DEPORTES José ZIMERMAN

En este momento de dolor futbolístico, ¿qué nos diría el Diego?

El silbatazo final de este España 1 - Argentina 0, dejó un vacío en el pecho de millones de argentinos. La derrota duele, cala hondo y arrastra consigo esa sensación de desamparo que solo el fútbol sabe provocar cuando la ilusión se rompe. Con los ojos nublados y la cabeza gacha, el país entero se sumió en un silencio pesado. En ese instante de desolación, una pregunta colectiva empezó a flotar en el aire, casi como un rezo: ¿Qué nos diría el Diego en este momento de dolor?

Maradona siempre fue el termómetro emocional de la patria futbolera, el hombre que convertía las lágrimas en combustible y las caídas en el prólogo de una hazaña. Su ausencia se siente más fuerte en las malas, cuando el alma necesita un faro. Si Diego estuviera hoy entre nosotros, no habría espacio para el lamento pasivo. Se habría plantado frente a los micrófonos con el pecho inflado y los ojos encendidos, no para analizar tácticas, sino para abrazar al pueblo herido y blindar a sus muchachos frente al sufrimiento.

Imaginar su voz, con ese tono único que mezclaba la ternura de un padre y la furia de un capitán, es encontrar el alivio que hoy falta:

"¡Escuchenme una cosa! ¿Qué es esa cara de velorio? ¡Levanten la cabeza, hermano! ¡A los argentinos no nos quiebra nadie, y menos estos gallegos que jugaron a dos por hora todo el partido! Nos durmieron, sí, nos metieron la pelota en un freezer y nos tiraron los cañones encima, pero estos pibes dejaron la vida en la cancha. ¡Jugamos con diez, hermano! Aguantamos como leones con el corazón en la mano y el Dibu atajando hasta lo imposible.

¿Y a Lio? A Lio no me lo toque nadie, ¿eh? No me lloren por Lio. El fútbol le debía una Copa del Mundo y él se la arrancó del pecho en Qatar. Nos dio los años más felices de nuestras vidas. 

Ayer el fútbol fue injusto, como tantas veces, pero la gloria que él nos regaló no se mancha por noventa minutos de mierda o por una pelota que se fue por arriba del travesaño al final.

Hoy se llora, se mastica bronca, putearás un rato al árbitro... pero mañana nos ponemos de pie otra vez. Porque somos argentinos, papá. Nos caemos, nos pegan de todos lados, pero siempre, siempre, volvemos a caminar. ¡La vida sigue y la camiseta nuestra vale más que cualquier ráfaga de mala suerte!"

Esas palabras, que resuenan en el corazón de cada hincha, son el recordatorio de lo que somos. Diego nos enseñó que el dolor del fútbol es pasajero, pero el orgullo de ser argentinos es eterno. Imaginar su arenga borra la tristeza del presente y nos obliga a mirar hacia el futuro con la frente en alto.

La herida sanará, la pelota volverá a rodar y, como siempre, nos levantaremos.