Viotti gasta, Rafaela paga
Hay una frase que los vecinos de Rafaela empiezan a repetir con una mezcla de resignación y bronca: "cada anuncio termina costándonos más plata". Y no es una sensación. Es una realidad que se refleja en cada modificación presupuestaria, en cada aumento de partidas y en cada nuevo gasto que aparece mientras los problemas cotidianos siguen esperando una solución.
La administración de Leonardo Viotti parece haber encontrado una fórmula sencilla: cuando el dinero no alcanza, se reasignan partidas. Cuando tampoco alcanza, se aumentan. Y cuando los números ya no cierran, la cuenta termina, inevitablemente, en el bolsillo de los rafaelinos.
Los Juegos ODESUR iban a ser una oportunidad histórica para la ciudad. Nadie discute eso. Lo que sí está en discusión es la manera en que el Municipio administró los recursos. Durante meses se insistió en que la Provincia asumiría los costos importantes y que Rafaela tendría una participación limitada. Hoy la realidad muestra otra cosa.
Ya no se habla de algunos millones más. Se habla de más de mil millones de pesos para afrontar gastos vinculados con la organización, entre ellos la alimentación de las delegaciones. Una cifra que hace apenas unos meses parecía impensada.
La pregunta es inevitable: ¿quién autorizó semejante nivel de gasto? ¿Quién controló que el presupuesto original no terminara multiplicándose? ¿Quién les explica a los vecinos por qué siempre aparece una nueva necesidad millonaria?
Mientras tanto, la ciudad sigue conviviendo con problemas que parecen no formar parte de las prioridades del gobierno municipal.
Las calles continúan deteriorándose.
La limpieza urbana sigue siendo motivo permanente de quejas.
La inseguridad preocupa cada vez más.
El transporte público continúa ofreciendo un servicio muy lejos de lo que los vecinos merecen.
Pero para eso siempre parece faltar dinero.
Lo llamativo es que el Municipio recauda como nunca antes. Los aumentos de tasas de los últimos años fueron extraordinarios y la presión tributaria sobre comerciantes, industriales y vecinos alcanzó niveles históricos. Sin embargo, la sensación es exactamente la contraria: se paga más y se recibe menos.
Gobernar no consiste únicamente en gastar. Gobernar significa establecer prioridades.
Y cuando las prioridades parecen estar puestas en desembolsos multimillonarios mientras las necesidades básicas siguen sin resolverse, el ciudadano tiene todo el derecho del mundo a desconfiar.
Más preocupante aún es el silencio. Cada nueva ampliación presupuestaria llega acompañada de explicaciones técnicas, de cuadros contables y de argumentos administrativos. Pero lo que la gente quiere escuchar es algo mucho más simple: por qué cada vez cuesta más administrar una ciudad que ya recauda muchísimo dinero.
El dinero público no pertenece al intendente ni a sus funcionarios. Es el esfuerzo diario del comerciante, del empleado, del jubilado, del profesional y del productor que pagan impuestos esperando que esos recursos vuelvan convertidos en mejores servicios.
Cuando eso no ocurre, la confianza empieza a romperse.
Y la confianza, una vez perdida, cuesta muchísimo más recuperarla que cualquier partida presupuestaria.
Porque al final de la historia siempre sucede lo mismo.
Viotti gasta. Rafaela paga.