido, se encuentra con autos y motos que invaden la senda peatonal, obligándolo a esquivarlos o a caminar entre los vehículos. Lo que debería ser un espacio de protección termina siendo una zona de riesgo.

La pregunta es inevitable: ¿hay alguien dentro de la Municipalidad encargado de controlar esta situación?

Porque si existe un área de Control Público, si hay inspectores de tránsito y si la seguridad vial forma parte del discurso permanente de la gestión, cuesta entender por qué una infracción tan evidente se naturalizó hasta convertirse en paisaje.

No se trata de un hecho aislado. Ocurre frente a los semáforos, en las avenidas, en las calles céntricas y en los barrios. Basta detenerse unos minutos en cualquier esquina para comprobar cómo decenas de vehículos se detienen sobre la senda peatonal sin recibir la más mínima sanción.

Lo llamativo es que desde el municipio se anuncian campañas de concientización, operativos especiales y nuevas medidas de control, pero nadie parece ocuparse de hacer cumplir una norma elemental de la Ley Nacional de Tránsito: respetar el espacio destinado al peatón.

La seguridad vial no empieza con grandes anuncios ni con conferencias de prensa. Empieza por controlar las infracciones más simples y más frecuentes. Porque cuando un conductor entiende que puede violar una norma sin consecuencias, el mensaje que recibe es que todo está permitido.

Mientras tanto, el peatón —que es el usuario más vulnerable de la vía pública— queda completamente desprotegido.

No alcanza con pintar nuevamente las sendas peatonales si después nadie controla que se respeten.

No alcanza con hablar de prevención si las infracciones ocurren a plena luz del día y delante de todos.

No alcanza con reclamar responsabilidad ciudadana cuando el propio Estado renuncia a ejercer el control.

La Municipalidad tiene inspectores, tiene funcionarios, tiene una Secretaría que debe velar por el orden del tránsito y dispone de recursos para fiscalizar. Lo que falta, al menos por lo que se observa diariamente en las calles de Rafaela, es decisión.

Porque controlar no es recaudar.

Controlar es prevenir.

Controlar es evitar accidentes.

Controlar es proteger a quien cruza caminando con la prioridad que la ley le reconoce.

La pregunta sigue siendo la misma y merece una respuesta urgente: ¿habrá alguien en la Municipalidad dispuesto a hacer cumplir algo tan básico como el respeto por la senda peatonal, o seguiremos mirando para otro lado hasta que ocurra una nueva tragedia?