RAFAELA Por Carlos Zimerman

El portazo de Mársico

Por Carlos Zimerman

Hay momentos en la política en los que los discursos dejan de importar y los hechos hablan por sí solos. El portazo de Lisandro Mársico no fue un gesto improvisado ni una reacción emocional. Fue una decisión política. Y cuando alguien con su perfil toma una determinación de semejante magnitud, es porque entiende que seguir en el mismo lugar implica pagar un costo demasiado alto.

Hay que hacer mucho y muy mal para cansar a Mársico. Quienes lo conocen saben que se trata de un dirigente con carácter, pero también con una enorme capacidad para dialogar, negociar y construir consensos. Nunca fue un dirigente de romper por romper. Siempre midió sus pasos, evaluó las consecuencias y privilegió la institucionalidad.

{“Si hasta Mársico dijo basta, es porque algo muy profundo dejó de funcionar.”}

Sin embargo, Leonardo Viotti terminó agotando esa paciencia. La forma de gestionar del intendente fue desgastando una relación que, hace apenas unos años, parecía impensado que pudiera romperse. Pero la política no vive de fotografías viejas. Vive del presente. Y el presente muestra a un Mársico que decidió despegarse antes de quedar atrapado en un proyecto que, según entiende, perdió el rumbo.

Porque detrás de este movimiento hay otra realidad imposible de esconder: Mársico quiere ser intendente en 2027. Y tiene razones para creer que puede lograrlo. Su imagen pública supera ampliamente la del actual jefe comunal, mantiene una valoración positiva en distintos sectores de la ciudad y aparece como uno de los dirigentes con mejores condiciones para disputar el liderazgo dentro de UNIDOS.

Claro que el camino no será sencillo. Primero deberá enfrentar una interna donde, más que propuestas, seguramente abundarán las operaciones, las maniobras y las viejas prácticas que tantos dicen combatir.

{“Las internas no siempre las gana el mejor candidato; muchas veces las condiciona la vieja política.”}

En condiciones normales, Mársico tendría serias posibilidades de imponerse. La diferencia de gestión entre ambos resulta demasiado evidente. Hubo un tiempo en que llamé a Viotti "El Pibe Maravilla", convencido de que representaba una nueva generación política capaz de transformar la ciudad. Los hechos, sin embargo, obligan a revisar aquellas expectativas.

Hoy el apodo cambió.

Hoy podría rebautizarlo como "el chofer del tren fantasma".

Porque la sensación dominante es que Rafaela avanza sin dirección clara. Una administración que parece improvisar más de lo que planifica, que corre detrás de los problemas en lugar de anticiparlos y que, mientras tanto, sigue pidiendo aumentos de impuestos como si el bolsillo de los vecinos fuera inagotable.

La ciudad convive diariamente con inseguridad, falta de higiene urbana, calles destruidas, problemas de tránsito, dudas sobre las cuentas públicas y una larga lista de cuestiones que permanecen sin resolver. Sin embargo, desde el Ejecutivo la respuesta casi siempre parece ser la misma: más recursos, más presión tributaria y más pedidos de actualización de tasas.

Y muchos vecinos empiezan a preguntarse para qué.

Porque la percepción cada vez más extendida es que una parte importante de esos recursos termina sosteniendo una estructura política sobredimensionada, con pauta oficial millonaria destinada a medios amigos, funcionarios cuya productividad genera interrogantes y un esquema que parece responder más a intereses políticos que a las verdaderas prioridades de la ciudad.

{“La política cambió en 2023, pero Viotti sigue gobernando como si nada hubiera pasado.”}

Ese quizás sea el mayor problema del actual intendente. Nunca terminó de comprender que el mensaje de las urnas fue mucho más profundo que un simple cambio de nombres. La sociedad pidió otra forma de hacer política. Más resultados. Más eficiencia. Más transparencia. Menos relatos.

Mientras tanto, Mársico eligió marcar distancia. Se cansó. Dejó de acompañar. Empezó a construir su propio camino.

Ahora la incógnita será si esa ruptura termina consolidándose en una candidatura competitiva o si las habituales roscas partidarias logran alterar un escenario que hoy parece favorable para el concejal.

Porque experiencia le sobra. Formación también. Y respaldo político e intelectual no le faltan.

De aquí a 2027 aún queda camino por recorrer.

Pero una cosa parece haber quedado clara.

El primero en bajarse del tren de Viotti fue, justamente, uno de los dirigentes que más tiempo intentó evitar el choque.

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