ECONOMÍA Dante HERRERA

Alarma financiera: la morosidad se quintuplica y el sector no bancario sufre el mayor impacto

La reactivación del crédito al sector privado en Argentina enfrenta un obstáculo severo que limita el impacto de la reciente baja en las tasas de interés. En apenas un año y medio, la morosidad general se quintuplicó al pasar del 2% al 9,7%, una dinámica que restringe la propagación del financiamiento y amenaza la recuperación de la economía real. Este salto estuvo precedido por una fuerte expansión del crédito motorizada por el orden de las cuentas públicas, sumado a la necesidad de las familias de endeudarse para compensar el deterioro de sus ingresos.

El escenario actual revela que el fenómeno se ha transformado en una problemática socioeconómica profunda. Del universo de más de 20 millones de personas endeudadas en el país, el atraso en los pagos resulta dramático en las entidades no financieras, principalmente las fintech. Mientras que la irregularidad en el sistema bancario se ubica en el 7,6%, en el sector no bancario —que canaliza casi el 14% del financiamiento privado— la tasa de incumplimiento supera el 30%. En este segmento, compuesto mayormente por usuarios con dificultades para calificar en la banca tradicional, más de la mitad de los deudores exclusivos registra demoras en sus cuotas.

La segmentación por edad deja en evidencia que la población joven es la más vulnerable de la crisis crediticia. Casi el 40% de los deudores de entre 18 y 29 años se encuentra en situación de mora, un registro que duplica al de los adultos mayores. Este grupo etario concentra sus compromisos en las plataformas fintech, donde las tasas de interés y las condiciones de financiación suelen ser más rigurosas ante la falta de historial crediticio o de un empleo formalizado.

A pesar del complejo panorama, las autoridades monetarias y algunas entidades financieras sugieren que la morosidad pudo haber alcanzado su techo durante el segundo trimestre de este año, previendo una paulatina estabilización. No obstante, las empresas, especialmente las pymes, continúan mostrando signos de debilidad en el cumplimiento de sus obligaciones. Con más de 5,6 millones de personas que perdieron su condición de sujetos de crédito, los analistas descartan que el financiamiento a las familias actúe como un motor relevante de la actividad económica en el corto plazo, dejando en evidencia los límites del consumo como impulsor de la reactivación.