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El superávit comercial sigue alto, pero las exportaciones pierden impulso y crecen las dudas sobre la actividad

  • La balanza comercial mantuvo un fuerte superávit en julio, aunque las exportaciones y el saldo fueron inferiores a los máximos recientes.
  • El sector agropecuario podría aportar menos divisas durante el segundo semestre por factores estacionales y decisiones de comercialización.
  • La energía continúa siendo un motor exportador, pero el menor precio internacional del petróleo podría reducir su aporte en los próximos meses.
  • Las importaciones de bienes de capital y piezas para maquinaria registraron fuertes caídas, una señal vinculada con la debilidad de la inversión.
  • Las compras de bienes de consumo también disminuyeron en julio después de varios meses de crecimiento.
  • El superávit comercial sigue siendo elevado, pero el desafío será sostenerlo mientras la economía intenta recuperar actividad y demanda interna.

La balanza comercial argentina continúa mostrando un saldo favorable y constituye uno de los principales respaldos para la generación de divisas, pero los últimos datos comienzan a revelar una moderación respecto del fuerte desempeño registrado durante los meses anteriores. En julio, las exportaciones alcanzaron los US$8.854 millones y el superávit fue de US$2.115 millones, aunque ambos indicadores quedaron por debajo de los máximos recientes.

La cifra exportada en julio fue la menor de los últimos cuatro meses, mientras que el saldo comercial resultó el más bajo en cinco meses. El resultado continúa siendo significativo y permite sostener expectativas de que las ventas externas de bienes puedan alcanzar un nuevo récord anual, cercano a los US$100.000 millones, con un superávit que podría ubicarse alrededor de los US$25.000 millones.

Sin embargo, el escenario hacia el cierre de 2026 presenta algunos desafíos. La estacionalidad del sector agropecuario anticipa un menor aporte de las exportaciones agrícolas durante los próximos meses, mientras que los precios internacionales de algunos productos muestran una dinámica menos favorable. La combinación podría reducir gradualmente la intensidad del ingreso de divisas generado por el comercio exterior.

En el caso de los productos primarios, las exportaciones registraron una caída interanual pese a que los precios internacionales se mantuvieron relativamente firmes. Para el segundo semestre, el sector agropecuario enfrenta además decisiones vinculadas con la nueva campaña y un escenario de costos crecientes. Por eso, el ritmo de liquidación de la producción almacenada podría mantenerse moderado y responder principalmente a las necesidades financieras de los productores.

Las retenciones también continúan siendo un factor de tensión para el sector. Aunque las alícuotas fueron reducidas, los productores sostienen que el peso de los derechos de exportación continúa afectando los márgenes de rentabilidad, especialmente por el incremento de costos asociados a combustibles, fertilizantes y otros insumos.

La energía fue, durante buena parte del año, uno de los principales factores que compensaron la menor dinámica de otros sectores. El crecimiento de Vaca Muerta permitió incrementar significativamente la producción y las exportaciones de petróleo, mientras que el aumento internacional de los precios del crudo amplificó el efecto sobre el ingreso de dólares.

En julio, las exportaciones de Combustibles y Energía aumentaron 97,8% interanual y alcanzaron US$1.506 millones. El salto respondió tanto a un incremento de los volúmenes vendidos, que crecieron 67,6%, como a una mejora del 19,5% en los precios considerados para la estadística.

Sin embargo, una parte de ese efecto positivo estuvo vinculada con el comportamiento internacional del petróleo durante meses anteriores. Los datos del comercio exterior presentan un desfase entre el momento de la operación y la referencia utilizada para determinar el precio. Por eso, el valor registrado en julio todavía refleja cotizaciones elevadas correspondientes a junio.

El escenario comenzó a modificarse posteriormente. El petróleo llegó a ubicarse alrededor de US$83 durante julio, por debajo de los máximos registrados en los meses previos. Las exportaciones petroleras de ese mes fueron 13,7% inferiores al pico de mayo, cuando el crudo superaba los US$110 y las ventas externas de petróleo habían alcanzado unos US$1.745 millones.

Las proyecciones para el segundo semestre apuntan a precios del petróleo cercanos a US$80 en promedio, con posibilidades de una nueva baja hacia comienzos de 2027. En consecuencia, el aporte energético dependerá cada vez más de la capacidad de aumentar o sostener los volúmenes exportados, antes que de un efecto extraordinario generado por los precios.

En paralelo, las importaciones muestran una dinámica que genera preocupación. Las compras externas acumulan una caída interanual y los retrocesos más importantes aparecen en bienes de capital y piezas y accesorios, con bajas de 7,7% y 14,9%, respectivamente. Ambos rubros tienen una relación directa con la inversión productiva.

El fenómeno ocurre además en un contexto de fuerte discusión sobre el tipo de cambio. La evolución del dólar quedó por debajo de la inflación acumulada, situación que genera cuestionamientos entre sectores industriales que enfrentan una competencia creciente de productos importados.

La menor compra de maquinaria e insumos puede interpretarse como una señal de debilidad de la inversión y de la demanda interna. La elevada capacidad ociosa de las fábricas reduce los incentivos para ampliar el equipamiento, mientras la menor venta en el mercado doméstico limita las perspectivas de expansión.

También las importaciones de bienes de consumo mostraron una caída del 7,3% en julio, luego de varios meses de crecimiento. El retroceso podría indicar una moderación del fenómeno asociado a las compras de productos extranjeros a través de plataformas internacionales.

El debate económico se concentra ahora en determinar si la reducción de las importaciones representa un cambio estructural o, simplemente, una señal de una economía que todavía no recuperó suficiente dinamismo. Para algunos sectores del Gobierno, el modelo apunta a depender menos de insumos importados y más de la inversión y de las exportaciones de energía y minería.

Mientras tanto, las proyecciones privadas para el crecimiento económico fueron revisadas nuevamente a la baja y se ubican en torno al 2,7%, por debajo de las expectativas oficiales. De esta manera, el superávit comercial continúa siendo una fortaleza, pero su sostenibilidad y su capacidad para acompañar una recuperación de la actividad dependerán del desempeño de las exportaciones y, especialmente, de que la mejora del comercio exterior no se apoye exclusivamente en una baja de las importaciones.